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Los hospitales en Tailandia ofrecen entre tres y seis meses de provisiones de terapia antirretrovírica

25 Marzo 2020

Los hospitales tailandeses distribuirán dosis de entre tres y seis meses de terapia antirretrovírica con el objetivo de prevenir la falta de medicinas de las personas seropositivas y reducir la necesidad de acudir al sistema sanitario durante la pandemia de COVID-19.

Esta nueva política, respaldada por la Comisión Nacional del Sida y presidida por el viceprimer ministro de salud de Tailandia, se implementará en todo el país para reducir el riesgo de las personas que viven con el VIH a exponerse al COVID-19 y disminuir la carga del sistema sanitario y de su personal.

De hecho, ya se benefician de esta medida las personas seropositivas que reciben terapia antirretrovírica bajo el amparo del Servicio de Seguridad Sanitaria Nacional (por sus siglas en inglés, NHSO). Esto es, el 70% de todas las personas que viven con el VIH y reciben terapia antirretrovírica en el país. Los hospitales bajo el amparo del NHSO están extendiendo la duración de la prescripción de la terapia antirretrovírica para las personas con un estado estable de VIH; personas que han recibido la terapia antirretrovírica sin interrupción durante al menos un año, han suprimido la carga vírica, no han presentado efectos secundarios y no están embarazadas.

«El NHSO ha confirmado que dispone de suficientes provisiones antirretrovíricas para todas las personas seropositivas en tratamiento del país», afirmó Rataphon Triamwichanon, subsecretario general del NHSO.

«Los beneficiados del Sistema de Seguridad Social podrán obtener provisiones de terapia antirretrovírica para al menos entre tres y seis meses durante la pandemia de COVID-19», afirmó Amphan Thuwawitm, vicesecretario permanente del Ministerio de Trabajo.

A partir de octubre de 2020, el NHSO y el Sistema de Seguridad Social unificarán los criterios de prescripción del tratamiento bajo el Programa de Atención Sanitaria Universal para permitir la prescripción de provisiones de terapia antirretrovírica para seis meses a todas las personas aptas que viven con el VIH.

«ONUSIDA celebra el liderazgo de Tailandia y los esfuerzos colectivos de todos los asociados, que se traducen en la pertinente decisión de ofrecer provisiones de terapia antirretrovírica para varios meses con el fin de apoyar a las personas seropositivas», declaró Patchara Benjarattanaporn, directora nacional de ONUSIDA en Tailandia. Además, ONUSIDA trabaja codo con codo con el Ministerio de Salud Pública, el NHSO, el Ministerio de Trabajo y la Red Tailandesa de Personas que Viven con el VIH para promover la adopción de la misma política en todos los seguros médicos, incluyendo los hospitales privados.

«A través de nuestros miembros de la comunidad en Tailandia, supervisamos el trabajo para asegurar que los hospitales y el personal sanitario llevan a cabo la nueva política y ofrecen satisfactoriamente dosis mensuales de antirretrovíricos» afirmó Apiwat Kwangkeaw, presidente de la Red Tailandesa de Personas que Viven con el VIH. «Nuestros educadores de pares, como miembros del Centro de Atención Continuada, también han comenzado a concienciar a las personas seropositivas sobre el COVID-19 y a informar sobre las precauciones que deberían seguir para prevenir el contagio», añadió Apiwat.

El Centro de Investigación del Sida de la Cruz Roja de Tailandia (por sus siglas en inglés, TRCARC), una organización de la sociedad civil bajo el amparo de Cruz Roja Internacional, con apoyo de su alteza real la princesa Soamsawali, embajadora de buena voluntad de ONUSIDA para la prevención del VIH en Asia y el Pacífico, ha adoptado importantes medidas para garantizar el acceso a los servicios de prevención del VIH para poblaciones vulnerables.

«No queremos que la situación del COVID-19 se convierta en un desafío que disuada a la gente de realizarse la prueba del VIH. Entre las medidas que estamos poniendo en práctica, hemos instalado a las puertas de la clínica anónima una plataforma identificable que dispone de métodos de detención para cada usuario, donde se podrán tomar la temperatura y comprobar cualquier síntoma respiratorio. El personal de laboratorio y sus consejeros se han desplazado de la clínica a la plataforma, donde ofrecen pruebas del VIH y métodos de prevención como preservativos, profilaxis posterior a la exposición y profilaxis previa a la exposición (PPrE), cuando sean necesarios. Para aquellos que ya reciben PPrE, preparamos entregas a domicilio, que pueden pedir en línea», confirmó Nittaya Phanuphak, presidenta de prevención en TRCARC.

En consecuencia, todas las medidas adoptadas en Tailandia contribuirán a evitar cualquier posible cambio en la prevención del VIH, los servicios de pruebas y tratamiento durante la pandemia de COVID-19 con el objetivo de no dejar de lado a las personas que viven con el VIH y a los grupos de población clave.

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Hablando de revolución

24 Marzo 2020

No sorprende que el primer nombre de Birknesh Teferi signifique «revolución» en amhárico, la lengua que se habla en Etiopía. Irradia pasión y orgullo; es la viva imagen de la salud y del bienestar.

El camino que le ha llevado hasta este punto en su vida es sin duda revolucionario: una historia de resiliencia, esperanza y transformación. Ha vencido a la tuberculosis (TB), al cáncer de cuello de útero y vive con el VIH.

En 2003 a Teferi le diagnosticaron TB y VIH, en una época en la que en Etiopía la información sobre el VIH y sobre la salud sexual y reproductiva era escasa, y el estigma y la discriminación, altos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Etiopía es uno de los 48 países más afectados por la TB a escala mundial. En 2018, 165 000 personas enfermaron de TB, de las cuales 27 000 fallecieron. 2200 de estas muertes eran personas que vivían con el VIH.

Tras esperar los resultados durante 15 días, mientras los trabajadores sanitarios estaban de permiso, a Teferi le diagnosticaron el «positivo».

«Creí que eran buenas noticias. Abracé a la enfermera aliviada, justo antes de comunicarme que dar positivo en VIH significaba que tenía el virus», relató.

Teferi recibió el tratamiento recomendado por la OMS para la TB (el tratamiento directo observado, en inglés, DOTS), que curaba la TB, pero que no le ayudó a aceptar su estado seropositivo.

«Lo que siguió fue un período de dolor y de desesperanza... de esperar a la muerte», afirma recordando las secuelas de su diagnóstico.

Se considera a sí misma una «vagabunda». No reveló su estado serológico por la estigmatización y trabajó como profesional del sexo para llegar a fin de mes.

«Si el cliente traía condón, lo usábamos. Si no, no. Intenté usarlos, pero no tenía dinero para comprarlos. Así es cómo extendí una enfermedad de transmisión sexual».

Durante el tratamiento de la infección, a Teferi le diagnosticaron cáncer de cuello de útero y le derivaron de un centro de salud a otro, normalmente en distintas ciudades.

Finalmente, encontró a un médico «atento» y pudo operarse para tratar el cáncer. «Me dolía tanto que no podía sentarme. Me sentía abatida», recuerda.

Pero cuando comenzó el tratamiento contra el VIH en 2008, su vida empezó a cambiar poco a poco. Comenzó a cuidar más de sí misma. Insistió en usar condón con sus clientes.

Encontró un grupo de mujeres que vivían con el VIH de la Asociación Tilla de Mujeres Seropositivas en Awassa, Etiopía. La asociación se centra en el desarrollo de la capacidad y en la formación y el apoyo de las mujeres que viven con el VIH. Lidera un centro de bordado como actividad generadora de ingresos para las mujeres que viven con el VIH, donde Teferi trabaja ahora.

«Ahora ya no estoy a la deriva. La vida es mucho mejor. Si la gente siente que es posible vivir y trabajar, su vida puede cambiar», afirma.

Durante los ocho primeros meses de estancia en el centro, la directiva le asignó una voluntaria para ayudarla a recuperarse tras la operación. Por primera vez, obtuvo apoyo de otras mujeres que entendían qué significaba ser como ella.

Las mujeres y el centro me invitaron a ver una película sobre la vida con el VIH. «Aquella película me dio esperanza», afirmaba. «Comencé a informarme más sobre el VIH gracias a la directiva. Poco a poco me sentí aliviada, con mejores servicios médicos y Tilla me apoyó económica y emocionalmente».

Aunque Teferi está en tratamiento y se ha curado de TB, hay millones de personas en todo el mundo que aún carecen del acceso a la prevención y al tratamiento de ambas enfermedades. La tuberculosis continúa siendo la principal causa de muerte entre las personas que viven con el VIH.

En 2018 hubo 1,2 millones de muertes asociadas a la TB, 251 000 de las cuales fueron personas que vivían con el VIH. Esto significa una reducción del 60%, de las 620 000 en 2000. Entre 2000 y 2018, sólo el tratamiento de TB previno aproximadamente 48 millones de muertes en personas seronegativas; y el tratamiento de TB apoyado por la terapia antirretrovírica previno 10 millones de muertes adicionales. Sin embargo, el proceso es lento y necesita acelerarse para acabar con la TB a final de 2030, como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

«La TB puede curarse y prevenirse», afirmó Aeneas Chuma, Director del Equipo de apoyo regional de ONUSIDA para África oriental y meridional. «Es importante en este momento de la historia, en el contexto de la pandemia global del COVID-19, que nos aseguremos que las personas que viven con el VIH y con tuberculosis tengan un acceso ininterrumpido a los tratamientos de VIH y de TB. ONUSIDA está trabajando con gobiernos y comunidades asociadas para asegurar que nos adaptemos a un contexto sanitario que cambia rápidamente, con amabilidad, compasión y humanidad».

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Enfoques innovadores y potenciados por las personas para poner fin a las muertes por tuberculosis

25 Marzo 2020

Urge acercar a las comunidades programas efectivos y de calidad en materia de prevención, tratamiento y cuidado para la tuberculosis. Estos esfuerzos implican capacitar a las comunidades para que empiecen a utilizar servicios para la tuberculosis innovadores y basados en la comunidad, los cuales han demostrado tener un alto impacto y ser muy rentables.

Ha habido una movilización mundial sin precedentes para ayudar a los países a poner fin a la epidemia de la tuberculosis. Gracias a estos esfuerzos se logró que el tratamiento para la tuberculosis llegara a otros 7 millones de personas más en 2018, y desde el año 2010 también se ha conseguido reducir en un 52 % el número de muertes relacionadas con la tuberculosis entre las personas que viven con el VIH.

Se ha avanzado mucho hacia el objetivo que se fijó en la Reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la lucha contra la tuberculosis: conseguir que 6 millones de personas que viven con el VIH tengan acceso a los servicios de prevención de la tuberculosis para el año 2022. En 2018 1,8 millones de personas seropositivas iniciaron un tratamiento para la prevención de la tuberculosis, el cual reduce el riesgo de desarrollar tuberculosis activa.

Sin embargo, aún hay grandes cuestiones que resolver. Durante el año 2018, la tuberculosis se cobró 1,5 millones de vidas, entre ellas las de 251 000 personas que viven con el VIH, lo que representa un tercio de las 770 000 muertes de ese año relacionadas con el sida. En el mundo hay alrededor de 10 millones de personas con tuberculosis, y entre ellas un 9 % está coinfectado con el VIH. Aún estamos muy lejos de alcanzar el objetivo mundial de reducir las muertes por tuberculosis entre las personas que viven con el VIH en un 75 % para finales de 2020. Si bien en 2018 el número aproximado de nuevos casos de tuberculosis entre las personas que viven con el VIH era de 862 000 personas, solo el 56 % de todos ellos sabía que tenía tuberculosis. Menos de la mitad de las personas que viven con el VIH y que comenzaron con la terapia antirretrovírica en 2018 señaló haber empezado también un tratamiento preventivo para la tuberculosis.

Son cruciales, y se necesitan cada vez más, los enfoques centrados en las personas y basados en las comunidades que acercan cada vez más los servicios a quienes más los necesitan. Por ejemplo, como alternativa al tratamiento diario de seis meses de duración que se está poniendo en marcha en algunos países y que obliga a los pacientes a acudir a los centros de atención sanitaria para ser controlados por profesionales, el tratamiento directamente observado (DOT), muchos programas se están probando con tecnologías de adherencia digital.

El enfoque de la caja de medicación monitorizada consiste en que las medicinas del paciente deben estar una caja, y se envía a los centros sanitarios una señal cada vez que un paciente abre la caja para tomar sus medicinas para la tuberculosis. El método del vídeo DOT implica que los pacientes deben grabarse a sí mismos y enviar a diario a su centro sanitario un vídeo con una actualización de los medicamentos.

Estas tecnologías son fáciles de usar, reducen la cantidad de tiempo que las personas deben apartarse de sus actividades habituales y minimizan también los costes derivados del transporte diario a las clínicas. Dan autonomía a las personas y las capacitan para ocuparse de su tratamiento y su salud en casa, al tiempo que siguen muy supervisadas para garantizar así la adherencia al tratamiento. Gracias a estos avances, se facilita también el acceso a los grupos más vulnerables y se consigue reducir el estigma.

La prueba de lipoarabinomanano en orina de flujo lateral (LF-LAM) es un test rápido recomendado por la Organización Mundial de la Salud que permitirá un cambio radical a la hora de detectar la tuberculosis activa en personas que viven con el VIH. Gracias a esta técnica, la prueba se puede realizar a niños y adultos en instalaciones sanitarias y centros de la comunidad. Hasta la fecha, sin embargo, solo siete de 30 países con una gran carga están implementando los test LF-LAM.

Gracias a nuevas políticas y reducciones en el precio, cada día se encuentran también más disponibles tratamientos para la tuberculosis más breves, como la pauta de administrar rifapentina con isoniazida semanalmente durante tres meses. Se trata de terapias con menos efectos secundarios que los tratamientos largos y con las que aumentan las tasas de no abandono de la medicación. Las comunidades desempeñan un papel clave a la hora de apoyar a las personas que viven con el VIH a iniciar y terminar su tratamiento preventivo para la tuberculosis, supervisar los efectos secundarios y buscar ayuda en cuanto aparecen los primeros síntomas de tuberculosis.

«Especialmente en este momento que coincide con el brote de COVID-19, hemos de avanzar hacia modelos innovadores que permitan a las personas continuar sus cuidados en casa. Esto significa que hemos de velar por la calidad y apoyar el que las personas puedan acceder de manera virtual, por teléfono y en la comunidad. Implica modelos de prestación de servicios que reconozcan y respondan a las dificultades diarias presentes en las vidas de las personas y que pongan directamente en sus manos las herramientas para alcanzar el éxito. Capacitemos a las personas para estar conectadas, continuemos cuidándolas y velando por su acceso a apoyos adicionales, entre los que están las instalaciones, en los casos en que más importan», señala Shannon Hader, Directora Ejecutiva Adjunta del Programa de ONUSIDA.

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Cadenas de amabilidad y solidaridad durante el brote de COVID-19

20 Marzo 2020

Para Liu Jie, delegada de movilización comunitaria en la delegación china de ONUSIDA, recibir llamadas a todas horas del día no es lo normal. A causa del brote de COVID-19 en China, la sede entera ha estado ayudando a las personas que viven con el VIH a seguir teniendo acceso al tratamiento. Especialmente en la provincia de Hubei, donde se informó de los primeros casos de la pandemia. Hace poco, Liu quedó soprendida al recibir una llamada desde Polonia.

«Un hombre chino se presentó diciendo que estaba retenido y que en dos días se le acabarían los medicamentos para el VIH», asegura Liu.

Debido a que las restricciones para viajar estaban cerrando cada vez más países, este hombre no podía volver a su casa ni acceder a los medicamentos. Al no saber que hacer, contactó con la organización comunitaria china Birch Forest National Alliance y, a través, de ellos pudo contactar con ONUSIDA en Beijing, afirma.

Como tantas otras personas en el extranjero, este hombre se quedó atrapado a raíz de las consecuencias surgidas por el brote de COVID-19. Unos días antes, la delegación nacional de ONUSIDA en China había ayudado a tener acceso a sus medicamentos a otra persona china que vivía con el VIH mientras estaba retenida en Angola. En ambos casos, los compañeros en Beijing contactaron con las delegaciones nacionales de ONUSIDA y con el equipo de movilización comunitaria en Ginebra, Suiza. El director nacional de ONUSIDA en Angola contactó con la Red Angoleña de Organizaciones de Servicios para el Sida y esta persona obtuvo de inmediato acceso a sus medicamentos.

En el caso de Polonia, Jacek Tyszko, polaco de nacimiento y parte del equipo de movilización comunitaria, supo qué hacer exactamente.  «Como habíamos permanecido en contacto con redes regionales de personas que viven con el VIH en Europa Central y Oriental, hice una llamada», afirma Tyszko.

Anna Marzec-Boguslawska, jefa del centro nacional para el sida en Polonia, accedió a ello rápidamente. Ella siempre ha sido muy atenta, lo cual nos permite movernos con rapidez.  Liu recibió 24 horas después una foto de un hombre con una caja de medicamentos en frente de un edificio gris. Unos minutos después, le sonó el teléfono.

«Era el mismo hombre chino llamando de nuevo desde Polonia», relataba. «Estaba llorando de alegría, diciendo que había recibido sus medicamentos y que esta es una foto suya de hace un momento.»

«Él insistía en que no podía creer cómo habíamos hecho lo imposible», afirma.

Bai Hua, director de Birch Forest National Alliance, también le dio las gracias a ONUSIDA. «Este caso demuestra que ONUSIDA tiene un arraigo dentro de las comunidades», Afirma Hua.

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Las organizaciones comunitarias en Noruega aseguran la salud, la dignidad y los derechos

17 Marzo 2020

Para la directora ejecutiva de ONUSIDA Winnie Byanyima, el trayecto en autobús de esta mañana fue muy diferente, ya que se montó en el autobús de la hepatitis en Oslo, Noruega, para saber más acerca de ProLAR, una organización que ayuda a las personas que consumen drogas. ProLAR ofrece varios servicios, entre los que se encuentran terapias de sustitución de opiáceos y pruebas del VIH y de la hepatitis C. Además, reclama activamente cambios en la política, en materia de drogas, y promueve políticas fundadas en hechos que involucren a las comunidades afectadas.

«Damos la bienvenida a las personas que consumen drogas a este espacio seguro y acogedor en el que podemos hablar , conocernos los unos a los otros y realizar las pruebas que sean necesarias», explica Ronny Bjørnestad, director ejecutivo de ProLAR.

De acuerdo con el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, aproximadamente 9000 personas que se inyectan drogas vivían en Noruega en 2019, muchos en Oslo y en Bergen, las dos ciudades más pobladas. Por ello, el Gobierno noruego presentó en 2015 un nuevo plan de acción que abordaba el consumo de sustancias y las adicciones, y que priorizaba la prevención, la intervención precoz, el tratamiento y el cuidado posterior para las personas que consumen drogas. El Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades informó de que en 2018 solo hubo seis nuevos diagnósticos entre los usuarios de drogas inyectables en Noruega.

Byanyima también visitó Sjekkpunkt, un servicio anónimo y gratuito en Oslo, dirigido a hombres homosexuales y a hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, en el que se pueden realizar pruebas para el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Rolf Martin Angeltvedt, director de Helseutvalget, afirmó que «El puesto de control nunca negará la entrada a alguien que quiera hablar y realizarse la prueba , que es gratuita, anónima y rápida».

En los últimos años, en Noruega han disminuido a ritmo constante las nuevas infecciones por el VIH entre hombres homosexuales y entre los hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres. De hecho, en 2018 el método más frecuente de transmisión del VIH en Noruega fue la transmisión heterosexual.

Tras la visita a Sjekkpunkt, Byanyima se reunió con representantes de organizaciones de la sociedad civil que trabajan en Noruega para ayudar a las personas afectadas por el VIH y que viven con él. Trataron temas como el trabajo sexual, el chemsex, la tercera edad, la juventud, las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intergénero, y la migración. En Noruega, las organizaciones de la sociedad civil desempeñan un papel fundamental a la hora de abordar la epidemia de sida, ya que apoyan la prevención, el tratamiento y la atención.

«Es clave el liderazgo en redes y organizaciones dirigidas por compañeros que trabajan para ayudar a las personas afectadas por el VIH y que viven con él. Ahora más que nunca el papel de la sociedad civil es esencial para romper las barreras en la salud, la dignidad y el disfrute de los derechos humanos. Les animo a que construyan puentes con organizaciones de sociedades civiles de otras regiones del mundo, porque  debemos trabajar juntos para invertir la alarmante tendencia de reducción del espacio y de falta de financiación para la sociedad civil. De otra manera, no conseguiremos alcanzar el objetivo de poner fin a la epidemia del sida en 2030», afirmó Winnie Byanyima.

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ONUSIDA, una organización líder en igualdad de género

13 Marzo 2020

Varias organizaciones activas en el sector de la salud han elaborado un informe sobre el progreso conseguido en los últimos 12 meses para implementar políticas que fomenten la igualdad de género, la no discriminación y la inclusión en el lugar de trabajo. Una vez más, ONUSIDA ha sido clasificada como una organización con una «puntuación muy alta».

Entre los cuerpos de salud mundial se incluyen donantes, organizaciones no gubernamentales, organizaciones corporativas y otras con presencia en al menos tres países; ONUSIDA se encuentra entre 13 de los 200 calificados con las puntuaciones más altas.  Asimismo, designaron a otras 27 organizaciones con una «puntuación alta».

«Me siento orgullosa de que se considere a ONUSIDA inclusiva y con perspectiva de género», afirmó Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA. «Pero debemos continuar ampliando estos resultados, ya que nos queda mucho trabajo por delante».

Los investigadores evaluaron el género y la geografía del liderazgo de la salud mundial y la disponibilidad de políticas de género y diversidad en el lugar de trabajo. También valoraron si las organizaciones abordaban tanto el papel fundamental del género en sus programas de inversión en salud como las prioridades relacionadas con la salud.

Tras identificar los progresos para la igualdad de género en 200 organizaciones, el informe advierte de que la velocidad del cambio es demasiado lenta y prevé que llevará más de 50 años conseguir la paridad en los niveles más altos de las organizaciones de salud mundial.

«Muchas de las 200 organizaciones que analizamos no alcanzan las medidas de igualdad que afirman mantener». Más del 70 % de los directores ejecutivos y de los presidentes son hombres, mientras que solo el 5 % son mujeres de países de renta media y baja», afirmó Sarah Hawkes, cofundadora de Global Health 50/50 y catedrática de Salud pública mundial en el University College de Londres.

Power, people and priorities (Poder, personas y prioridades) es el tercer informe de Global Health 50/50. Los anteriores también han incluido a ONUSIDA como líder en género entre los nueve primeros de 140 organizaciones en 2018 y entre los 14 primeros de casi 200 organizaciones en 2019.

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La prestación de servicios para el VIH dirigidos a grupos marginados en Papua Nueva Guinea

11 Marzo 2020

Papua Nueva Guinea cuenta con aproximadamente 45 000 personas que viven con el VIH. Los grupos marginados son los más afectados; entre ellos se encuentran las trabajadoras sexuales y otras mujeres que intercambian sexo por dinero, bienes y protección, mujeres transgénero, hombres homosexuales y otros hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres. Sin embargo, solo se ha comprobado el estado serológico de menos de la mitad de las personas que pertenecen a estos grupos vulnerables.

En noviembre de 2018, ONUSIDA, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria y otros asociados adoptaron un programa de divulgación en la capital del país, Puerto Moresby, para intentar reducir el impacto del VIH entre esos grupos de población. El programa consistía en el mapeo de la epidemia de VIH y en la extensión de su tratamiento y de los servicios de prevención. Bajo el proyecto, se crearon numerosos equipos de divulgación con el fin de fomentar y aumentar la aceptación de los servicios de pruebas y prevención, además de, si fuera necesario, acercar a la gente la prevención del VIH y los servicios de atención.

En abril de 2019, los equipos de divulgación habían contactado con 5000 personas y habían realizado las pruebas del VIH a 3000 de ellas, a las que ofrecían información y apoyo para que entendieran los resultados.

«Me gustaría que fuéramos a sitios nuevos en los que nunca se hayan ofrecido pruebas del VIH», afirma uno de los miembros de los equipos. «Mi motivación es conocer a las chicas jóvenes y cuidarlas asegurándome de que toman su medicación».

A veces los agentes de divulgación sufren acoso mientras llevan a cabo su trabajo, por lo que se cambian los uniformes y visten ropa de calle, para que la gente se sienta cómoda hablando con ellos.  Pese a esto, encuentran su trabajo sumamente gratificante.

«He perdido amigos por el VIH, lo que me motiva a seguir con mi trabajo», afirma otro de los agentes. «No querer perder a nadie más por esta enfermedad me hace trabajar más duro».

Al frente de los equipos de divulgación están miembros de grupos marginados, una parte esencial para establecer la confianza de la comunidad y el compromiso. Asimismo, estos responsables ofrecen formación, apoyo y consejo a los trabajadores en el día a día, con el objetivo de asegurarse de que las actividades que desempeñan son lo más eficaces posible.

De esta manera, el proyecto de divulgación está salvando vidas. Otro agente recuerda su trabajo con una persona transgénero, a la que convenció de que empezara el tratamiento tras dar positivo en las pruebas del VIH. 

«Me dijo que como era transgénero, solo hablaría con un amigo y que, cuando me vio, supo que era su amigo». Más tarde, trajo a su pareja para que se realizara las pruebas».

«Esto es un ejemplo de lo que se puede conseguir cuando confiamos en los servicios y en los programas para el VIH dirigidos por la comunidad», declaró Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA, en una conversación con los agentes de divulgación durante su visita a Papua Nueva Guinea con la vicesecretaria general de ONUSIDA, Amina Mohammed. «Estos agentes son héroes y heroínas que salvan vidas».

Además, el proyecto de divulgación es rentable económicamente y se prevé que ahorrará cientos de miles de dólares en los próximos dos años.

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Mozambique: la ayuda a las personas que viven con el VIH para su reincorporación al tratamiento

11 Marzo 2020

Fotos: UNAIDS/P.Caton

Ha pasado un año desde que el ciclón Idai llegó a la provincia de Sofala, Mozambique. Allí, uno de cada seis habitantes está viviendo con VIH.  El ciclón provocó inundaciones devastadoras que arrasaron hogares, bienes, documentos y medicinas y destruyeron o dañaron gravemente centros de salud de toda la provincia; como consecuencia,  miles de personas fueron desplazadas.

ONUSIDA ha respondido ayudando a restablecer programas de apoyo comunitario para encontrar a miles de personas que dejaron de recibir tratamiento para el VIH. Para ello han contado con la colaboración de autoridades nacionales y provinciales, incluido el Ministerio de Salud de Mozambique. El objetivo es garantizar que estas personas hayan recibido el apoyo necesario para restablecer su tratamiento y seguir recibiéndolo.

ONUSIDA proporcionó bicicletas a voluntarios de la comunidad y activistas del VIH para ayudarles a contactar con las personas afectadas por las inundaciones y con aquellas que perdieron sus programas de tratamiento.

Los activistas de la comunidad se desplegaron en las zonas afectadas por el desastre.

Pedro José Henriques, de 14 años, perdió todo cuando llegó el ciclón, incluso su medicación y su carnet de identidad. Los activistas de la comunidad apoyados por ONUSIDA le ayudaron a recibir un nuevo carnet de identidad para que pudiese registrarse de nuevo en el centro de salud y recibir nuevos medicamentos antirretrovíricos.

«Estaba muy feliz de recibir mis nuevas medicinas», afirma. «Cuando los activistas nos encontraron no nos quedaba nada. Al menos ahora mi abuela y yo tenemos donde quedarnos y, aunque no sea mucho, es mejor que dormir a la intemperie».

Rita Manuel es una mujer con discapacidad y vive con el VIH al igual que su marido. Cuando perdieron a sus dos hijos por enfermedades relacionadas con el sida, decidieron dejar de tomar sus medicamentos para el VIH.  Perdieron las ganas de vivir.  

Tras el ciclón, los activistas del programa de seguimiento de las personas que se habían quedado sin tratamiento visitaron tres veces a la pareja. Finalmente, Manuel y su marido accedieron a acudir al centro médico y volver a tomar su medicación.

Los activistas pertenecen a una asociación denominada Kupulumussana, que se traduce como «nos apoyamos los unos a los otros».

En la actualidad, Manuel está incluso participando en algunas de las actividades de la asociación. «No estoy verdaderamente contenta porque desearía haber conocido este tratamiento para mis hijos», afirma, «pero estoy agradecida de estar viva, tener gente apoyándome y de que la situación haya mejorado».

Peter Joque pertenece también a una asociación para ayudar a los afectados por el desastre. La asociación Kuphedzana le ayudó a recuperarse y a reconstruir su hogar tras el ciclón.

Esto le motivó a ayudar en la búsqueda de personas que necesiten medicamentos contra el VIH. Utiliza los registros de los hospitales para buscar a personas que fueron desplazadas y,

 cuando da con ellas, dedica tiempo a hablarles sobre la importancia de seguir recibiendo tratamiento. La estrategia de Joque de ir de puerta en puerta le llevó a localizar a 40 personas que viven con el VIH y a convencerlas de retomar la terapia antirretrovírica. 

«Hablar con alguien cara a cara hace que sea más fácil convencer a la persona para que vuelva al centro de salud», afirma. «El estigma y la discriminación siguen planteando desafíos para las comunidades».

El personal sanitario como Alfredo Cunha, trabajador en  el centro de salud de Macurungo, trata a todos los pacientes con dignidad y respeto y  todo el mundo recibe la mejor atención posible.

Sowena Lomba perdió a su marido en 2014 a causa de una enfermedad relacionada con el sida. Cuando ella empezó a enfermar, pensó que había contraído la malaria, pero cuando se hizo la prueba del VIH, los resultados dieron positivo. Durante las inundaciones perdió su carnet de identidad y no pudo seguir recibiendo tratamiento, pero los activistas le ayudaron a recibir una documentación nueva y a retomar el tratamiento.

Lomba afirma estar agradecida de estar viva por el bien de sus hijos, Evalina y Mario.

En los últimos 12 meses, los activistas de la comunidad ya han ayudado a más de 20 000 personas a retomar el tratamiento. Afirman que no se detendrán hasta haber encontrado a todas las personas que dejaron de recibir tratamiento, incluidas aquellas personas que lo necesitaban con anterioridad a los eventos catastróficos de marzo de 2019.

«Seguimos trabajando en ello y no nos detendremos hasta que todas las personas que viven con el VIH reciban tratamiento y atención», dice uno de los activistas.

 

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La verificación de datos sobre el VIH en el distrito de la capital nacional de Papua Nueva Guinea

06 Marzo 2020

Durante seis semanas, dos equipos cubrieron 12 clínicas de VIH en una misión de verificación de datos en Papua Nueva Guinea. ONUSIDA se unió al grupo de trabajo técnico de información estratégica en el distrito de la capital nacional, que incluye Puerto Moresby, para inspeccionar los informes de las clínicas y ver si encajan con los informes del Departamento Nacional de Salud.

«La evaluación de la calidad de los datos forma parte del plan de monitorización y evaluación del país para garantizar la calidad de los datos y para dar parte de la respuesta al sida», explica Zimmbodilion Mosende, asesor de información estratégica de ONUSIDA Papua Nueva Guinea.

Bajo la dirección de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), los dos equipos de 12 integrantes se dividieron en grupos más pequeños para encontrar el número de nuevas personas registradas como inscritas en la terapia antirretrovírica, de personas que no regresan a las clínicas y el porcentaje de personas que vuelve a reabastecerse.  Además, los grupos registraron información sobre, por ejemplo, la edad y el sexo de cada persona.

Los voluntarios de grupos de la sociedad civil, de ONGs internacionales, de asociados para el desarrollo y de delegaciones de enlace claves para el gobierno sumaban un total de casi 5000 personas en los registros.

Papua Nueva Guinea posee la incidencia y prevalencia de VIH más alta de la región del Pacífico. El país, de 8,4 millones de habitantes, cuenta con el 95% de los casos registrados de VIH de la región. Hay aproximadamente 45 000 personas que viven con el VIH en el país, de las cuales el 65 % recibe terapia antirretrovírica.

Los grupos intentaron averiguar si había discrepancias en los datos, y por qué. Albert Arija, especialista en monitorización y evaluación de USAID, describió las razones de las discrepancias, que van desde la falta de personal, lo que conlleva la reducción del tiempo disponible para llenar todos los registros, a los datos incorrectos en las entradas o a la malinterpretación de la información. Por el miedo al estigma y a la discriminación, algunos clientes no quieren dar información personal.

Otro dato clave que faltaba eran las fechas de nacimiento. «Muchas personas en Papua Nueva Guinea no pueden recordar su fecha de nacimiento exacta», afirma Arija.

El grupo de trabajo técnico aboga por el uso de formularios electrónicos y de registros a tiempo real. «Puesto que los formularios actuales de la terapia antirretrovírica son en papel, existen riesgos riesgos asociados a la calidad de parte de los datos potenciales, incluyendo los errores humanos de entrada y procesamiento de datos», afirma Mosende.

En general, la mayor parte de las clínicas gozan de un procesado de datos de buena calidad, según afirman los equipos de evaluación. Esperan simplificar el proceso completo para ampliar la verificación de datos a todo el país.

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Alzando las voces de las mujeres que están al frente de la acción contra el cambio climático

05 Marzo 2020

La región del pacífico cuenta con una de las mayores tasas de violencia de género. Un estudio nacional señala que el 72% de las mujeres de las Islas Fiji ha experimentado violencia de género, mientras que la media mundial se sitúa en el 35%. Las mujeres de la región también tienen un bajo índice de representación en los puestos de liderazgo: de los 560 miembros del parlamento del Pacífico, 48 son mujeres y, de ellas, 10 son de las Fiji.

Además, a estas repercusiones socioculturales también se añade la emergencia climática. En respuesta, las mujeres del Pacífico están reclamando una mayor participación en la toma de decisiones vinculadas a la acción contra el cambio climático, para así estar plenamente involucradas.

Durante su programa de posgrado en estudios de desarrollo, la activista fiyiana por la justicia climática Koman Narayan quedó fascinada al ver cómo el cambio climático se solapaba con la ética y la política. «Los efectos del cambio climático los sufren más las personas que menos responsables son de haberlos provocado», explicaba. Esto le motivó a ser más activa y a dar voz al asunto, participando así en la vigésimo tercera sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania, en 2017 junto con otros delegados jóvenes de Fiji.

«Mi meta en la vida es ser parte de una sociedad centrada en abordar el cambio climático, así como animar y motivar a otros jóvenes para que se involucren en el asunto, ya que creo que este tema no es algo que nos ataña sólo a usted o a mí, sino a todo el Pacífico», afirmaba Narayan.

Narayan también fue una de las ganadoras del «Green Ticket» de la Cumbre de la Juventud sobre el Clima de las Naciones Unidas en septiembre de 2019, en la que participó en un diálogo dirigido por jóvenes con el secretario general de las Naciones Unidas.

«Como dadoras de vida, madres dedicadas, hermanas atentas, miembros clave de la familia y participantes activas en el desarrollo socioeconómico, nosotras, las mujeres, tenemos el poder de impulsar el movimiento climático global», afirmaba Narayan. «Es cuestión de tiempo que las mujeres y las niñas consigan la igualdad de oportunidades y un acceso igual a los recursos y a la tecnología, para así poder abordar la justicia climática. Los países, en especial los gobiernos y la sociedad civil, deberían desempeñar un papel fundamental en todo esto». 

AnnMary Raduva es una estudiante de 11 años de la escuela secundaria Saint Joseph, en Suva, Fiji, y cree que la justicia climática debe reconocer la conexión entre los humanos y el medio ambiente, así como nuestra vulnerabilidad si no tomamos acción de inmediato.

«En la región del Pacífico, nuestras comunidades indígenas dependen directamente de la riqueza ecológica para subsistir, también económicamente. Esta dependencia hace sensibles a los nuestros para con las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos, por lo que no podemos ignorarlos. Tenemos una relación cercana con lo que nos rodea, así como una conexión espiritual y profunda con el medio ambiente y con el océano. Esta relación nos ha hecho anticiparnos, prepararnos y responder a las consecuencias del cambio climático» afirmó Raduva.

En 2018 escribió al primer ministro de Fiji para pedirle que revisara la Ley de Residuos de Fiji de 2008, para tipificar el lanzamiento de globos como liberación de residuos en Fiji. Raduva no tardó en darse cuenta de que hablar de lanzamiento de globos no era suficiente, y de que debía encontrar alternativas respetuosas con el medio ambiente para potenciar su mensaje. Pronto se le ocurrió la idea de plantar manglares por toda la zona costera de Suva.

Desde 2018, ha llevado a cabo seis actividades de plantación y han plantado más de 18 000 manglares. En septiembre de 2019, fue invitada a Nueva York (Estados Unidos de América) para la marcha por la justicia climática de Unidos por la Justicia Climática. Esta iniciativa está organizada por la Fundación para los Estudios Europeos Progresistas.  Mostró su solidaridad por las comunidades indígenas que están al frente de la acción contra el cambio climático, que amenaza a la región del Pacífico.

Como joven activista, Raduva se ha enfrentado a la discriminación y la han tachado de ser una chica «joven e ingenua». Le dijeron que no podía hablar del cambio climático porque el activismo es cosa de chicos y de adultos. Sin embargo, Raduva cree que asegurar la participación de las mujeres, de los niños y de las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales, y de otros grupos minoritarios en la acción contra el cambio climático es una prioridad para cualquier institución u organización que aspire a defender esta lucha.

Varanisese Maisamoa es una superviviente del ciclón Winston, que en 2016 resultó ser uno de los desastres naturales más severos que Fiji había experimentado. En 2017, conformó la Asociación de Vendedores del Mercado Rakiraki, en cooperación con el proyecto Mercados para el Cambio de ONU Mujeres: «Queremos empoderar a nuestros vendedores de mercado para que puedan sobreponerse a la situación climática.», comentó. La capacitación en liderazgo de ONU Mujeres le dio seguridad a la hora de hablar sobre los asuntos que afectaban a los vendedores de mercado, y a negociar con la gestión del consejo de mercado.

Maisamoa representó a su asociación en el diseño de la reconstrucción del mercado de Rakiraki, que ahora posee una infraestructura resistente a ciclones de categoría 5, un sistema de recogida de agua, un drenaje resistente a las inundaciones y un diseño con perspectiva de género.

Narayan, Raduva y Maisamoa son algunas de las mujeres del Pacífico que están presionando para que su voz se oiga y para la inclusión de las mujeres y de las niñas en la acción climática. Su activismo está ayudando para reducir la discriminación contra las mujeres y contra las niñas, que resulta en una desigualdad que las hace más propensas a los riesgos derivados de los desastres, a la pérdida de sus medios de vida y a construir una resistencia para que las mujeres se adapten a los cambios en el clima.

La historia de Maisamoa se ha publicado de nuevo con el permiso del proyecto Mercados por el Cambio, de ONU Mujeres, que es una iniciativa multinacional segura, inclusiva y no discriminatoria para los mercados de las áreas rurales y urbanas de Fiji, de las Islas Salomón y de Vanuatu, y que promueve la igualdad de género y el empoderamiento económico de la mujer. Implementada por ONU Mujeres, Mercados por el Cambio está fundada principalmente por el Gobierno de Australia y, desde 2018, la asociación del proyecto se ha ampliado para incluir la financiación del Gobierno de Canadá. El Programas de las Naciones Unidas para el Desarrollo está asociado al proyecto.

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