Reportaje

Apoyo a las comunidades para que se impliquen en la respuesta al sida en Tailandia

20 de enero de 2020

La oficina de ONUSIDA en Tailandia está situada en Bangkok y cuenta con un pequeño equipo de tres profesionales. Una de ellos es Orawan Bettenhausen, auxiliar administrativa, quien lleva casi 20 años dedicada al equipo. «Formar parte de la familia de ONUSIDA me ha capacitado y me ha transformado en quien soy hoy. Tengo la gran fortuna de estar bajo la supervisión de directores regionales que siempre me han animado y respaldado, y de verme rodeada de grandes compañeros e iguales, tanto dentro como fuera de ONUSIDA, que constantemente me han ayudado, apoyado e inspirado», señala.

La Sra. Bettenhausen recuerda una reunión que mantuvo durante sus primeras semanas en ONUSIDA con una persona que vivía con el VIH, un representante de la Red tailandesa de personas que viven con el VIH. «Le pregunté sobre su vida. Cuando terminó de hablar, rompí a llorar», relata. «Para mi sorpresa, él me dijo que ni él ni ninguna otra de las personas que viven con el VIH querrían que yo sintiera lástima por ellos. Simplemente querían ser aceptados tal y como son. Me enseñó una enorme lección, y en aquel momento me comprometí a trabajar siempre por las personas que viven con el VIH o que están afectadas por el virus».

Con el paso de los años ha trabajado junto al director regional y el resto del equipo para llegar a las comunidades, las organizaciones de la sociedad civil y las personas que viven con el VIH. Ha estado siempre muy implicada y comprometida con la respuesta al sida. «Desde mi papel de auxiliar administrativa, sí que siento que apoyo a los socios de la comunidad de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, contribuyo para llevar a cabo proyectos conjuntos, facilito apoyo logístico para asegurarme de que las comunidades puedan participar en acontecimiento regionales y nacionales, y permito que se comuniquen interpretando de tailandés a inglés y viceversa». Pienso que estoy dando a los miembros de la comunidad la oportunidad de superar las barreras lingüísticas, para que puedan así estar presentes en aquellos espacios en que se toman las decisiones, con vistas a que logren poner voz a sus necesidades, y llevar y mostrar su gran labor fuera de Tailandia», explica.

La Sra. Bettenhausen ha sido testigo de cambios importantes en la respuesta al sida en Tailandia. Por ejemplo, recuerda cómo ONUSIDA ponía en marcha proyectos en colaboración con las organizaciones de la sociedad civil y facilitaba el diálogo entre los legisladores, los implementadores de programas para el VIH y los representantes de la comunidad en un momento en que el estigma y la discriminación contra las personas que vivían con el VIH y los grupos de población clave constituían la mayor preocupación del país.

Desde el año 2015, Tailandia tiene en marcha un paquete 3 × 4 para instalaciones sanitarias libres de estigma, el cual incluye programas integrales para abordar y eliminar las barreras que impiden acceder a los servicios sanitarios. En 2019 el país anunció la iniciativa Thailand Partnership for Zero Discrimination, con la cual se pretendía conseguir la cero discriminación no solo en el ámbito sanitario, sino también en el lugar de trabajo y en el sistema educativo. ONUSIDA lleva implicada desde el mismo momento en que se lanzó la iniciativa y colabora activamente proporcionando ayuda técnica para elaborar la estrategia de cero discriminación, desarrollar un plan de supervisión y evaluación, y hacer realidad la estrategia aunando esfuerzos con el Gobierno tailandés y la sociedad civil.

«Mi contribución a este logro consistía en proporcionar un apoyo continuo al director del país, cuyo papel fue fundamental para involucrar y acercar a interesados procedentes de distintos sectores, siempre con el fin de asegurarnos de que las comunidades estén presentes y puedan alzar la voz. Ahora nuestros compañeros del Gobierno trabajan mano a mano con las organizaciones de la sociedad civil. Todos los interesados clave son iguales y se reúnen para tomar decisiones en igualdad de condiciones y avanzar en la misma dirección. Hemos construido un verdadero asociacionismo», recalca la Sra. Bettenhausen.

La Sra. Bettenhausen creció en la zona norte de Tailandia. Su pasión por el sector público surgió de muy niña, cuando veía a su padre mejorar los medios de vida de los agricultores y sus familias como asesor para el Gobierno alemán y los donantes para el desarrollo rural. Años más tarde, mientras estudiaba un máster en gestión, se dio cuenta de que no quería dedicarse al mundo de los negocios y decidió escribir su tesis sobre la labor del centro Mercy-Human Development Centre, una organización no gubernamental que trabaja en los suburbios de Klong Toey, en Bangkok. Los dos meses que pasó trabajando en los suburbios y recabando datos para su tesis la hicieron ser consciente de realidades como la pobreza urbana, el consumo de drogas, el abuso infantil y el VIH. «Después de graduarme, me dediqué durante dos años a los negocios, pero enseguida me di cuenta de que mi vocación era seguir los pasos de mi padre y trabajar para las personas. El destino se puso de mi lado y encontré un puesto de trabajo en ONUSIDA», cuenta.

El principal desafío al que se enfrenta la Sra. Bettenhausen en la oficina regional es el ser capaz de llevar a cabo y mantener al día distintas tareas, puesto que su trabajo de administrativa le requiere un enorme tiempo. Sin embargo, para ella, todo lo que se hace con la debida diligencia ayuda a avanzar y contribuye a marcar la diferencia. Su labor no solo es fundamental para garantizar que la oficina regional de ONUSIDA pueda cumplir con su mandato, sino que también es imprescindible para conseguir el objetivo de poner fin al sida en 2030.