Informe sobre la epidemia mundial de SIDA, 2004
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Vencer el SIDA: el nuevo plan de acción |
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El SIDA es una crisis excepcional. Para tener alguna posibilidad de responder con eficacia a la epidemia tenemos que tratarla al mismo tiempo como una emergencia y como un problema de desarrollo a largo plazo. Esto significa resistir la tentación de aceptar la inevitabilidad del SIDA como simplemente otro problema más del mundo. La epidemia de SIDA es excepcional; requiere una respuesta excepcional que se mantenga flexible, creativa, enérgica y vigilante.
El SIDA es un fenómeno único en la historia de la humanidad por su rápida propagación, su alcance y la intensidad de su impacto. Desde que se diagnosticó el primer caso de SIDA en 1981, el mundo se ha enfrentado esforzadamente a las extraordinarias dimensiones de esa enfermedad. Los primeros esfuerzos para formular una res-puesta eficaz fueron fragmentarios, poco sistemáticos y contaron con muy escasos recursos. Pocas comunidades identificaron los peligros a los que hacían frente, y menos aún fueron capaces de organizar una respuesta eficaz. Ahora, más de 20 años después, han fallecido 20 millones de personas y otros 37,8 millones (intervalo: 34,6-42,3 millones) están viviendo con el VIH en todo el mundo. Aún así, el SIDA se expande sin cesar, destruyendo la vida de las personas y en muchos casos dañando gravemente el tejido de las sociedades.
La experiencia ha demostrado, sin embargo, que puede cambiarse el curso natural de la epidemia con una combinación adecuada de liderazgo y acción integral. Dos decenios de lucha contra el SIDA han aportado éxitos importantes y enseñanzas cruciales sobre los enfoques que dan mejor resultado, si bien sigue sin encontrarse un remedio. Ahora sabemos que los enfoques exhaustivos de prevención son los que obtienen mejores resultados. Un liderazgo nacional claro, una sensibilización pública amplia y unos esfuerzos de prevención intensos han permitido que naciones enteras reduzcan la transmisión del VIH. En África, Uganda sigue siendo un ejemplo destacado de éxito sostenido. En Asia, la acción exhaustiva llevada a cabo en Tailandia evitó unos cinco millones de infecciones por el VIH durante los años 1990. Camboya también ha logrado frenar el rápido crecimiento de su epidemia. En todos los continentes podemos enumerar ciudades, regiones o estados donde los esfuerzos concertados han mantenido a raya la epidemia.
Al mismo tiempo, ahora disponemos de fármacos antirretrovíricos que pueden prolongar la vida y mitigar los efectos físicos de la infección por el VIH. La acción nacional e internacional coordinada ha reducido los precios de esos medicamentos en los países de ingresos bajos y medianos, y en la actualidad se están realizando esfuerzos sostenidos para que las personas que viven con el VIH en todo el mundo y tienen una necesidad urgente de terapia antirretrovírica puedan acceder realmente a ella.
Además, en muchos países se está levantando finalmente el velo de silencio y estigma que ha socavado los esfuerzos de respuesta al SIDA. Cada vez más líderes de gobiernos, empresarios e instituciones religiosas y culturales están emprendiendo acciones contra el SIDA. El movimiento de personas que viven con el VIH ha pasado a ser una fuerza mundial en la vanguardia de los cambios sociales para responder a la epidemia. El impacto del SIDA sobre las perspectivas de desarrollo en las regiones más afectadas es un fenómeno cada vez más reconocido, y se están tomando medidas para llevar a cabo cambios fundamentales en la práctica del desarrollo.
Actualización de los progresos realizados en la respuesta mundial a la epidemia de SIDA, 2004La epidemia de SIDA: dinámica y diversa
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A pesar de estos indicios de progreso, una vigilancia y evaluación más perfeccionadas del comportamiento de la epidemia ponen de manifiesto la magnitud del reto: menos de una de cada cinco personas que necesitan servicios y medios de prevención tiene acceso a ellos. Actualmente, en todo el mundo entre cinco y seis millones de personas necesitan fármacos antirretrovíricos; sin embargo, sólo el 7% de las personas que viven con el VIH/SIDA en los países de ingresos bajos y medianos tiene acceso a esos medicamentos, es decir, menos de 400000 personas al final de 2003. Muchos líderes nacionales siguen negando el impacto del SIDA en sus ciudadanos y sociedades.
Ahora se cuenta con un nivel de recursos económicos sin precedentes para hacer frente a la enfermedad, aunque esa cifra sigue siendo inferior a la mitad de lo que se necesita realmente. Además, estos fondos tampoco se están aplicando de una forma plenamente eficaz y coordinada. En algunos casos, los fondos para el SIDA están inactivos, bloqueados en cuentas bancarias de los gobiernos o paralizados por normativas de los financiadores internacionales.
Como consecuencia, la epidemia de SIDA se encuentra en la actualidad en una auténtica encrucijada. Si la respuesta mundial al SIDA sigue con su estilo de buenas intenciones pero desordenada e ineficaz, la epidemia seguirá adelantándose a la respuesta. Sin embargo, hay una alternativa: emprender con audacia un nuevo plan de acción, un plan para la acción futura que adopte los enfoques esenciales, radicales e innovadores que ayudarán a los países a darle la vuelta al curso de la epidemia.
En los primeros días de la epidemia, los varones superaban largamente a las mujeres entre las personas infectadas por el VIH. Por supuesto, la comunidad médica tardó algún tiempo y gran cantidad de pruebas antes de aceptar la idea misma de que el VIH era una amenaza para las mujeres. La proporción de mujeres infectadas por el VIH en todo el mundo no paró de crecer hasta 2002, cuando la mitad de las personas infectadas eran mujeres y niñas.
Evaluar los progresos mundiales y nacionales en la expansión de las respuestas al SIDAComo parte de las actividades de seguimiento de la Declaración de compromiso de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA de 2001, la Secretaría y los copatrocinadores del ONUSIDA desarrollaron en colaboración una serie de indicadores mundiales, regionales y nacionales para medir los progresos mundiales hacia los objetivos de la Declaración. En 2003, los 103 Estados Miembros de las Naciones Unidas facilitaron al ONUSIDA informes sobre los progresos realizados en el ámbito nacional. Esos informes constituyeron la base de una evaluación exhaustiva de las respuestas mundiales, regionales y nacionales al SIDA, que se tituló Informe sobre los progresos realizados en la respuesta mundial a la epidemia de VIH/SIDA, 2003. En 2004, los elementos clave de esta evaluación se han vuelto a poner al día en un estudio titulado Coverage of selected services for HIV/AIDS prevention and care in low- and middle-income countries in 2003 (Policy Project, 2004). Ambos informes presentan los avances realizados en indicadores mundiales y nacionales clave en esferas tales como el aumento de la respuesta nacional, los recursos, la eliminación del estigma y discriminación, y los programas de prevención y tratamiento. Entre los ejemplos de hallazgos fundamentales figuran los siguientes: desde 2002, los fondos mundiales disponibles para responder al SIDA casi se triplicaron, pero siguen siendo muy insuficientes, y –debido a varios obstáculos– no llegan a los que más los necesitan; el 38% de los países no ha adoptado aún una legislación antidiscriminatoria relacionada con el SIDA; y cerca de un tercio de los países no tienen políticas que aseguren el acceso igualitario de las mujeres a los servicios de prevención y atención básicos. El objetivo del informe de ONUSIDA era alentar a las partes interesadas a adoptar un compromiso aún mayor para alcanzar los objetivos de la Declaración de compromiso de las Naciones Unidas de 2001. A lo largo del presente informe mundial, y más específicamente en los recuadros titulados «Actualización de los progresos realizados en la respuesta mundial a la epidemia de SIDA», pueden encontrarse los indicadores actualizados de cada esfera. |
En África meridional, donde casi todas las familias están afectadas por el SIDA, las mujeres superan a los hombres en una proporción de dos a uno en algunos grupos de edad. Además de pasar a ser la mayoría de las personas infectadas, ahora las mujeres y las niñas soportan también la carga de la epidemia de otras formas: son ellas quienes se ocupan principalmente de las personas enfermas, y quienes tienen más posibilidades de perder el empleo, los ingresos y la escolarización. Las mujeres pueden incluso perder su hogar y otros bienes cuando se quedan viudas. Para destacar sensiblemente las preocupaciones propias de las mujeres y las niñas, en el inicio de cada capítulo se presentan unos recuadros específicos de género.
La epidemia está también afectando desproporcionadamente a los jóvenes: los muchachos de 15–24 años representan a la mitad de los nuevos infectados por el VIH en el mundo; más de 6000 jóvenes contraen el virus cada día. Esta tendencia es especialmente alarmante porque se trata de la generación de jóvenes más numerosa de la historia. Los jóvenes de 15–24 años nunca han conocido un mundo sin SIDA, y no tienen ‘memoria popular’ de los perturbadores primeros días de la ‘nueva’ enfermedad. Sin embargo, son los jóvenes de hoy los que serán responsables de continuar las respuestas a la epidemia: son los líderes, los pensadores y los responsables de adoptar decisiones del futuro, y es vital que participen plenamente en la respuesta a la epidemia (véase Foco de atención: ‘El VIH y los jóvenes’).
Ninguna otra enfermedad infecciosa ha sido estudiada con tanta intensidad. En las dos décadas que han pasado desde que se identificó por primera vez el SIDA, se ha aprendido mucho sobre el VIH y los factores que ayudan a propagar la epidemia en todo el mundo.
Habida cuenta del aumento en el número de mujeres infectadas por el VIH, se hace especialmente necesario abordar los factores específicos que contribuyen a la vulnerabilidad y el riesgo de las mujeres. Así pues, entre otras cosas hay que asegurar que las muchachas adolescentes tengan acceso a información y servicios, que no se tolere la violencia contra las mujeres, que éstas puedan hacer valer sus derechos a la propiedad, que no pierdan las oportunidades de tratamiento y que se amplíen las opciones de prevención (por ejemplo, con el desarrollo de un microbicida). No obstante, al tratar de dar poder efectivo a las mujeres, es importante reconocer que las expectativas culturales y sociales para los muchachos y los varones adultos pueden ser simplemente una trampa: también ellos necesitan que se les den los medios para reconocer y rechazar las presiones que reciben para tratar mal a las mujeres y las muchachas.
La transmisión del VIH no es un fenómeno que se produce al azar; la propagación del virus está profundamente influida por el entorno social, económico y político. Cuando las personas viven en condiciones de adversidad, como la pobreza, opresión, discriminación y analfabetismo, son especialmente vulnerables a infectarse por el VIH. Los esfuerzos para prevenir la propagación del VIH deben centrarse tanto en el comportamiento individual de riesgo como en los factores estructurales amplios que subyacen a la exposición al VIH, con miras a ayudar a las personas a controlar los riesgos que adoptan y que, en consecuencia, puedan protegerse.
La vulnerabilidad, el riesgo y el impacto del SIDA coexisten en un círculo vicioso. La vulnerabilidad puede reducirse ofreciendo a los jóvenes escolarización, apoyando entornos familiares protectores y ampliando el acceso a los servicios de salud y apoyo a la población general. Abordar la vulnerabilidad a nivel estructural implica reformar las leyes y políticas discriminatorias, vigilar las prácticas y proporcionar protección jurídica a las personas que viven con el VIH.
Desde 2002, se reconoce casi universalmente la viabilidad de suministrar tratamiento antirretrovírico en entornos con pocos recursos. Los gobiernos y donantes de todo el mundo están cada vez más comprometidos a ampliar lo más rápidamente posible el acceso al tratamiento antirretrovírico para las muchas personas que lo necesitan para seguir con vida.
Ampliar el tratamiento antirretrovírico exige asegurar el apoyo político y financiación a largo plazo. Cualquier relajación en el apoyo podría comportar el colapso de los programas antirre-trovíricos, porque las consiguientes interrupciones en el tratamiento darían la oportunidad al VIH de desarrollar farmacorresistencia. Esto no sólo comportaría una tragedia individual, sino que también significaría una grave amenaza social porque las cepas farmacorresistentes del virus podrían propagarse y hacer totalmente inútiles los programas de tratamiento.
El personal sanitario también es crucial para las perspectivas de ampliar el acceso a los antirretrovíricos. En África ya hay una gran escasez de enfermeras, comadronas y médicos, porque muchos abandonan sus países de origen en busca de mejores salarios, condiciones laborales y oportunidades en países de ingresos más altos. Por ejemplo, el 70% de los médicos formados en Sudáfrica viven actualmente en el extranjero. El déficit se colma parcialmente con profesionales sanitarios de otros países africanos, pero el ciclo de emigración deja en la extrema necesidad a los países del continente con ingresos más bajos.
Es importante evitar situaciones caóticas como las que se observan en algunos países, donde la desesperación empuja a numerosos pacientes a comprar antirretrovíricos sin asesoramiento médico y a menudo sin receta. La información sobre la terapia antirretrovírica debería ser una parte integral de todos los programas de tratamiento, y las personas con el VIH pueden desempeñar un papel importante en ello puesto que hablan con la autoridad que les confiere la experiencia. Además, se puede formar a los miembros de la comunidad para que apoyen la observancia de los tratamientos y puedan asumir parte de las tareas de los trabajadores de la atención sanitaria. Esto contribuirá a un uso más eficaz de todos los recursos disponibles.
El estigma y la discriminación relacionados con el SIDA obstaculizan directamente la eficacia de las respuestas al SIDA. El estigma y las preocupaciones acerca de la discriminación constituyen un obstáculo importante para que las personas soliciten hacerse la prueba del VIH, y afectan directamente la probabilidad de adoptar comportamientos protectores. Por ejemplo, el silencio que rodea al VIH puede impedir la utilización de preservativos o llevar a las mujeres VIH-positivas a amamantar a sus hijos por miedo a ser identificadas.
El estigma no se dirige sólo hacia las personas que viven con el VIH. En muchos casos, el estigma del VIH se vincula a estigmas preexistentes, como los estereotipos raciales y étnicos y la discriminación contra las mujeres y las minorías sexuales. Al mismo tiempo, los viejos patrones de desigualdad racial, étnica y sexual aumentan la vulnerabilidad al VIH. En muchos países el estigma y la discriminación siguen siendo obstáculos importantes para comprender cómo están afrontando la epidemia los grupos marginados de la sociedad.
Los datos recientes disponibles ponen de manifiesto que las epidemias relativamente nuevas de Asia oriental, Europa oriental y Asia central se propagan con gran rapidez. A pesar de las abrumadoras pruebas de que el SIDA está en todas partes, la afirmación irreflexiva de que el SIDA sólo es un problema ‘en otra parte’ sigue siendo muy común. En estas circunstancias, las personas que están estigmatizadas y viven en los márgenes de la sociedad, como los consumidores de drogas intravenosas y los varones que tienen relaciones sexuales con varones, suelen tener poco acceso a los programas de prevención y, en algunos países, sus necesidades de atención y apoyo están sistemáticamente descuidadas.
La cobertura actual de la prevención del VIH es sumamente baja. Sólo una fracción de personas en riesgo de exposición al VIH tiene un acceso adecuado a los servicios de prevención básicos, aunque la mayoría de los países han desarrollado marcos estratégicos para las actividades de prevención. En 2003, en los países de ingresos bajos y medianos sólo se ofreció servicios para prevenir la transmisión maternoinfantil del VIH a una de cada 10 mujeres embarazadas, y una proporción aún menor de adultos de 15-49 años tuvieron acceso a asesoramiento y pruebas voluntarias.
Reducir esta brecha en la prevención requerirá un mayor compromiso de recursos, así como de programación de gran alcance: una parte importante de los esfuerzos actuales siguen sin pasar de ser simples «proyectos de demostración». Habría que insistir en que las iniciativas para ampliar la cobertura de los servicios de prevención deberían evitar repetir ‘más de lo mismo’. Tienen que tener en cuenta las experiencias que han demostrado funcionar mejor. Por ejemplo, las pruebas indican que los mensajes y actividades desarrollados a nivel popular son mucho más eficaces que los que están promovidos por ‘profesionales’ externos, y que para conseguir buenos resultados los mensajes de prevención necesitan estar orientados e ir más allá del simple fomento de la concienciación acerca del SIDA.
Los esfuerzos de prevención exhaustivos y en gran escala deberán tener en cuenta los diferentes contextos de la epidemia. Por ejemplo, donde la prevalencia general del VIH permanece baja, aumenta la relativa importancia de las medidas que abordan sectores de la población especialmente vulnerables, como los profesionales del sexo, los varones que tienen relaciones sexuales con varones, o las poblaciones migrantes. Por otro lado, en los lugares donde la prevalencia entre la población general es elevada, los esfuerzos todavía necesitan ajustarse a poblaciones concretas, pero la reducción de la transmisión del VIH dependerá de que se logre y se mantenga una amplia gama de comportamientos seguros entre vastos sectores de las población, como los jóvenes. Las decisiones basadas en resultados acerca de actividades de prevención satisfactorias requieren el conocimiento de las epidemias locales, de sus cambios a lo largo del tiempo y de quién está actualmente más expuesto al riesgo del VIH.
El sistema de las Naciones Unidas: activo en todos los frentesEl sistema de las Naciones Unidas ha mantenido su firme voluntad de aplicar de forma efectiva la Declaración de compromiso sobre el VIH/SIDA de 2001. La respuesta conjunta de las Naciones Unidas a la epidemia de SIDA sigue cobrando impulso, especialmente con la incorporación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) como noveno copatrocinador del ONUSIDA. Veintinueve organizaciones independientes de las Naciones Unidas desempeñan papeles de liderazgo mundial en sus esferas de especialización. Entre los copatrocinadores del ONUSIDA figuran las siguientes organizaciones: la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), que se ocupa de los consumidores de drogas intravenosas; el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), de las cuestiones de género y los jóvenes; la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), de la educación; el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), de los huérfanos y la transmisión maternoinfantil; la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del VIH y el lugar de trabajo; el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), del VIH, la gestión pública y el desarrollo; y el Banco Mundial, por medio de su Programa Multinacional sobre el VIH/SIDA. A través de la iniciativa conjunta OMS/ONUSIDA ‘tres millones para 2005’, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aumentado su papel en la ampliación mundial del acceso al tratamiento antirretrovírico. Los cuatro Enviados Especiales del Secretario General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA han conseguido aumentar la atención de los políticos, donantes, sociedad civil y medios de comunicación en el problema del VIH. Por ejemplo, Nafis Sadik, Enviado Especial para Asia, ha reforzado el enfoque del SIDA basado en los derechos humanos en Nepal. En diversos países del Caribe, el Dr. George Alleyne, Enviado Especial para el Caribe, ha impulsado reformas legislativas y medidas para reducir el estigma y la discriminación relacionados con el SIDA. Por su parte, el Enviado Especial de las Naciones Unidas para Europa Oriental y Asia Central, el Dr. Lars Kallings, está fomentando la sensibilización acerca de la gran importancia que tiene el consumo de drogas intravenosas en la propagación del VIH. |
La naturaleza cambiante de la epidemia exige que los esfuerzos de prevención se renueven constantemente. Por ejemplo, ahora ha quedado demostrado que el énfasis extraordinario puesto desde la segunda mitad de los años 1990 en un tratamiento más eficaz en los países de ingresos elevados fue en detrimento de los esfuerzos renovados de prevención. Los avances en prevención se estancaron y, en muchos casos, hubo aumentos en la transmisión del VIH por primera vez en una década. Del mismo modo, en Tailandia, el importante éxito alcanzado en los años 1990 en la reducción de la transmisión asociada con el trabajo sexual cambió el perfil de la epidemia; ahora, el área donde se que requiere poner mayor atención es dentro de los matrimonios y las relaciones estables.
Los primeros signos del impacto social en gran escala del SIDA se están poniendo de manifiesto en África meridional y oriental, con la exacerbación de las crisis alimentarias, el aumento del número de huérfanos y el debilitamiento incesante de la capacidad humana, tanto en los gobiernos como en los sectores privados. El SIDA está modificando fundamentalmente el tejido y el funcionamiento de las sociedades. Una de las formas mediante las que la epidemia crea un círculo vicioso es golpeando con más fuerza en los países con menor capacidad para ejecutar respuestas. En muchas naciones, el SIDA está menguando las capacidades con mayor rapidez de lo que se necesita para reemplazarlas.
En África, Stephen Lewis, Enviado Especial para aquella región, se ha unido a James T. Morris, Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos y Enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para Necesidades Humanitarias en África Meridional, para aumentar la sensibilización sobre la combinación mortal de SIDA, sequía y disminución de la capacidad humana en esa región de África.
Dados los efectos profundos y duraderos de la epidemia, los países más afectados necesitan revisar y adaptar sus políticas e inversiones en numerosas áreas para afrontar el impacto que se avecina. El SIDA exige un replanteamiento completo sobre cómo deberá desarrollarse, retenerse y sostenerse al personal calificado. En los países con prevalencia baja, es importante realizar esfuerzos de prevención enérgicos para preservar las inversiones en desarrollo humano e institucional. Es preciso adoptar una perspectiva a largo plazo para retener o reconstruir la capacidad de desarrollo. Las presiones inmediatas para responder a la epidemia y mantener con vida a las personas tendrán compensaciones inmediatas, pero también deben ir acompañadas de medidas a más largo plazo que restablezcan la capacidad de reacción social (véase el capítulo «Impacto»).
Un problema particularmente preocupante es el olvido de los niños huérfanos. El SIDA se ha cobrado la vida de uno o ambos padres de unos 12 millones de niños en África subsahariana. Sin embargo, menos de la mitad de los países con una crisis muy aguda tienen políticas nacionales para ofrecer apoyo básico a los niños huérfanos o vulnerables a causa de la epidemia. Para limitar el impacto del SIDA sobre la vida social y económica de las comunidades y los países, es un imperativo político dar atención a los niños huérfanos y vulnerables.
Para dar el salto de los actuales enfoques fragmentados del SIDA a los requisitos dinámicos del nuevo plan de acción, se necesitará realizar esfuerzos extraordinarios. Los más destacados líderes, científicos, responsables de formular las políticas, empresarios y líderes comunitarios nacionales e internacionales, así como el sistema de las Naciones Unidas, necesitan forjar nuevos conceptos y abordar los retos clave para revolucionar y armonizar la respuesta mundial al SIDA.
En términos financieros, el nuevo plan de acción exigirá innovaciones que aumenten la capacidad de los países para determinar sus necesidades de recursos para la prevención, atención y mitigación del impacto. Asimismo, será indispensable que los países y la comunidad internacional respondan con un compromiso y una voluntad política sin precedentes. Se han hecho progresos importantes para captar fondos adicionales, pero el gasto mundial en 2003 no llegó a alcanzar la mitad de lo que se necesitará en 2005, y sólo una cuarta parte de la cantidad necesaria para 2007 (véase el capítulo «Finanzas»). Las organizaciones nacionales y comunitarias de la sociedad civil necesitan apoyo para acceder a los fondos y utilizarlos con eficacia. Por su parte, los donantes y la comunidad internacional deben determinar cuidadosamente su parte de contribución equitativa a la respuesta al VIH.
Los esfuerzos para obtener recursos y demostrar que se utilizan con eficacia también deben reforzarse, porque esa demostración es fundamental para matener el apoyo financiero a los programas.
Además de movilizar más fondos, se necesita trabajar mucho para aumentar de forma sustancial la capacidad de programación de los países y eliminar los bloqueos y obstáculos del sistema para asegurar que el dinero llega adonde se necesita para apoyar actividades. El propio SIDA ha menoscabado gravemente la capacidad de respuesta, y en muchos casos su impacto ha sido peor en las comunidades y países donde la capacidad ya estaba más debilitada como resultado de decenios de desarrollo insuficiente.
Se necesitan enfoques nuevos y audaces para reinvertir en recursos humanos y comunitarios, empezando por preservar el máximo posible de vidas por medio de la introducción del tratamiento antirretrovírico, entre otras iniciativas. Se necesitan en igual medida estrategias a largo y corto plazo. A término más inmediato, la mayoría de los países poseen reservas de capacidad humana sin explotar (por ejemplo, las fuerzas laborales capacitadas que se han jubilado o han cambiado de profesión). A largo plazo, es necesario concebir estrategias que reviertan los peores efectos de la ‘fuga de cerebros’.
A nivel nacional, es necesario que todas las partes interesadas comprendan que una respuesta eficaz al SIDA sólo puede conseguirse si los países la definen y dirigen desde dentro de sus propias fronteras. La ayuda internacional es importante, pero sólo funciona eficazmente si está incorporada dentro de la respuesta nacional. Los conceptos de identificación nacional, multisectorialidad, integración, armonización y coherencia de la respuesta deben basarse en los principios orientadores denominados los ‘tres unos’: un marco de acción sobre el SIDA acordado que proporcione la base para coordinar el trabajo de todos los asociados; un organismo de coordinación nacional del SIDA, con un mandato multisectorial de base amplia, y un sistema de vigilancia y evaluación acordado a nivel nacional.
Ahora, la amenaza planteada por el SIDA se reconoce ampliamente. Se han comprometido más recursos que nunca para responder a la enfermedad, y más que nunca también disponemos de resultados sobre lo que funciona en la lucha contra la epidemia. Desgraciadamente, a veces se deja de lado la voluntad de guiarse por datos científicos y de alcanzar un consenso respecto de enfoques eficaces en favor de prejuicios preconcebidos de intereses sectoriales, en detrimento de una respuesta mundial concertada al SIDA. El tiempo se paga con vidas, y es fundamental que el mundo adquiera una comprensión común de lo que se necesita para poner a punto una respuesta rápida y eficaz.
El SIDA es una enfermedad excepcional con un impacto excepcional y de enorme amplitud; así pues, requiere una respuesta excepcional. Tiene las características de las emergencias a corto plazo y a la vez de las crisis de desarrollo a largo plazo. Se necesitan formas de respuesta nuevas e híbridas. Las instituciones financieras internacionales deberían crear mecanismos que mitiguen los pagos del servicio de la deuda de los países para que éstos puedan dedicar más recursos a su respuesta al SIDA. Los efectos inflacionarios potenciales a corto plazo de los recursos aumentados y adicionales asignados a la epidemia de VIH pueden remediarse, y en cualquier caso, palidecen en comparación con lo que serán los efectos a largo plazo de las respuestas tibias al SIDA sobre las economías de los países muy afectados.
El mundo dispone de nuevos medios y una nueva oportunidad para vencer el azote del SIDA. Este es el momento apropiado para poner en marcha un nuevo plan de acción audaz que haga frente al SIDA. No podemos desaprovechar la ocasión. ![]()