Informe sobre la epidemia mundial de SIDA, 2004
En todos los países, la prevención del VIH y el tratamiento del SIDA son problemas complejos que superan la capacidad de cualquier sector individual. Para una respuesta eficaz, es importante:
En los países más castigados, el compromiso político ha aumentado en los últimos tiempos. En África subsahariana, así como en algunos países de Asia y el Caribe, crece el número de líderes que han asumido la responsabilidad personal de poner en marcha la respuesta nacional al SIDA. Por ejemplo, en marzo de 2004, el Primer Ministro de Lesotho Pakalitha Mosisili y más de 80 altos cargos se hicieron públicamente la prueba del VIH para contribuir a romper el estigma que desalienta someterse a ella.
No obstante, en muchos países en los que el VIH se está propagando rápidamente, como los de Asia y el Pacífico y Europa oriental, la falta de liderazgo puede tener como consecuencia el retraso de la respuesta. Además, en los países con prevalencia baja en los que la epidemia está concentrada en poblaciones clave de alto riesgo, como profesionales del sexo y consumidores de drogas intravenosas, muchos líderes políticos de alto rango siguen estando desvinculados de la respuesta al SIDA.
El liderazgo debe plasmarse en una acción concreta. Las iniciativas para medir el compromiso a nivel de país (llevados a cabo por la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, la Secretaría del ONUSIDA, la OMS y Policy Project, de los Estados Unidos) han puesto de manifiesto una tendencia general de mejora, particularmente en el suministro de recursos, tratamiento y atención.
Ha habido un aumento en el número de países que disponen de estrategias nacionales del SIDA multisectoriales e integrales, así como de órganos nacionales de cooordinación del SIDA dirigidos por el gobierno. Pero la existencia de planes y órganos no se plasma siempre en una acción eficaz y concertada. Por ejemplo, en algunos países de América Latina los programas para consumidores de drogas intravenosas y varones que tienen relaciones sexuales con varones son escasos aun cuando esas poblaciones tienen tasas de infección altas.
En algunos países, la legislación se quedó atrás de la planificación política y estratégica. Cerca de una tercera parte de los países no dispone de políticas que aseguren el acceso de la mujer en igualdad de condiciones a los servicios de prevención y atención. La mayoría de los países ha ratificado los convenios internacionales de derechos humanos pero éstos no se aplican efectivamente. Sólo el 40% de los países tiene medidas jurídicas que prohíben la discriminación contra las poblaciones vulnerables al VIH, como los varones que tienen relaciones sexuales con varones. Cerca del 50% de los países de África subsahariana no ha adoptado aún una legislación para impedir la discriminación contra las personas que viven con el VIH.
Ha surgido liderazgo de todos los sectores de la sociedad: las organizaciones religiosas, los grupos de la comunidad, los grupos de personas que viven con el VIH y otras organizaciones de la sociedad civil.
Las autoridades nacionales del SIDA están recurriendo cada vez más a los foros de asociación formal para estimular la participación no gubernamental, ampliar el sentimiento de identificación nacional con la respuesta. Pero es necesario hacer mucho más. En un estudio reciente de la participación de las ONG en la primera ronda de concesión de subvenciones del Fondo Mundial se puso de manifiesto que el compromiso gubernamental de trabajar con las ONG parecía un poco vacío. Al parecer, muchos cooperan con las ONG sólo para asegurar los fondos y después pierden interés en colaborar.
Las empresas pueden contribuir a la respuesta al SIDA a diferentes niveles. Aunque en muchos países afectados están aumentando los programas del SIDA en el lugar de trabajo, los empleadores y los sindicatos pueden desempeñar aún un papel mucho más importante. Tan sólo el 20% de las compañías transnacionales han adoptado políticas exhaustivas sobre el SIDA en el lugar de trabajo. A nivel de país, la ejecución de políticas en el lugar de trabajo es en general deficiente.
Otro desafío para los países es descentralizar los esfuerzos relacionados con el SIDA desde la gestión central a la gestión de distrito y local. Se necesita una importante inversión financiera y política para crear órganos de coordinación eficaces a nivel de distrito y local.
A medida que aumenta el número de organismos de financiación y ejecución relacionados con el SIDA, se hace manifiesta también la necesidad urgente de abordar los riesgos de duplicación de la respuesta a nivel de país, que ahora están bien documentados. Con el objetivo de conseguir una mayor armonización de la financiación para el SIDA, el ONUSIDA ha impulsado una iniciativa, junto con los Estados Unidos, el Reino Unido y otros países donantes importantes, para establecer lo que se ha denominado los “tres unos”: un plan nacional sobre el SIDA, una autoridad nacional del SIDA y un sistema de vigilancia y evaluación en cada país.