Informe sobre la epidemia mundial de SIDA, 2004
Foco de atenciónSIDA y huérfanos, una tragedia creciente |
«Queríamos permanecer juntos después de que nuestros padres y abuelos murieran del SIDA. Me gustaría volver a la escuela, pero no tenemos dinero... Tengo que trabajar mucho para poder llevar una buena vida y cuidarme para no coger la enfermedad que tenían mi madre y mi padre.» – Félix, 15 años de edad, único sostén económico de un hogar compuesto por cinco hermanos más pequeños y un tío abuelo de 80 años.
En casi todos los países del mundo hay niños huérfanos como consecuencia del SIDA. En algunos de ellos, sólo hay unos pocos cientos o millares. En África se cuentan por millones. Todos han sufrido la tragedia de perder a uno o ambos padres, y a menudo están creciendo en circunstancias traumáticas y de privación, sin el apoyo y cuidado de la familia inmediata (véase figura 15).
La edad de los niños huérfanos por el SIDA va desde unos pocos días o meses hasta los 18 años. En los países con epidemias concentradas y de prevalencia baja es imposible estimar de manera fidedigna el número de niños huérfanos a causa del SIDA, o determinar qué porcentaje representan de la totalidad de huérfanos.
La peor crisis de orfandad se localiza en África subsahariana, donde un total de 12 millones de niños han perdido por el SIDA a uno o los dos padres. Cabe prever que, en 2010, esta cifra supere los 18 millones. Por más aterradoras que parezcan estas estadísticas, la crisis empeorará si los padres afectados por el VIH no logran acceder a servicios eficaces de prevención y tratamiento que prolonguen su vida.
Algunos países aún no han experimentado todo el impacto de la mortalidad de los padres. En Sudáfrica, por ejemplo, se prevé que el número de huérfanos aumente de 2,2 millones (12% de todos los niños) en 2003 a 3,1 millones (18%) en 2010. Incluso en los países donde la prevalencia del VIH se ha estabilizado o ha disminuido, la cifra de huérfanos continúa elevándose debido al desfase cronológico entre el momento de la infección y el fallecimiento de los padres.

A pesar de estos datos desalentadores, los niños huérfanos por la epidemia todavía pueden tener una infancia segura, saludable y productiva, pero sólo si todos los sectores de la sociedad responden con esfuerzos inmediatos, sostenidos y coordinados que concedan una alta prioridad a proteger a los niños y preservar la unidad familiar.
Qué es un «huérfano»?Un huérfano se define como un niño menor de 18 años que ha perdido al menos a uno de sus padres. Un niño cuya madre ha fallecido se denomina huérfano materno; un niño cuyo padre ha fallecido es un huérfano paterno. Un niño que ha perdido a ambos padres es un huérfano doble. En la actualidad, muchas organizaciones evitan utilizar el término «huérfano por el SIDA» debido a sus connotaciones estigmatizadoras. Investigaciones exhaustivas demuestran que el estigma impide que los gobiernos y comunidades respondan eficazmente al problema de los huérfanos, además de dificultar la recuperación emocional de los propios niños afectados (Stein, 2003). El estigma y la discriminación también intensifican las violaciones de los derechos de los niños; en concreto, su acceso a educación, servicios sociales y apoyo comunitario y familiar (véase Foco de atención: «El SIDA y los derechos humanos»). |
Incluso para las personas que trabajan con huérfanos no es fácil comprender la angustia psicológica que experimenta un niño cuando ve morir a uno o ambos padres. Cuando uno de los padres está infectado por el VIH, hay muchas probabilidades de que el otro también lo esté. Es habitual, pues, que los niños pierdan a sus dos progenitores en un breve lapso de tiempo. Los cuidadores de los huérfanos también pueden fallecer a causa del SIDA, lo que no hace sino multiplicar el dolor de los niños. Este sufrimiento se ve agravado a menudo por la separación entre hermanos.
Por ejemplo, un informe elaborado en Zambia indicó que los hermanos separados se veían entre sí menos de una vez al mes (Family Health International, 2002). Muchos sufren depresión y sienten cólera, culpa y miedo acerca de su futuro. Esta situación puede conducir a problemas psicológicos graves, como el síndrome de estrés postraumático, abuso de alcohol y drogas, agresión e incluso suicidio (Foster, 2002).

La pobreza y la desubicación social también se suman a la angustia psicológica de los niños huérfanos. Factores como la pérdida de ingresos familiares, el costo de tratar las enfermedades relacionadas con el VIH y los gastos funerarios dejan a menudo en la miseria a los niños huérfanos. El fallecimiento de un padre también les priva del aprendizaje y los valores que necesitan para convertirse en adultos socialmente responsables y económicamente productivos. Algunas investigaciones recientes indican que esta ruptura en el conocimiento intergeneracional puede influir en el declive económico de un país (Bell et al., 2003).
Sin el entorno protector de sus familias, los niños huérfanos se enfrentan a un mayor riesgo de violencia, explotación y abuso. Es posible que sean maltratados por sus tutores, y desposeídos de su herencia y sus propiedades. Los que viven con familias de acogida tienen mayores probabilidades de estar malnutridos y presentar déficit de peso y talla en comparación con los no huérfanos de su misma edad (Monasch y Snoad, 2003). En las peores situaciones, los huérfanos pueden ser secuestrados y alistados como niños soldados, o pueden verse obligados a realizar trabajos forzados, comerciar con el sexo o vivir en la calle.
En Camboya, un estudio reciente de la Alianza de ONG Khmers sobre el VIH/SIDA y Family Health International comprobó que aproximadamente uno de cada cinco niños en hogares afectados por el SIDA había tenido que empezar a trabajar durante los seis meses previos con el fin de ayudar a su familia. Uno de cada tres tenía que proporcionar cuidados y asumir un trabajo importante en el hogar. Muchos habían abandonado la escuela, tenían que privarse de necesidades como ropa y comida o eran enviados lejos de su hogar. Todos los niños encuestados habían estado expuestos a altos niveles de estigma y estrés psicosocial, y las muchachas eran más vulnerables que los muchachos.
Sin embargo, también hay muchos ejemplos de asistencia satisfactoria a los huérfanos en estas situaciones. En Zimbabwe, desde 1998, el Campamento Mayise del Ejército de Salvación brinda apoyo psicosocial a los niños huérfanos. Recientemente ha ampliado sus servicios asistenciales para luchar contra la violencia, explotación y abuso. Dado que los niños a menudo tienen problemas para acceder a servicios médicos, psicológicos y jurídicos, el Campamento ha organizado un Centro Móvil de Asistencia Jurídica que les proporciona estos servicios esenciales. En Camboya, la organización no gubernamental Mith Samlanh (Amigos) lleva a cabo 12 programas interconectados para 1500 niños de la calle, que van desde asistencia y prevención del VIH hasta educación en salud reproductiva y actividades generadoras de ingresos.
Asegurar el acceso a la educación es un componente crítico para responder a la crisis de los huérfanos. Es frecuente que los huérfanos queden retrasados o abandonen la escuela, lo que pone en peligro su desarrollo psicosocial y sus perspectivas de futuro. Esto también afecta a los esfuerzos a largo plazo de un país para recuperarse de la epidemia. Por ejemplo, las investigaciones llevadas a cabo en la República Unida de Tanzanía han revelado que la tasa de asistencia escolar entre los huérfanos que han perdido a uno de los padres es tan sólo del 71%. Entre los huérfanos dobles, la cifra es aún menor, del 52% (Monasch y Snoad, 2003).
Continuar en la escuela ofrece a los niños huérfanos la mejor oportunidad para escapar de la pobreza extrema y sus riesgos asociados. Así pues, debe hacerse todo lo posible para que estos niños permanezcan en la escuela. Por ejemplo, las autoridades de la provincia de Henan (China) han anunciado recientemente que los huérfanos que viven con familias extensas recibirán escolarización primaria y secundaria gratuita, así como apoyo económico para ulteriores estudios. De forma similar, el Comité Nacional sobre el SIDA de Jamaica ayuda a los niños huérfanos del país pagando sus gastos escolares, incluidos matrículas, uniformes y libros.
Abuelas al rescate: las «Go-Go Grannies»Las «Go-Go Grannies» son un grupo de abuelas del municipio de Alexandra, en Sudáfrica, que se ayudan y animan mutuamente mientras crían a sus nietos huérfanos. Han perdido a sus propios hijos a causa del SIDA y ahora tienen dificultades para afrontar la situación, tanto emocional como físicamente. Las Grannies forman parte del Proyecto sobre Huérfanos por el SIDA de Alexandra, que ejecuta programas de grupos de apoyo para niños y cuidadores infectados o afectados por la epidemia. Actualmente, el proyecto proporciona apoyo psicosocial, financiero y material a 30 abuelas. Esto incluye subvenciones excepcionales para la construcción de una vivienda digna para sus familias extensas, así como semillas y fertilizantes para que las mujeres puedan iniciar sus propios huertos con objeto de aportar comida e ingresos a sus familias. |
Preservar un cierto tipo de vida familiar es sumamente importante para los niños que han perdido a uno o ambos padres a causa del SIDA, con independencia de que la familia esté encabezada por el cónyuge superviviente, un abuelo u otros parientes. Las mujeres y muchachas de todas las edades están soportando gran parte de la carga de la crisis de los huérfanos. Las muchachas jóvenes pueden dejar la escuela para atender a los padres enfermos, ocuparse de las tareas domésticas o cuidar de los hermanos menores. Las madres tienen mayores probabilidades que los padres de seguir cuidando a los hijos después del fallecimiento del cónyuge, y las mujeres están más dispuestas a adoptar a otros huérfanos.
Además están las abuelas, mujeres ancianas que cuidan a sus propios hijos cuando éstos caen enfermos y que acaban convirtiéndose en progenitoras suplentes para sus afligidos nietos, a menudo con pocos recursos. Por ejemplo, diversos estudios en Tailandia indican que casi la mitad de los niños huérfanos del país viven con sus abuelos. En consecuencia, se han desarrollado proyectos para apoyar a estos cuidadores ancianos. En Chang Main, la Fundación para Asuntos Maternoinfantiles ayuda a reforzar las asociaciones de personas de edad avanzada, desarrolla planes de voluntariado para asistir a los cuidadores ancianos y proporciona préstamos de bajo interés para crear pequeños negocios.
Las instituciones formales, como orfanatos, pueden constituir un último recurso para un número limitado de niños huérfanos o enfermos. A comienzos de la crisis de los huérfanos, países como Zimbabwe construyeron un cierto número de orfanatos. Pero se comprobó rápidamente que esta solución era insostenible y chocaba con el derecho fundamental de los niños a crecer en un entorno familiar.
Si preservar la familia es la mejor opción para los huérfanos, debe fortalecerse urgentemente la capacidad de las familias para cuidar y proteger a esos niños. Esto significa adoptar programas que mantengan vivos y sanos durante el mayor tiempo posible a los padres que viven con el SIDA; mejorar la capacidad de generación de ingresos de las familias, y proporcionar a los niños y sus cuidadores apoyo psicosocial y otras ayudas.
Tailandia es uno de los países en los que se ha fortalecido la capacidad de las familias. En ese país, el programa MTCT-Plus ofrece tratamiento antirretrovírico para las madres VIH-positivas, sus parejas infectadas y sus hijos (Beckerman, 2002). El programa, emprendido por el UNICEF y la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, enlaza la prevención de la transmisión maternoinfantil con opciones de tratamiento y asistencia en dispensarios prenatales. El programa también opera en Côte d’Ivoire, Kenya, Mozambique, Rwanda, Sudáfrica, Uganda y Zambia (UNICEF, 2003).

Una mejor nutrición y seguridad alimentaria aumentarán la salud general de las familias y el tiempo que los padres e hijos permanecen juntos. En Haití, por ejemplo, la ONG internacional Hunger Grow Away está promoviendo un nuevo sistema de horticultura microintensiva que, a pesar de las limitaciones de suelo viable, recursos de agua, herramientas y mano de obra, permite ofrecer seguridad alimentaria y algunos ingresos a los niños huérfanos y sus cuidadores.
Las comunidades son capaces de responder eficazmente a la crisis de los huérfanos y niños cuyos padres están falleciendo a causa del SIDA. La preocupación de familiares, vecinos y grupos religiosos ha impulsado una amplia variedad de proyectos relativamente formales. Un caso ejemplar es Camboya. Los monjes del templo Wat Kien Kes proporcionan a algunos de los huérfanos y niños vulnerables del país formación profesional y capacidades de generación de ingresos con el fin de mejorar su nivel de vida. También movilizan las comunidades locales para que donen alimentos, tierra y bienes materiales a las familias afectadas. Los monjes han estimulado igualmente un diálogo orientado al VIH dentro de la comunidad, que eleva la sensibilización sobre el SIDA, genera compasión y reduce la discriminación (USAID, 2004). Si se reconocen y apoyan convenientemente, estas iniciativas pueden convertirse en la espina dorsal de las estrategias nacionales (Foster, 2002).
Hasta ahora, la mayoría de las intervenciones de apoyo a los huérfanos han sido deslavazadas y no se han correspondido con la escala del problema. En Uganda, los funcionarios reconocieron desde el principio la crisis de los huérfanos. Sin embargo, la asistencia gubernamental es insuficiente para la magnitud de las necesidades, y se estima que entre 1998 y 2000 sólo el 5% de los huérfanos recibió algún tipo de ayuda (Deininger et al., 2003). Evidentemente, se requieren medidas urgentes para ampliar y reproducir intervenciones satisfactorias, que deberían incluir los siguientes «compromisos del país» para:
El último informe de los progresos realizados hacia la consecución de las metas y objetivos de la Declaración de compromiso de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA señala que el 39% de los países con «epidemias generalizadas» no tiene políticas nacionales para proporcionar un apoyo esencial a los niños huérfanos y vulnerables (ONUSIDA, 2003). El 14% de esos países está desarrollando políticas, pero el 25% no tiene planes al respecto.
El problema de los huérfanos tiene que resolverse por medio de una voluntad política decidida antes de que alcance proporciones de crisis. En los países, una amplia gama de estamentos gubernamentales y de la sociedad civil debe proporcionar ayuda financiera a los niños, familias y comunidades, junto con medidas de prevención del VIH, atención y apoyo.
Las políticas nacionales, como las desarrolladas en Honduras, Jamaica, Malawi, Rwanda, Swazilandia, Tailandia y Uganda, constituyen un buen punto de partida. Pero las políticas carecen de sentido si no existe el compromiso de trasladarlas en acciones prácticas. Las familias y comunidades muestran a menudo un compromiso y una adaptabilidad considerables, y están encabezando las respuestas para proteger a los niños afectados por el SIDA. Los marcos de política y los planes nacionales deben crear un entorno que promueva tales esfuerzos, de modo que los huérfanos puedan sobrevivir y prosperar en el futuro. ![]()