Educación y VIH: de dónde venimos y a dónde debemos ir

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Reportaje

Educación y VIH: de dónde venimos y a dónde debemos ir

01 de abril de 2014

Una nueva publicación de la UNESCO estudia la evolución de la educación en materia de VIH y la manera de hacerla más pertinente para los jóvenes.

Charting the course of education and HIV examina lo aprendido en la travesía educativa en materia de sida, sus oportunidades y desafíos. A continuación propone una manera de proceder en un área que se considera fundamental para el éxito de la respuesta global al sida.

Según el coordinador global de la UNESCO para el VIH y el sida, Chris Castle: "La educación sobre el VIH puede ayudar a los alumnos no solo a desarrollar y mantener un comportamiento más seguro, sino también a reducir el estigma y la discriminación hacia las personas afectadas por el VIH y las que viven con él".

Estudiar los mecanismos y manipulaciones de la cultura, los valores, las creencias y las relaciones de poder es cada vez más importante y reconocer que la educación y la salud están inextricablemente unidas se considera ahora fundamental. Por ejemplo, la educación sobre el VIH puede contribuir a derribar algunos de los factores estructurales que impulsan la epidemia, como  las dañinas normas de género, que pueden aumentar la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas.

Según el libro, una de las lecciones más importantes que se han extraído en el ámbito de la educación sobre sida ha sido la necesidad de ampliar el alcance de la educación sobre el VIH y garantizar un enfoque más abierto e integral. En ese sentido, hace tiempo que se han superado las tendencias educativas iniciales que hacían del VIH un tema científico relacionado únicamente con la biología de la transmisión, además de la táctica del miedo utilizada con frecuencia para disuadir a los jóvenes de iniciar la actividad sexual.

En su lugar, han surgido enfoques basados en la adquisición de capacidades que resaltan las estrategias de comunicación y adaptación. El uso de métodos de enseñanza interactivos centrados en el estudiante, en lugar de los eminentemente moralizadores, ha demostrado tener más éxito.

La educación sobre el VIH puede ayudar a los alumnos no solo a desarrollar y mantener comportamientos más seguros, sino también a reducir el estigma y la discriminación hacia las personas afectadas por el VIH y las que viven con él.

Coordinador global de la UNESCO para el VIH y el sida, Chris Castle

En la actualidad, muchos países han adoptado el nuevo paradigma. Un estudio realizado en 13 países del Caribe en 2008 reveló que todos ellos proporcionan educación sanitaria basada en la adquisición de competencias. Del mismo modo, las 21 naciones del este y sur de África tienen políticas o estrategias para el fomento de la educación sobre el VIH basadas en la adquisición de competencias.

Sin embargo, el libro muestra que todavía hay un largo camino que recorrer en este terreno. Muchos jóvenes de todo el mundo no poseen ni siquiera los conocimientos básicos sobre el virus. Con frecuencia, la educación sobre el VIH sigue siendo marginal. Muchos planes de estudios presentan deficiencias, hacen escasa referencia a aspectos fundamentales del sexo y la sexualidad y tienen carencias en la información referente al acceso a los servicios pertinentes. A menudo, los profesores no se atreven a ahondar en temas que les resultan incómodos y no dan espacio a sus alumnos para explorar estos asuntos de manera franca y abierta.

Charting the course of education and HIV reconoce la necesidad de crear un nuevo marco para la educación sobre el VIH con el fin de dar respuesta a dichas carencias, repensar la formación de los profesores y apoyar e integrar las actividades de adquisición de competencias con programas sanitarios en las escuelas. La educación sobre el VIH deberá además adaptarse a los cambios que se produzcan en la epidemia y abarcar no solo la prevención del VIH, sino también el tratamiento, la asistencia, el apoyo y el estigma y la discriminación. Además, deben redoblarse los esfuerzos para satisfacer el aumento de las demandas de los jóvenes, y cada vez más las de sus padres, que exigen una educación sexual integral, a la que deben unirse ministerios, directores de escuela y otros profesores para desarrollar un programa común que ayude a los jóvenes a tomar decisiones informadas sobre cómo vivir una vida plena y saludable.