Informe sobre la epidemia mundial de SIDA, 2004

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Foco de atención

El VIH y los jóvenes: la amenaza para
la juventud de hoy

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La generación de jóvenes actual es la mayor de la historia: casi la mitad de la población mundial tiene menos de 25 años (UNFPA, 2003). No han conocido un mundo sin SIDA.

Los jóvenes entre 15 y 24 años son a la vez los más amenazados –mundialmente representan la mitad de los nuevos casos de VIH– y la mayor esperanza para darle la vuelta a la epidemia de SIDA. El futuro de la epidemia tomará forma a partir de los actos de esos jóvenes. La experiencia lo demuestra. Los pocos países que han logrado disminuir la prevalencia nacional del VIH lo han hecho sobre todo inculcando comportamientos más seguros entre los jóvenes.

Los jóvenes están expuestos al VIH de varias formas. En África subsahariana, que presenta una alta prevalencia, la forma principal de transmisión es el coito heterosexual. Esta región contiene casi tres cuartas partes de todos los jóvenes que viven con el VIH: aproximadamente 6,2 millones de personas, el 75% de ellas mujeres (ONUSIDA, 2003). En Europa oriental y Asia central, la prevalencia del VIH entre los jóvenes está aumentando rápidamente debido al consumo de drogas intravenosas con equipo de inyección contaminado y, en menor extensión, a las relaciones sexuales peligrosas (véanse la figura 30 y el capítulo «Prevención’).

Riesgo elevado, vulnerabilidad elevada

Una variedad de factores sitúa a los jóvenes en el centro de la vulnerabilidad al VIH. Entre ellos figuran la falta de información, educación y servicios sobre el VIH, los riesgos que muchos tienen que correr para poder sobrevivir, y los riesgos que acompañan a la experimentación y la curiosidad de los adolescentes.

Figura 30

Figura 30

Inicio sexual precoz

La mayoría de los jóvenes inicia la actividad sexual en la adolescencia, y muchos antes de los 15 años de edad. Factores como el aumento de la urbanización, la pobreza, la exposición a ideas conflictivas sobre los valores y comportamientos sexuales, y el fracaso de la sexualidad tradicional y los canales de información sobre la reproducción están fomentando la actividad sexual prematrimonial entre los adolescentes.

Los estudios demuestran que los adolescentes que empiezan la actividad sexual precozmente es más probable que tengan relaciones sexuales con un mayor número de parejas y con parejas que han estado expuestas al riesgo de contraer el SIDA. No es probable que utilicen preservativos (OMS, 2000). En Kisumu (Kenya), el 25% de los muchachos jóvenes sexualmente activos y el 33% de las muchachas dijeron que no habían utilizado un preservativo durante su primera relación sexual y las siguientes (Glynn et al., 2001). El uso ocasional del preservativo con parejas habituales y no habituales también se puso de manifiesto en estudios realizados en la Argentina, Corea y el Perú (OMS, 2000).

Figura 31

Figura 31

 

Obstáculos para la información sobre prevención en la India

En India, las relaciones sexuales y el embarazo prematrimoniales son más habituales de lo que se suele reconocer. La capacidad del país para ofrecer servicios de salud sexual y reproductiva a los jóvenes se enfrenta a limitaciones paralelas de resistencia cultural a hablar abiertamente de sexualidad y a una falta general de información básica sobre ella. A pesar de que la educación sexual forma parte de la educación escolar sobre el SIDA, algunas autoridades nacionales diluyen los mensajes con los que no están de acuerdo, y los maestros a menudo evitan los temas que les hacen sentir incómodos. Cuando solicitan información o servicios, los jóvenes pueden ser reprendidos o enfrentarse a proveedores de salud críticos. Además, como los servicios de salud sexual a menudo ofrecen poca intimidad o confidencialidad, las muchachas suelen recurrir a servicios deficientes/ilegales (Greene et al., 2002).

Diferencias por razón de sexo

Cuando la forma principal de transmisión del VIH es la heterosexual, las muchachas son las más afectadas. La proporción de mujeres que viven con el VIH que tienen más de 15 años es 1,7 veces mayor en África subsahariana que en otras regiones (Oficina de Referencias Demográficas, 2003). En Trinidad y Tabago, el número de mujeres entre 15 y 19 años que viven con el VIH es cinco veces más elevado que entre los varones adolescentes (Pisani, 2003) (véase el capítulo ‘Panorama mundial’).

La mayor vulnerabilidad biológica de las muchachas y mujeres a la infección por el VIH es una explicación del creciente número de mujeres infectadas por el VIH. No obstante, los desequilibrios de poder en función del sexo, la naturaleza de las prácticas sexuales y las diferencias de edades de las parejas sexuales son factores importantes que inclinan la balanza aún más contra ellas. En África subsahariana, las muchachas tienen relaciones sexuales a edades más tempranas que los muchachos (véase figura 31), y sus parejas sexuales suelen ser mayores que ellas.

Más de 45 estudios cuantitativos efectuados en África subsahariana sobre diferencias de edad entre muchachas de 15 a 19 años y sus compañeros sexuales observan que muchas parejas sexuales masculinas son seis o más años mayores (véase recuadro página siguiente). Por lo general, en las relaciones intergeneracionales las muchachas tienen un poder limitado para resistir las presiones para aceptar prácticas sexuales peligrosas (Luke y Kurz, 2002). Es posible que la abstención antes del matrimonio no sea una buena estrategia para esas muchachas, porque se casan muy jóvenes y sus esposos mayores que ellas quizá tienen ya el virus.

Economía, sexualidad y VIH en África

¿Por qué las muchachas en África subsahariana a menudo tienen parejas sexuales mucho mayores que ellas? La explicación más habitual es que la pobreza y las privaciones empujan a las muchachas a mantener relaciones sexuales transaccionales con hombres mayores. No obstante, una encuesta regional puso de manifiesto que la necesidad económica es sólo uno entre varios factores. Muchas muchachas también buscan hombres mayores porque los consideran buenos candidatos al matrimonio o porque les facilitan una vida mejor que podrá ayudarlas a gozar de oportunidades de educación o trabajo. Muchas de las muchachas encuestadas comunicaron que los regalos de ropa, joyas y perfumes mejoraban su autoestima y su posición entre sus iguales (Luke y Kurz, 2002).

Sea cual fuere la razón, el Grupo de Trabajo del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Mujer, las Niñas y el VIH/SIDA en África Meridional ha puesto al descubierto que tanto las relaciones sexuales transaccionales como las relaciones sexuales intergeneracionales se han convertido en norma en muchos países. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en Zimbabwe reveló que cerca del 25% de las mujeres de 20 a 30 años tienen relaciones con hombres al menos 10 años mayores (Naciones Unidas, 2003). También resulta claro que estas relaciones son un factor importante en la ‘feminización’ del SIDA en África. Es previsible que los hombres africanos tengan muchas parejas sexuales, y en promedio, los que viven con el VIH se infectaron entre los 25 y los 30 años.

En comparación, las muchachas suelen establecer relaciones de larga duración con una sola pareja. A pesar de esta relativa fidelidad, muchas de las que vivían con el VIH se infectaron poco después de empezar a tener relaciones sexuales. Un estudio efectuado en Zambia señaló que el 18% de las mujeres que declararon haber empezado a ser sexualmente activas durante el año anterior, eran VIH-positivas. En Sudáfrica, el 20% de las muchachas sexualmente activas entre los 16 y los 18 años estaban infectadas (Pisani, 2003). Las relaciones sexuales intergeneracionales parecen ser un factor impulsor de la epidemia en África meridional. Esas relaciones se basan en ecuaciones de poder y economía que dejan a las muchachas vulnerables al abuso, la explotación, la violencia y el VIH.

Relaciones sexuales por coerción

Desde muy jóvenes, muchas mujeres jóvenes sufren violación y relaciones sexuales forzadas. Por ejemplo, el 20% de todas las jóvenes entrevistadas en Kisumu (Kenya) y Ndola (Zambia) dijeron que en su primera relación sexual se utilizó la fuerza física (Glynn et al., 2001). Igualmente, alrededor del 25% de las muchachas de 15–24 años en KwaZulu-Natal (Sudáfrica) manifestaron que las habían ‘engañado’ o ‘convencido’ para que tuvieran su primera experiencia sexual (Manzini, 2001). Las relaciones sexuales violentas o forzadas pueden aumentar el riesgo de transmisión del VIH porque la penetración vaginal forzada normalmente provoca heridas y cortes que permiten al virus atravesar las paredes de la vagina con más facilidad.

Consumo de drogas intravenosas: una amenaza incipiente

En Asia central y Europa oriental, existen pruebas de que la edad de iniciación en el consumo de drogas intravenosas está bajando (Rhodes et al., 2002). Además, el consumo general de drogas parece estar aumentando debido a un cambio social y político rápido, el brusco declive del nivel de vida y un aumento de la disponibilidad de heroína en la región (PNUD, 2003). Los consumidores de drogas intravenosas jóvenes corren un riesgo especial, porque pueden no tener ni el conocimiento ni las aptitudes para protegerse de la infección por un equipo de inyección contaminado (ONUSIDA, 2003).

Vincular el aumento de conocimientos al cambio de comportamiento

El conocimiento y la información son las primeras líneas de defensa para los jóvenes. Algunos países han adoptado medidas atrevidas para abordar las necesidades de información sobre el SIDA de los jóvenes, pero esta educación sigue estando lejos de ser universal. Por ejemplo, en África subsahariana, sólo el 8% de los jóvenes no escolarizados y un número ligeramente superior de jóvenes escolarizados tienen acceso a la educación sobre prevención. Las cifras equivalentes para Europa oriental y Asia central son del 3% para los jóvenes no escolarizados y del 40% para los jóvenes escolarizados, mientras que en el caso del Caribe y América Latina, spn del 4% y el 38%, respectivamente (Grupo de Trabajo sobre la Prevención Mundial del VIH, 2003).Un estudio global demostró que 44 de 107 países no incluían el SIDA en los programas escolares (López, 2002).

No es de extrañar que los datos de 20 países con alta prevalencia revelen que, a pesar de que la mayoría de los jóvenes ha oído hablar del VIH y el SIDA, la mayor parte es incapaz de reconocer tres ideas erróneas acerca del VIH ni de identificar dos métodos de prevención (véase figura 32). Un estudio reciente en Egipto obtuvo hallazgos similares. La mayor parte de los entrevistados había oído hablar del SIDA y creía que era una enfermedad peligrosa, pero pocos tenían más información.

Figura 32

Figura 32

El acceso a información sobre el SIDA por sí mismo no es garantía de cambio de comportamiento, pero la educación tiene un cierto impacto. Un análisis de 250 programas norteamericanos descubrió que, entre los jóvenes sexualmente activos, los programas de educación del SIDA eran eficaces para disminuir el número de parejas sexuales y aumentar el uso del preservativo (Kirby, 2002). En Tanzanía, el proyecto de educación sobre el SIDA Mema kwa Vijana («Buenas cosas para los jóvenes» en swahili) se centró en los jóvenes de 15–19 años de 20 comunidades rurales (Obasi et al., 2003). El trabajo que llevó a cabo durante tres años mejoró sustancialmente tanto el conocimiento como la información sobre el uso del preservativo entre los jóvenes, y ahora se ampliará a 600 comunidades.

Entornos de apoyo

Una enseñanza vital que se adquirió con el proyecto Mema kwa Vijana fue que cambiar las normas y creencias de los adultos de la comunidad, sobre todo entre los varones, aumentaba la eficacia de las intervenciones orientadas al cambio de comportamiento entre los jóvenes beneficiarios. En varios países las orientaciones programáticas y normativas se han visto obstaculizadas por las creencias de los adultos sobre lo que debería permitirse saber a los jóvenes. A muchos adultos, incluidos los líderes políticos, les sigue costando reconocer la sexualidad de los jóvenes, y temen que la educación sexual conduzca a la promiscuidad.

Sin embargo, distintos estudios de alcance mundial han encontrado sistemáticamente pocas pruebas de que la educación sexual fomente la experimentación sexual o aumente la actividad sexual (Cowan, 2002). Las iniciativas satisfactorias de educación sobre salud sexual y SIDA para jóvenes han servido para disipar el miedo de los adultos tomando en cuenta las normas sociales, las prácticas culturales, los papeles en función del sexo y las expectativas.

En Haití, la Fundación para la Salud Reproductiva y la Educación Familiar ha contribuido a aumentar espectacularmente la utilización de los servicios de salud reproductiva y SIDA para jóvenes por medio de un enfoque multifacético que incorpora una red de apoyo entre iguales, padres y educadores. El apoyo de esas personas influyentes es una estrategia vital que también ha logrado doblegar la resistencia social en el Camerún, Madagascar y Rwanda.

Los medios de comunicación, la prevención del VIH y los jóvenes

Los medios de comunicación son cada vez más importantes en la vida de la mayoría de los jóvenes, y en muchos países representan cauces excelentes a través de los cuales se difunden los mensajes de prevención del VIH. La investigación ha demostrado que las campañas de los medios de comunicación son más eficaces cuando se combinan con esfuerzos de educación locales.

En una campaña de los medios de comunicación de Jamaica orientada a diferir el inicio de la actividad sexual se utiliza un enfoque basado en la edad de los beneficiarios para influir en los jóvenes. Para los niños de 10–12 años, la campaña se centra en los mensajes de abstención. A los niños de 13 a 15 años se les dirigen mensajes de toma de conciencia y abstención, mientras que los jóvenes de mayor edad reciben información sobre protección del embarazo, el VIH y las infecciones de transmisión sexual.

En Sudáfrica, un estudio ha puesto de manifiesto que los enfoques innovadores de los medios de comunicación y los mensajes de ‘loveLife’, el programa nacional de prevención del VIH para jóvenes, han sido útiles para romper tabúes sociales respecto de la sexualidad adolescente, promover un comportamiento sexual responsable y aumentar el uso de los servicios generales de salud. Trabajando en colaboración con 900 dispensarios gestionados por el Gobierno para promover los servicios de salud para jóvenes, ‘loveLife’ ha establecido los denominados ‘Y-Centres’, unos centros de jóvenes que ofrecen servicios de salud sexual y educación sobre el VIH en un entorno recreativo.

La versión de 2003 de MTV Networks International de la campaña Staying Alive, realizada en colaboración con el ONUSIDA, el Banco Mundial y muchos otros, llegó a 942 millones de hogares en unos 171 países. Los programas de televisión y los conciertos promovieron actitudes de prevención del VIH y de adquisición de conocimientos teóricos y prácticos favorables entre los jóvenes. Esos programas configuraron más tarde el punto de partida de intensas campañas lanzadas en áreas locales por todo el mundo. Por ejemplo, Family Health International utilizó esta misma campaña de televisión para ayudar a organizar una campaña de los medios de comunicación nacional en el Senegal (Family Health International, 2003).

Plan de acción

Los jóvenes son especialmente vulnerables al VIH, pero también son nuestra mayor esperanza para cambiar el curso de la epidemia de SIDA. Cuando se les da el apoyo y los medios adecuados, los jóvenes pueden convertirse en poderosos agentes para el cambio. Se requiere una amplia estrategia de prevención del VIH. El inicio sexual precoz, las relaciones sexuales transgeneracionales y las diferencias por razón de sexo ponen de relieve el hecho de que la educación por sí sola no protegerá de la infección a los jóvenes del mundo. Para disminuir la prevalencia del VIH entre los jóvenes también es indispensable el acceso a servicios confidenciales de salud y distribución de preservativos, así como la protección de los derechos de las muchachas jóvenes.

Por ejemplo, en Uganda, el compromiso político y la movilización activa de la comunidad condujeron a un movimiento juvenil dinámico preocupado por el SIDA. Entre 1990 y 2000, la prevalencia del VIH entre adolescentes embarazadas (15–19 años) en Kampala disminuyó del 22% al 7%. El retraso del inicio sexual, la reducción en el número de parejas y el aumento en el uso del preservativo fueron factores significativos para el éxito de este movimiento (Cohen, 2003; UNICEF/ONUSIDA/OMS, 2002).

En un mundo con SIDA, se desvanecen fácilmente muchas opciones de vida para los jóvenes. El programa de acción del SIDA para los jóvenes necesita plasmar la Declaración de compromiso de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA de 2001 en acciones concretas. Entre ellas figuran las siguientes:

Crear un entorno de apoyo de modo que los jóvenes puedan obtener información sobre salud reproductiva y el VIH, educación y servicios. Las políticas y leyes deben asegurar que los recursos disponibles se centran en mejorar los derechos de los jóvenes a la atención sanitaria y en reducir todas las estructuras y prácticas discriminatorias.

Llegar a los que influyen en los jóvenes. Los padres, las familias extensas, los maestros, los líderes políticos y de la comunidad y las personas célebres tienen mucha influencia en los jóvenes. Cuando sus mentores actúan como ejemplos de conducta positivos y ofrecen unos entornos seguros, unas relaciones válidas y la posibilidad para la expresión personal, los jóvenes toman la iniciativa de un comportamiento responsable.

Situar a los jóvenes en el centro de la respuesta. No hay límites de edad para el liderazgo. Los jóvenes son un activo, y no un pasivo; su voz necesita ser escuchada, y sus cualidades deben cultivarse para que puedan ser instrumentos para el cambio.

Movilizar el sistema de educación para que sea un cauce de un programa de prevención y atención exhaustivo para los jóvenes en edad escolar.

Incorporar la prevención del VIH y el SIDA para los jóvenes en otros sectores. Los jóvenes a menudo se interesan por la religión, los lugares de trabajo, los deportes y los medios de comunicación. Estos sectores pueden utilizarse para ofrecer información y servicios.

Abordar las desigualdades en función del sexo mejorando las oportunidades de las muchachas para acceder a la educación y enseñanza de conocimientos básicos, protegiendo sus derechos y fomentando sus perspectivas de ganar ingresos. También existe la necesidad de cambiar los conceptos perjudiciales de masculinidad que definen la vida de los muchachos, y que afectan negativamente a la de las muchachas y mujeres. Las autoridades tienen que transmitir el mensaje de que la explotación sexual y la violencia contra los niños y las niñas son inaceptables.

Abrir el diálogo sobre temas delicados. Los adultos y los jóvenes tienen que abordar juntos la sexualidad del adolescente, la educación sobre salud sexual, la violencia y abuso sexuales, los papeles basados en el sexo y las prácticas tradicionales. red ribbon

 

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