Reportaje

Las comunidades de fe: una ayuda para encontrar a los hombres perdidos y perseguir la justicia para los niños

26 de septiembre de 2019

Bobby nació en 1996 en el pequeño y montañoso país de Lesoto. Su madre vivía con el VIH y, aunque él no lo sabía, también nació con el virus. Perdió a su hermano pequeño cuando tenía tan solo cuatro años y a su hermana a los seis debido a una meningitis. Todo aquello supuso un tremendo golpe para Bobby. Tuvo una vida dura, y a los doce años recibió una noticia que cambiaría su vida para siempre. Fue diagnosticado de tuberculosis y averiguó que su madre y su padre estaban viviendo con el VIH.

Sin embargo, Bobby nunca se rindió. «Algunas personas quisieron romperme, pero lo único que consiguieron fue hacerme más fuerte. Algunas quisieron explotarme, pero solo me hicieron más inteligente», confesó Bobby. «El tener que tomar medicación y el pasar de ser un niño seropositivo a un activista seropositivo no ha sido para nada fácil. Tuve que hacer frente a un enorme estigma y a una despiadada discriminación. A pesar de ello, tengo claro que uno de mis grandes sueños es vivir y ayudar. Y ese es el motivo por el que hoy estoy aquí».

El pasado 26 de septiembre Bobby compartió su viaje con un público formado por más de 150 líderes de fe y socios que trabajan por el VIH en un desayuno organizado por las comunidades de fe. Dicho encuentro tuvo lugar en el Yale Club, paralelamente a la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebró en Nueva York (EE. UU.).

La historia de Bobby y la de otras miles de personas como él ha inspirado a los grupos de fe de todo el mundo y los ha movido a actuar para poner fin a las nuevas infecciones por el VIH y apoyar a las personas que viven con el VIH o están afectadas por el virus. En su discurso en el acto, el ministro de salud de Zambia, Chitalu Chilufya, dio a conocer a todos cómo los líderes de fe de su país desempeñan un papel importante a la hora de mejorar el estado de salud y el bienestar de sus congregaciones, sobre todo al llegar a los hombres.

«Tenemos muchos ministros que celebran los domingos de la salud y traen a los médicos para implicar a su congregación en las cuestiones de salud». «Los hombres están tanto en los mercados como en las iglesias, y así es como llegamos a ellos. Gracias a estos esfuerzos, hemos podido ver cómo el porcentaje de hombres que no se somete a las pruebas del VIH ha pasado del 50 al 30 %».

De la importancia de llegar a los hombres se hicieron eco muchos de los ponentes, así como también lo hicieron de la urgente necesidad que existe de garantizar que los niños tengan acceso a unos servicios para el VIH y una justicia óptimos.

«En 2018 perdimos a 100 000 niños por muertes relacionadas con el sida y solo el 54 % del 1,7 millones de niños que viven con el VIH en todo el mundo tiene acceso al tratamiento. Son datos muy tristes», señaló Gunilla Carlsson, Directora Ejecutiva en funciones de ONUSIDA. «El compromiso por parte de los socios sanitarios basados en la fe es fundamental para ayudar a los Gobiernos a hacer realidad sobre el terreno sus compromisos con relación al VIH».

El desayuno organizado brindó la oportunidad de proporcionar un espacio en el que los socios pudieran juntarse y compartir sus ideas y experiencias sobre enfoques innovadores para acercar los servicios para la prevención y el tratamiento del VIH a los varones jóvenes, las chicas adolescentes y los niños que viven con el virus. También generó debates positivos sobre cómo prevenir y responder a la violencia sexual contra los niños, la cual aumenta significativamente en la infancia el riesgo de contraer el VIH.

«En nuestros debates arrojamos luz sobre lo que es posible y, una vez que tenemos la certeza de que es posible, no hay excusa para no hacerlo posible para todo el mundo, en todos los lugares y en todo momento», señaló Deborah Birx, coordinadora mundial de los Estados Unidos para el sida y representante especial para la diplomacia sanitaria mundial.