Reportaje

La seguridad alimentaria como respuesta al VIH y a la violencia de género en el norte de Uganda

07 de octubre de 2010

Fotografía: ONUSIDA

El norte de Uganda fue durante muchos años conocido como uno de los graneros del país ya que, gracias a la fertilidad de sus tierras, la región logró abastecer con sus excedentes los mercados locales e internacionales. Sin embargo, las dos décadas de conflicto civil entre las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda (UPDF, por sus siglas en inglés) y el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, de su denominación inglesa) dejaron las subregiones de Acholi y Lango en la miseria.

De hecho, entre 1986 y 2006 alrededor de 1.800.000 personas huyeron de sus aldeas para buscar refugio en campamentos temporales. Por ejemplo, alrededor del 95% de la población de los distritos de Kitgum, Gulu, Pader y Amuru  se vio obligada a vivir en dichos campamentos.

La guerra causó reveses importantes en materia de educación, sanidad, producción alimentaria e infraestructuras. Al mismo tiempo, aumentó la vulnerabilidad, especialmente entre niñas y mujeres, y empezaron a registrarse mayores carencias en el servicio de provisión para el tratamiento del VIH de los desplazados internos.

"Lo han perdido casi todo: recursos, sustento... Han perdido hasta sus habilidades. Antes se dedicaban a la agricultura, por lo que el hecho de tener que permanecer en los campamentos significó que toda una generación perdiera las destrezas necesarias para desempeñar su tarea habitual", afirmó Winifred Nalyongo, especialista en medios de subsistencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En 2006, tras la firma de un acuerdo de cese de hostilidades entre el Gobierno de Uganda y el Ejército de Resistencia del Señor, los desplazados internos comenzaron a regresar bien a sus lugares de origen, bien a poblaciones cercanas a estos.  La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) calculó que en enero de 2009 más del 70% de todos los desplazados internos habían vuelto a sus hogares o a campamentos de transición.

VIH y violencia de género en entornos de recuperación inicial

La FAO ha estado trabajando en estos entornos de recuperación inicial a través de los programas "Escuelas de vida y campo para agricultores" y "Escuelas de vida y campo para agricultores jóvenes " (FFLS y JFFLS respectivamente por sus siglas en inglés) con el firme propósito de restablecer la forma de vida de las comunidades afectadas por el conflicto. Estos programas incluyen un proceso de aprendizaje en grupo a través del cual hombres y mujeres adquieren valiosas habilidades sociales y agrícolas que les permiten mejorar sus condiciones de vida y reducir su vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria, el VIH y  la violencia de género, entre otros.

Se sabe que tanto los conflictos como los desplazamientos son factores que agudizan la exposición al VIH. El alcoholismo y la violencia sexual son hechos generalizados en los campamentos de desplazados internos situados en el norte de Uganda. Los representantes de la FAO explican que, en una situación de inactividad e incapacidad para alimentar a sus familias, los hombres pueden verse frustrados y recurrir al alcohol, lo cual agrava las desigualdades de género y vuelve a mujeres y niños más vulnerables al virus.

Fotografía: ONUSIDA

El informe de política sobre el VIH y los refugiados realizado por ONUSIDA y ACNUR menciona, por un lado, las dificultades con que se encuentran los refugiados para cubrir necesidades básicas como comida, agua y refugio. Por otro lado, refleja cómo en numerosas ocasiones se fuerza a mujeres y niñas a realizar servicios sexuales a cambio de dinero, comida o protección. Asimismo, los niños que viven sin apoyo paternal, ya sea debido a la separación o a la muerte de los familiares, son especialmente vulnerables a la violencia física y sexual y a la explotación.

Un estudio de 2005 realizado por UNICEF en uno de los mayores campamentos de desplazados internos del norte de Uganda reveló que seis de cada diez mujeres sufrían agresiones físicas y sexuales por parte de los hombres.

Según indica un informe del Ministerio de Sanidad realizado entre 2004 y 2005, la prevalencia del VIH en las zonas del norte de Uganda afectadas por los conflictos bélicos es de un 8,3% mientras que la media nacional está en un 6,4%.

Reducir la vulnerabilidad

Las Escuelas de vida y campo para agricultores promovidas por la FAO subrayan la importancia de la seguridad alimentaria y la autosuficiencia como medios para reducir la vulnerabilidad al VIH y a la violencia de género. Hacen hincapié en que vean la agricultura como un negocio y una fuente de ingresos, pero también les enseñan valores tan importantes como la sensibilidad de género, la protección a la infancia, la higiene, la nutrición y la conciencia sobre el VIH.

Se anima a las personas que viven con el virus a unirse a las Escuelas de vida y campo para agricultores, donde reciben educación nutricional, un aspecto fundamental para aquellos que viven con el VIH. Además, pueden aprender a trabajar con cultivos menos exigentes como el quingombó y los jardines de vegetales.

Aprendizaje temprano de nuevas destrezas

En la aldea de Dubaju, las Escuelas de vida y campo para agricultores jóvenes ayudan a los huérfanos y a los niños vulnerables a ser más autosuficientes y a mejorar su seguridad alimentaria. Mediante debates en las aulas, se les enseña a mantenerse sanos y protegidos del VIH. Por ejemplo, los niños aprenden a preservar los cultivos de las plagas o a tratar los cultivos enfermos. Igualmente se les muestra la relación existente entre el correcto cuidado del cuerpo y la prevención del VIH.