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Comunidades, autoridades y ONUSIDA se coordinan para mantener la atención al VIH durante emergencias en Colombia y Venezuela
24 Septiembre 2026
24 Septiembre 2026 24 Septiembre 2026En junio, los terremotos en Venezuela dejaron a muchas personas que viven con el VIH con preguntas urgentes. ¿Seguían funcionando las farmacias y los centros de salud? ¿Dónde podían recoger su medicación? ¿Cómo podían continuar con su atención? En la Red Venezolana de Gente Positiva (RVG+), los teléfonos empezaron a sonar cuando la gente buscaba información y apoyo.
«Había mucho miedo porque la gente no sabía adónde ir, qué hacer ni a quién llamar para saber cómo seguir recibiendo atención», explicó Alfredo Mendieta, responsable del proyecto de monitorización comunitaria del VIH en RVG+, una red de la sociedad civil venezolana y grupo de incidencia que apoya a las personas que viven con el VIH.
RVG+ empezó a identificar las necesidades de cada persona y a ponerlas en contacto con sus equipos sobre el terreno, que ayudaron a reconectarlas con los servicios de salud. Según la organización, el 90 % de las personas que se acercaron a la red volvieron a estar vinculadas a servicios de salud.
Al otro lado de la frontera, en Colombia, las organizaciones comunitarias se enfrentaron a retos similares tras un terremoto de magnitud 7,4 en agosto. Fundación Ancla, Red Somos y Fundamor unieron esfuerzos y reforzaron la difusión boca a boca para localizar a las personas que necesitaban tratamiento en Manizales, Pereira, Cali y Chocó, algunas de las regiones más afectadas del país.
«En un contexto de incertidumbre, la gente necesitaba respuestas para el aquí y ahora», afirmó Aharón Andrés Cardona, fundador y director de Fundación Ancla. Mientras se restablecían los puntos de atención habituales, las organizaciones se centraron en identificar a las personas y gestionar el acceso a los medicamentos. Según Cardona, «alrededor del 70 % de las personas que se acercaron a ellos en busca de medicamentos pudieron acceder al tratamiento a través de la respuesta liderada por la sociedad civil».
En ambos países vecinos, la respuesta comunitaria contribuyó a apoyar a las personas mientras los servicios se recuperaban poco a poco. Las comunidades sabían dónde encontrar a quienes necesitaban ayuda. Las autoridades eran conscientes de que debían restablecer y mantener el acceso a la atención lo antes posible. ONUSIDA ayudó a conectar las distintas partes de la respuesta: organizó la información recogida a través de las llamadas para identificar prioridades y necesidades emergentes, facilitó los vínculos entre los servicios comunitarios y las autoridades sanitarias locales, y movilizó recursos para mantener abiertas las líneas telefónicas y ayudar a las personas a desplazarse desde los campamentos temporales hasta los centros de salud.
La experiencia en Venezuela también contribuyó a elaborar una guía sencilla para proteger la continuidad de la atención al VIH durante emergencias y catástrofes. Dos meses después, ONUSIDA ayudó a adaptar y actualizar esta guía al contexto colombiano y la compartió con el Ministerio de Salud y Protección Social y con organizaciones comunitarias, entre ellas Fundación Ancla.
«Las comunidades conocen a su gente y sus barrios. Saben dónde están las necesidades y, a menudo, son el primer lugar al que acuden las personas cuando necesitan apoyo», afirmó Luisa Cabal, directora regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe. «Cuando se producen emergencias, es imprescindible apoyar un liderazgo comunitario sólido y la coordinación con las autoridades. Esto puede marcar la diferencia para garantizar que nadie se quede atrás ni pierda el contacto con la atención que necesita».
La experiencia deja una lección más amplia que trasciende Colombia y Venezuela. Al apoyar la coordinación entre los actores locales cuando las emergencias alteran la vida cotidiana, ONUSIDA contribuye no solo a mantener la continuidad de la atención a las personas en situación de vulnerabilidad, sino también a reforzar la preparación ante futuras emergencias sanitarias, lo que demuestra que las lecciones de la respuesta al VIH siguen orientando esfuerzos más amplios para construir sistemas de salud resilientes y centrados en las personas.
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