Reportaje

En memoria de Allan Dunaway, fundador y presidente de la Asociación Nacional de Honduras de Personas que Viven con el VIH

29 de enero de 2009

Por Rodrigo Pascal, Oficial de asociaciones de ONUSIDA

Allan Dunaway
Allan Dunaway, miembro fundador y presidente por dos mandatos consecutivos de la Asociación Nacional de Honduras de Personas que Viven con el VIH.

Con profunda tristeza nos ha llegado la noticia del fallecimiento de Allan Dunaway en San Pedro de Sula (Honduras), el pasado 25 de enero de 2009 a la edad de 39 años.

Allan fue uno de los primeros activistas contra el sida en América Latina, y dedicó 18 años de su vida a dar apoyo a las personas que viven con el VIH en su lucha por el derecho a acceder a tratamiento en su país.

Allan y su querida esposa Rosa González fueron la primera pareja de Honduras que reveló públicamente que vivían con el VIH. Ambos fundaron la Fundación Llaves, que proporciona atención y apoyo a las personas que viven con el VIH, y Allan fue miembro fundador y presidente por dos mandatos consecutivos de la Asociación Nacional de Honduras de Personas que Viven con el VIH. Asimismo, presidió el Foro Nacional del Sida de San Pedro de Sula.

Allan nunca dudó de que tenía que darle un rostro al sida, y desde el comienzo de sus días de activismo dejó bien claro que tenía la responsabilidad de hablar por los que no tenían voz.

Rosa González, esposa de Allan

Las palabras de su esposa Rosa resuenan junto a mis recuerdos de Allan como una persona de naturaleza tranquila pero firmemente determinada a llamar la atención sobre cuestiones importantes en nombre de los demás: “Allan nunca dudó de que tenía que darle un rostro al sida, y desde el comienzo de sus días de activismo dejó bien claro que tenía la responsabilidad de hablar por los que no tenían voz.”

Allan era infatigable en sus esfuerzos por hacer cambiar las cosas. Trabajó por llegar a las organizaciones y los grupos comunitarios locales para ayudarlos a desarrollar la capacidad y los medios de acción necesarios para organizar actos, marchas y seminarios. También dirigió talleres sobre gestión de fondos y administración. Él creía en el poder de la colaboración y trabajó con tesón para asegurar que las distintas organizaciones de su país estuvieran al corriente de las actividades de las demás y fortalecer así el efecto global de sus respectivos proyectos.

Allan fue un defensor constante de los derechos humanos y colaboró estrechamente con el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos para poner fin a la discriminación contra las personas que viven con el VIH.

Uno de los momentos de mayor orgullo para Allan fue escuchar a su hija Keren, de 13 años de edad, haciendo un emotivo discurso en nombre de los jóvenes que viven con el VIH ante cientos de delegados de todo el mundo que asistieron a la ceremonia de apertura de la Conferencia Internacional sobre el Sida de 2008.

Allan también participó en la Reunión de Alto Nivel sobre el Sida que tuvo lugar en Nueva York en junio de 2008, cuando él y Rosa se reunieron junto a un grupo de mujeres seropositivas con el Secretario general adjunto de las Naciones Unidas.

Hablando de la pérdida, Richard Stern, de la Asociación pro Derechos Humanos Agua Buena, ha declarado: “Allan fue un héroe en la batalla política a favor de los derechos humanos, pero más que otra cosa fue un fiel esposo y padre. Todos lo echaremos mucho de menos, en particular los que trabajamos con él durante muchos años.”

El fallecimiento de Allan es una verdadera pérdida para Rosa y Keren. Como familia, los Dunaway han sido unos apasionados impulsores del acceso universal a la atención, tratamiento y apoyo para las personas que viven con el VIH, particularmente en América Latina. No tengo la más mínima duda de que por medio de la continuación de su trabajo de sensibilización, Rosa y Keren mantendrán viva la memoria de Allan.

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