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Municipalidad de Lima firmó la Declaración de París para tomar acciones aceleradas a nivel municipal para mejorar la calidad de vida de las personas con VIH

18 Diciembre 2020

En conmemoración del Dia Mundial del SIDA 2020, la Directora de la Oficina del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH/Sida (ONUSIDA) en el Perú, la Dra. Andrea Boccardi Vidarte y el Sr. Jorge Muñoz Wells, Alcalde de la Municipalidad Metropolitana de Lima, firmaron la Declaración de París para tomar acciones aceleradas a nivel municipal a fin de mejorar la calidad de vida de las personas con y afectadas por el VIH en la ciudad de Lima y contribuir al alcance de la meta global de terminar con el SIDA como problema de salud pública para el 2030, y cumplir con el Objetivos de Desarrollo Sostenible 3.3 y 17. La municipalidades peruanas de Lima y Callao – la cual también firmó la Declaración de Paris en julio de este año – concentran el 30% de la población del país y el 70% de casos de VIH notificados en Perú hasta la fecha.

Los gobiernos municipales se encuentran en una situación privilegiada para acelerar las acciones locales para ponerle fin a las epidemias del VIH, tuberculosis,  hepatitis viral y COVID-19 en todo el mundo para el año 2030.

Esta declaración que ha sido firmada por más de 300 ciudades y municipalidades desde 2014, incluye diez compromisos destinados a facilitar el acceso a servicios de prevención, tratamiento, atención y apoyo de calidad que salve y mejore la calidad de vida de personas con el VIH y afectadas por la tuberculosis (TB) y hepatitis viral, migrantes y poblaciones marginalizadas y vulnerables al VIH en el contexto de la epidemia de la COVID-19. Integrar estos servicios con los de salud sexual, reproductiva y mental es fundamental para lograr el acceso universal a la atención médica.

En el año 2020, la COVID-19 ha puesto sobre la mesa una vez más que la salud se interrelaciona directamente con la desigualdad, el respeto por los derechos humanos, la igualdad de género, la protección social y el crecimiento económico.

En el Dia Mundial del Sida, la Municipalidad de Lima se une a los esfuerzos para no dejar nadie atrás en la respuesta al VIH como lo expresa el lema de este año Solidaridad mundial, responsabilidad compartida.

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Imágenes de cómo ONUSIDA está apoyando a la respuesta al VIH durante la COVID-19

03 Diciembre 2020

Desde el principio de la pandemia, ONUSIDA ha estado ayudando a las personas que viven con el VIH o están afectadas por él a soportar las consecuencias de la COVID-19.

En enero y febrero, cuando la COVID-19 obligó a llevar a cabo un confinamiento en Wuhan (China), la Delegación Nacional de ONUSIDA en China empezó a recibir mensajes en redes sociales de personas que vivían con el VIH que expresaban su frustración y buscaban ayuda.

Un estudio sobre las personas que viven con el VIH en China diseñado y efectuado conjuntamente por ONUSIDA descubrió en febrero que el brote de COVID-19 estaba teniendo grandes repercusiones en las vidas de las personas que vivían con el VIH en el país: casi un tercio de ellas expresaron que, a causa de los confinamientos y las restricciones a la movilidad en algunos lugares en China, estaban en riesgo de que se les acabaran sus tratamientos contra el VIH en los siguientes días.

Los confinamientos también tuvieron como consecuencia que las personas que vivían con el VIH que se habían desplazado lejos de sus ciudades no pudieran volver a sus lugares de residencia y acceder a los servicios para el VIH, incluyendo los tratamientos, de sus proveedores de atención sanitaria habituales.

La Delegación Nacional de ONUSIDA en China trabajó con la alianza BaiHuaLin y otros asociados de la comunidad para llegar urgentemente a las personas en riesgo de quedarse sin medicinas, para asegurar que las consiguieran. Para finales de Marzo, las recogidas y entregas por correo de medicamentos para el VIH organizadas por ONUSIDA ya habían llegado a más de 6000 personas en Wuhan. ONUSIDA también donó equipos de protección individual a organizaciones de la sociedad civil que proporcionaban servicios a personas que vivían con el VIH, a hospitales y a otros para ayudar en las primeras fases del brote.

Pero la Delegación Nacional de ONUSIDA en China no solo ayudó a personas en su país. Liu Jie, la responsable de Movilización Comunitaria de la Delegación Nacional de ONUSIDA en China, se sorprendió al recibir una llamada de Polonia en marzo. «Un hombre chino se presentó y dijo que estaba atrapado y se iba a quedar sin medicina para el VIH en dos días», explicó.

Como las restricciones para viajar cerraban cada vez más países, el hombre no podía ni regresar a casa ni acceder a los medicamentos. Al no saber qué hacer, contactó con una organización comunitaria china y, a través de ella, con ONUSIDA, en Pekín. Tras una serie de llamadas, el Centro Nacional contra el Sida en Polonia hizo el resto: 24 horas más tarde, la Sra. Liu recibió una foto del mismo hombre que le había llamado en la que sujetaba una caja de medicina para el VIH.

El hombre atrapado en Polonia no fue el único ejemplo de la ayuda de ONUSIDA a conseguir el tratamiento a las personas que lo necesitaban. Para mayo, ONUSIDA ya había ayudado a cientos de personas atrapadas a obtener medicamentos para el VIH en países de todo el mundo.

Un día antes de cuando Deepak Sing (nombre ficticio) planeaba volver a la India, se detuvo toda la movilidad internacional y se quedó atrapado en Luanda, Angola. «Fui a más de diez farmacias y exploré las opciones de envío de medicamentos antirretrovirales desde la India hasta Angola, pero no tuve éxito», aseguró. El director nacional de ONUSIDA para Angola dirigió al Sr. Sing al Instituto Nacional de Lucha contra el Sida de Angola, que organizó una reunión telefónica con un médico, ya que una de las medicinas que tomaba el Sr. Sing no se utilizaba todavía en el país. El médico propuso un sustituto y, en menos de 24 horas, el Sr. Sing recogió su medicación.

En las fases tempranas de la pandemia de COVID-19, se observó que una forma de garantizar que las personas que vivían con el VIH pudieran seguir teniendo acceso a sus medicinas, y evitar el riesgo de transmisión del nuevo coronavirus, era asegurarse de que las personas que vivían con el VIH recibieran un suministro para varios meses de su tratamiento.

Uno de los primeros países en adoptar la dispensación multimensual fue Tailandia, que anunció a finales de marzo que iba a suministrar la terapia antirretroviral en dosis para entre tres y seis meses a los beneficiarios del Sistema de Seguridad Social. Tras la decisión, ONUSIDA trabajó estrechamente con el Ministerio de Salud Pública y otros asociados para abogar por que todos los seguros sanitarios adoptaran la misma política.

ONUSIDA ha apoyado a países de todo el mundo para garantizar que las personas que viven con el VIH tengan acceso a suministros de tratamiento contra el VIH para varios meses. Por ejemplo, en Senegal, en mayo, las debilidades en la cadena de suministro, incluyendo estimaciones inadecuadas de las necesidades de terapia antirretroviral en algunas clínicas y los suministros irregulares centralmente hicieron que no todas las personas que necesitaban tales suministros los recibieran. ONUSIDA respaldó al gobierno a la hora de realizar el seguimiento de los pedidos de medicamentos antirretrovirales y fortalecer la cadena de suministro.

Un grupo de modelización convocado por la Organización Mundial de la Salud y ONUSIDA estimó en mayo que, si no se hacían esfuerzos para mitigar y superar las interrupciones en los servicios y los suministros sanitarios durante la pandemia de COVID-19, una perturbación de los tratamientos antirretrovirales que durase seis meses podría provocar más de 500 000 fallecimientos adicionales por enfermedades relacionadas con el sida. Además, los avances en la prevención de la transmisión maternoinfantil del VIH podrían deshacerse, por lo que las nuevas infecciones por el VIH entre niños podrían aumentar en un 162 %.

Seguir las recomendaciones de distanciamiento físico e higiene para luchar contra el nuevo coronavirus resulta especialmente difícil para algunas comunidades. En abril, el Equipo de Apoyo Regional de ONUSIDA para África Oriental y Meridional y Reckitt Benckiser unieron sus fuerzas para distribuir más de 195 000 paquetes higiénicos entre personas que vivían con el VIH en la región de África oriental y meridional. Los paquetes estaban compuestos de suministros para tres meses del jabón antiséptico Dettol y del limpiador de superficies Jik. Fueron distribuidos en 19 países a través de las delegaciones nacionales de ONUSIDA y redes de personas que vivían con el VIH como parte de los esfuerzos enfocados en reducir la exposición al impacto de la COVID-19 entre personas que vivían con el VIH.

Kirguistán experimentó la declaración del estado de emergencia en algunas regiones en marzo, lo que resultó en una pérdida de ingresos para muchas personas. La Delegación Nacional de ONUSIDA en Kirguistán, con el apoyo de un programa de asistencia técnica ruso, organizó la entrega de paquetes de alimentos a las familias de personas que vivían con el VIH, junto con libros de colorear, rotuladores y acuarelas para los hijos de personas que vivían con el VIH, a fin de ayudarlos a sobrellevar el confinamiento. «Esperamos que esta pequeña ayuda permita de alguna manera que las personas que viven con el VIH sigan con el tratamiento», dijo la directora de ONUSIDA para Kirguistán en su momento.

La delegación nacional de ONUSIDA para Angola impulsó sus asociaciones para abastecer a miles de personas en Luanda con cestas de alimentos. ONUSIDA y sus asociados proporcionaron apoyo a las mujeres que se inyectan droga en campos y asentamientos en Dar es Salaam (República Unida de Tanzanía), a la vez que una asociación que incluía a ONUSIDA facilitó tanto transferencias de efectivo a familias vulnerables en Abiyán (Costa de Marfil), destinadas a garantizar la nutrición y la seguridad alimentaria, como botiquines sanitarios básicos.

Los miembros de grupos de población clave y las personas que viven con el VIH se han visto especialmente afectadas por la respuesta a la COVID-19. ONUSIDA ha apoyado los derechos de los hombres homosexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, las personas transgénero, los trabajadores sexuales, las personas que se inyectan drogas y los reclusos en el transcurso de la pandemia.

En abril, la Red Mundial de Proyectos de Trabajo Sexual y ONUSIDA hicieron un llamamiento a los países para que tomaran medidas críticas e inmediatas, a fin de proteger la salud y los derechos de los trabajadores sexuales durante la pandemia de COVID-19. ONUSIDA se embarcó en un proyecto con la Coalición para el Trabajo Sexual en el Caribe para ayudar a redes nacionales a abordar los conocimientos de los trabajadores sexuales, la prevención del VIH y las necesidades de apoyo social durante la pandemia. «Hay que incluir a los trabajadores sexuales en los sistemas nacionales de protección social y, además, muchos de ellos necesitan apoyo económico de emergencia», dijo el director de la Delegación Subregional de ONUSIDA del Caribe.

ONUSIDA Jamaica prestó apoyo económico para garantizar que Transwave, una organización en defensa de los derechos de las personas transgénero, tuviera equipos de protección individual y para proporcionar paquetes de atención. Asimismo, se aseguró de que los temas relacionados con la transexualidad estuviesen incluidos en la respuesta coordinada de la sociedad civil al VIH frente a la COVID-19 en el país. «La COVID-19 ha puesto de manifiesto lo vulnerables que son las personas cuando no tienen un acceso equitativo a oportunidades, justicia y atención sanitaria», dijo el asesor sobre movilización comunitaria de ONUSIDA. «Por eso es tan importante e inspirador que Transwave haya continuado con su labor principal durante todo este tiempo».

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, ONUSIDA ha reiterado el llamamiento a los gobiernos para que protejan los derechos humanos y eviten la violencia de género. En junio, ONUSIDA publicó un informe en el que destacaba seis acciones críticas para situar la igualdad de género en el centro de las respuestas a la COVID-19, mostrando cómo los gobiernos pueden hacer frente a las repercusiones discriminatorias y de género de la COVID-19.

«De la misma manera que el VIH ha puesto de manifiesto las desigualdades y las injusticias, la pandemia de COVID-19 ha centrado la atención sobre la discriminación contra la que luchan mujeres y niñas todos los días de su vida», dijo Winnie Byanyima, la directora ejecutiva de ONUSIDA, tras la publicación del informe.

En agosto, ONUSIDA instó a los gobiernos a proteger a los más vulnerables, especialmente a los grupos de población clave con mayor riesgo de infección por el VIH, en un informe que pretendía ayudar a los gobiernos a tomar medidas positivas a fin de responder a preocupaciones relativas a los derechos humanos en el contexto de evolución de la COVID-19.

El mes siguiente, ONUSIDA emitió un informe que muestra cómo los países que lidian con la COVID-19 están usando la experiencia y la infraestructura de la respuesta al sida para garantizar una respuesta más contundente a ambas pandemias.

En octubre, ONUSIDA publicó una serie de orientaciones para reducir el estigma y la discriminación durante las respuestas a la COVID-19. Apoyándose en 40 años de experiencia de la respuesta al sida, las orientaciones estaban basadas en las pruebas más recientes acerca de qué funciona para reducir el estigma y la discriminación relacionados con el VIH, aplicadas también a la COVID-19. Como en el caso de la epidemia del VIH, el estigma y la discriminación pueden debilitar de manera significativa la respuesta a la COVID-19. Las personas que han interiorizado el estigma o que anticipan actitudes estigmatizadoras son más propensas a evitar los servicios de atención sanitaria y menos propensas a realizarse pruebas o admitir que tienen síntomas, lo que oculta la pandemia.

Con vistas al futuro, ONUSIDA se sumó al llamamiento para conseguir una vacuna universal contra la COVID-19, una vacuna que sea asequible y esté disponible para todo el mundo.

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Seis medidas concretas de ayuda para mujeres y niñas en toda su diversidad en el contexto de la pandemia de COVID-19

Derechos en pandemia — Cuarentenas, derechos y aprendizajes del VIH en la respuesta temprana a la COVID-19

COVID-19 and HIV: 1 moment, 2 epidemics, 3 opportunities—how to seize the moment to learn, leverage and build a new way forward for everyone’s health and rights

Abordar el estigma y la discriminación en la respuesta a la COVID-19 - Aplicando los datos empíricos de lo que funciona sobre el estigma y la discriminación relacionado con el VIH en seis entornos a la respuesta de la COVID-19

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Un estudio muestra los efectos de la COVID-19 en el acceso a la atención al VIH en la Federación de Rusia

27 Noviembre 2020

Un nuevo estudio pone de manifiesto el impacto negativo que está teniendo la pandemia de COVID-19 en el acceso a la atención al VIH en la Federación de Rusia y demuestra que las personas que viven con el VIH en este país son más vulnerables a la COVID-19, pero menos propensas a hacerse pruebas o someterse a un tratamiento.

Más de un tercio de las personas que viven con el VIH que fueron encuestadas informó sobre cierto impacto en los servicios para el VIH, incluyendo alrededor de un 4 % que informó de que no se había sometido a terapia antirretroviral porque no había podido conseguir las medicinas y aproximadamente un 9 % que informó de que no había tomado la medicación para la prevención contra la tuberculosis. Sin embargo, la mayoría de los los encuestados (alrededor del 70 % de las personas que viven con el VIH) no tuvo ningún problema para obtener terapia antirretroviral y cerca de un 22 % informó de que se le entregaban los medicamentos antirretrovirales a domicilio. En el estudio se encuestó a más de 900 personas de 68 regiones de la Federación de Rusia, incluyendo tanto a aquellos que viven con el VIH como a los que no.

«El estudio responde a algunas de las preguntas más importantes sobre el impacto de la COVID-19 en las personas que viven con el VIH en nuestro país», dijo Natalya Ladnaya, investigadora jefe y principal en el Instituto central de investigación sobre epidemiología del Servicio Federal Ruso para la Supervisión de la Protección de los Derechos y el Bienestar del Consumidor (Rospotrebnadzor).

Según la Sra. Ladnaya, el estudio confirmó que es crucial que las personas que viven con el VIH se protejan contra el nuevo coronavirus. Los autores del estudio también señalan la necesidad de proporcionar tratamiento contra el VIH ininterrumpido durante la pandemia de la COVID-19.

«Se obtuvieron resultados alentadores acerca de cómo la pandemia afectó al acceso al tratamiento del VIH: muchas instituciones especializadas han podido adaptarse a la nueva realidad», dijo Alexey Mikhailov, jefe del Departamento de Supervisión de la Coalición de Preparación para el Tratamiento, que también participó en el estudio.

Según el estudio, el número de personas que viven con el VIH y marcadores de COVID-19 era cuatro veces mayor que el de los encuestados seronegativos. Asimismo, había un 50 % menos de probabilidades, en comparación con los encuestados seronegativos, de que se les hiciera la prueba del coronavirus y también menos propensos a buscar asistencia médica, incluso teniendo síntomas.

La mayoría de los encuestados con una coinfección de VIH y COVID-19 tenía un mayor riesgo de contraer COVID-19 debido al número considerable de casos locales de COVID-19 y al escaso uso de medidas de protección personal, así como a la subestimación del riesgo personal real de la COVID-19.

Aunque más de dos tercios de los participantes en el estudio eran mujeres, de entre las personas encuestadas que viven con el VIH y que habían tenido COVID-19, la mayoría eran hombres que habían vivido con VIH durante más de diez años.

Los autores del estudio señalan la necesidad de investigar más a fondo las causas de la mayor incidencia de la COVID-19 y la escasa demanda de atención médica para tratar los síntomas de la COVID-19 entre las personas que viven con el VIH.

«La pandemia de la COVID-19 sigue afectando a todos los ámbitos de nuestras vidas. Necesitamos supervisar atentamente las pandemias simultáneas de la COVID-19 y el VIH y proporcionar apoyo para no perder los progresos alcanzados en la respuesta al VIH», dijo Alexander Goliusov, director a.i. del Equipo de Apoyo Regional de ONUSIDA para Europa oriental y Asia central.

El estudio fue realizado por el Instituto Central de Investigación sobre Epidemiología de Rospotrebnadzor junto con la Coalición de Preparación para el Tratamiento, con el apoyo de ONUSIDA y Rospotrebnadzor.

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Nuevo estudio (en ruso)

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Stephen Watiti: una trayectoria personal que deja marca en otros

27 Noviembre 2020

Casi cuarenta años tras el comienzo de la respuesta al VIH, el mejor acceso al tratamiento contra el VIH significa que 26 millones de personas que viven con el VIH en todo el mundo y reciben tratamiento contra él pueden disfrutar de vidas largas y sanas. Pero ¿cómo es la atención sanitaria a una población cada vez más mayor de personas que viven con el VIH?

Tras haber vivido con VIH durante más de 30 años, esto es algo a lo que ha estado dando vueltas el ugandés Stephen Watiti, de 66 años. 

«Mis necesidades van a ir cambiando... y en el futuro la mayor parte de las personas que vivan con el VIH tendrán 50 años o más», dijo el célebre médico, que trabaja en el Hospital Mildmay Uganda en Kampala.  

En la región de África oriental y meridional, aproximadamente 3,6 millones de los 20,7 millones de personas que viven con el VIH tienen más de 50 años.

El nuevo informe de ONUSIDA sobre el Día Mundial del Sida, Prevailing against pandemics by putting people at the centre, demanda una respuesta al VIH diferenciada que sea más intensiva, así como más efectiva a la hora de asegurar que llegamos a quienes se ha dejado atrás hasta ahora. Esto incluye expandir el acceso al tratamiento de manera equitativa, mediante la prestación de servicios integrales de salud, adaptados a las diferentes edades y personas. 

Las personas que viven con el VIH deberían recibir apoyo para poder llevar vidas largas y sanas, y las personas de más de 50 años de edad deberían tener un acceso igualitario a la protección social, el empleo y la integración social.

Según el Sr. Watiti, se le ha prestado poca atención a este fenómeno. «Hemos trabajado mucho en el área del VIH pediátrico. En lo que respecta al HIV geriátrico, no hay nadie que se haya formado en preparación para ello», explicó. 

En 1999, una época sin tratamiento contra el VIH ni demasiados conocimientos o formación acerca del VIH entre las personas de África oriental y meridional, el Sr. Watiti experimentó múltiples enfermedades relacionadas con el sida. Tuvo una experiencia cercana a la muerte «aterradora» en la que su recuento de linfocitos CD4 cayó en picado. Su cuerpo enfermo tuvo que enfrentarse a la tuberculosis, la meningitis criptocócica y el sarcoma de Kaposi, todo al mismo tiempo. 

El Sr. Watiti comenzó a recibir tratamiento contra el VIH en el año 2000. Sin embargo, debido a los precios de los medicamentos antirretrovirales de su régimen en ese momento y al acceso a ellos, su observancia fue deficiente y enfermó por el fracaso del tratamiento.

En 2003, con un nuevo régimen antirretroviral y el apoyo inquebrantable de un asesor de la Organización para el apoyo a la lucha contra el sida de Uganda, el Sr. Watiti se dio cuenta de que ya no se «estaba muriendo».

Durante esta época, se dio cuenta de que necesitaba educar e inspirar a sus pacientes que vivían con el VIH. Así que volvió al trabajo.

El Sr. Watiti ha llegado muy lejos. A pesar de vivir con incertidumbre, como parte de una generación más mayor que vive con el VIH, el Sr. Watiti tiene la intención de vivir una vida plena, practicando medicina hasta bien entrado en los setenta.

«Tendré que continuar tragándome esta medicina, a no ser que haya una cura para entonces», dijo.

No obstante, el Sr. Watiti quiere saber qué se puede hacer para asegurar que las personas que viven con el VIH que están recibiendo tratamiento tengan una buena calidad de vida, con acceso a servicios de salud mental incluido.

Esta es una pregunta que formuló durante una conversación con la directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, durante la presentación del informe de ONUSIDA sobre el Día Mundial del Sida.

La Sra. Byanyima estaba de acuerdo. «Teniendo en cuenta que hay personas que van a vivir a base de pastillas el resto de sus días y que a veces están viviendo en situación de pobreza u ocultando su secreto a causa del estigma, esto supone un gran reto para su bienestar mental y emocional», declaró. «Las personas que viven con el VIH necesitan un paquete de servicios más amplio y exhaustivo, y que incluya la salud mental. La respuesta al sida no puede limitarse solo a las pastillas».

El Sr. Watiti fue un símbolo de esperanza para personas que vivían con el VIH en una época en la que las posibilidades de sobrevivir al sida eran desalentadoras y es un ejemplo de resistencia para las personas que viven con el VIH en la actualidad. 

El Sr. Watiti dice que, al aconsejar a sus pacientes para superar el estigma sobre el VIH y acerca de la importancia de ser diligentes a la hora de tomar su medicación, es como si se estuviera hablando a sí mismo: «Para ser sinceros, a quien más he ayudado es a mí mismo».

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ONUSIDA se une a sus asociados para reivindicar mejores pruebas, tratamiento y prevención del VIH y la tuberculosis en los niños

20 Noviembre 2020

En el Día Universal del Niño, ONUSIDA se une a sus asociados para reivindicar un acceso más rápido a mejores herramientas para prevenir, diagnosticar y tratar el VIH en niños y la tuberculosis (TB) en niños que viven con VIH a través de una declaración conjunta que anuncia la puesta en marcha del Plan de Acción de Roma 2020.

La respuesta al VIH está dejando de lado de manera desproporcionada a los niños que viven con el VIH. La cobertura de tratamiento a niños a escala mundial es extremadamente baja.  En 2019, solo el 53 % de los 1,8 millones de niños que se calcula que viven con VIH fue diagnosticado y recibió tratamiento. Esto significa que 850 000 niños que viven con el VIH no reciben tratamiento contra el VIH que salva vidas. Más de la mitad de esos niños restantes se encuentra en solo cinco países —la República Democrática del Congo, Kenia, Mozambique, Nigeria y Sudáfrica— y dos tercios de esos niños tienen entre 5 y 14 años. Además, no estamos haciendo lo suficiente para prevenir nuevas infecciones por el VIH, con 150 000 nuevos casos en niños de menos de 15 años en 2019. Por tanto, se deben poner en marcha programas y actividades específicos lo antes posible para llegar a esos niños y permitirles beneficiarse de las extraordinarias mejoras en las innovaciones pediátricas.

Esto se debe a varias razones. No se hacen pruebas del VIH a las madres durante el embarazo y la lactancia, por lo que no pueden recibir un tratamiento contra el VIH que las mantendrá sanas y evitará que su hijo se contagie de VIH. A los niños no se les hace la prueba del VIH en el momento del nacimiento o poco después, por lo que no se pueden beneficiar de un tratamiento temprano para el VIH con mejores resultados. Los tratamientos disponibles contra el VIH más comunes no son aptos para niños: a menudo tienen un sabor amargo y no se pueden disolver ni espolvorear en alimentos para lactantes y niños pequeños que no pueden tragar pastillas.

Los niños y, en especial, los niños que viven con el VIH son especialmente vulnerables a la TB, que es la causa de muerte más común entre las personas que viven con el VIH. La TB en niños que viven con el VIH es difícil de diagnosticar y el tratamiento es complicado y desagradable de tomar, especialmente combinado con el tratamiento contra el VIH.

«El Plan de Acción de Roma ha impulsado nuevos diagnósticos y tratamientos más efectivos, asequibles y de mejor sabor para niños que viven con el VIH. Ahora, tenemos una obligación moral de garantizar que esas herramientas realmente lleguen a los niños que más las necesitan», dijo Shannon Hader, Directora Ejecutiva Adjunta del Programa de ONUSIDA. «Necesitamos actuar: para llegar a esos niños, los países necesitan centrarse en sus datos, ser conscientes de cómo y dónde es más probable que se llegue a los niños que faltan y eliminar cualquier barrera artificial —desde la creación de la política hasta su puesta en marcha— que se interponga en su camino. Y en cuanto a la innovación —mejores diagnósticos y tratamientos tanto para el VIH como para la TB en niños— aún queda mucho por hacer. Seguiremos luchando y creando aliados para innovar más y mejor».

Desde 2016, como parte de la iniciativa conjunta de fe de ONUSIDA y el Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del Sida, el Vaticano ha estado reuniendo a asociados clave en una serie de diálogos de alto nivel para encontrar maneras mejores de prevenir, diagnosticar y tratar el VIH en niños, y este año también se centró en la TB en los niños que viven con VIH por primera vez. El 5 y 6 de noviembre, el cardenal Turkson del Vaticano convocó la reunión virtual de Roma Cinco. Este innovador diálogo reunió a líderes de sectores privado y público, gobiernos, autoridades reguladoras, organizaciones basadas en la fe y en la comunidad y otros asociados en la ejecución, a fin de encontrar soluciones para reducir el impacto del VIH y la TB en los niños.

La reunión tuvo como resultado un nuevo Plan de Acción de Roma para 2020, un conjunto de ambiciosos compromisos contraídos por las organizaciones participantes y destinados a superar los obstáculos a los que se enfrentan los servicios del VIH y la TB para niños. Entre los muchos compromisos contraídos por las organizaciones asociadas, ONUSIDA se ha comprometido a apoyar a los gobiernos en la recopilación y notificación de datos sobre el impacto del VIH y la TB en los niños para que las respuestas nacionales puedan destinarse a donde más se necesiten. ONUSIDA establecerá e informará de ambiciosos objetivos por edad a nivel mundial para prevenir, realizar pruebas y tratar el VIH en niños y la TB en niños que viven con el VIH. ONUSIDA seguirá luchando al más alto nivel político por el aumento de la inversión y el cumplimiento de las acciones previstas a nivel nacional para que el mundo se ponga en marcha y ponga fin al sida y a la TB en niños que viven con el VIH.

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Actualización del cuadro de mando permite diferenciar los servicios de pruebas del VIH

12 Noviembre 2020

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en coordinación con ONUSIDA, ha actualizado su cuadro de mando de Servicios de Pruebas del VIH con nuevos datos para 2020, antes del Día Mundial del sida de este año.

El cuadro de mando interactivo proporciona a los usuarios una gran variedad de datos sobre las pruebas del VIH en países de todo el mundo. Ofrece información sobre, por ejemplo, la prevalencia del VIH, el número de personas que han dado positivo en una prueba del VIH y el número de personas que han dado positivo por primera vez o al repetir un test. Los datos se presentan en gráficos y tablas, y están clasificados por edad, sexo y otras características.

«Tener datos diferenciados de las pruebas del VIH resulta crucial en este momento de la pandemia», dijo Cheryl Johnson, oficial técnico de la OMS. «Este tipo de datos ayudará a distintos programas a poner en práctica las directrices de la Organización Mundial de la Salud, de manera que puedan llegar a las personas que viven con el VIH que aún no conocen su estado. Esperamos orientar a países acerca de cómo pueden usar sus datos para proveer servicios de pruebas del VIH eficientes y efectivos».

Los países necesitan tener una variedad de formas de abordar las pruebas para llegar a personas que viven con el VIH que no conocen su estado y otros con riesgo de contraer el VIH. El cuadro de mando ayudará a los países a desarrollar la mejor combinación de servicios de pruebas posible para su contexto, como pruebas de autodiagnóstico, pruebas derivadas del conocimiento de un caso índice y varias formas de servicios de pruebas basados en la comunidad y en las instalaciones. Los países podrán también monitorear el progreso del grupo de personas que acaben de conocer su estado serológico.

«Estamos usando los datos para intensificar nuestros esfuerzos por llegar a las personas que viven con el VIH que aún no conocen su estado y facilitarles la conexión con atención sanitaria priorizando y diferenciando las pruebas, de manera que podamos llegar a zonas y poblaciones marginadas en Uganda. El cuadro de mando es una herramienta útil para ayudar a guiar la toma de decisiones y nuestra estrategia nacional de ahora en adelante», dijo Geoffrey Taasi, oficial de programas, Servicios de Pruebas del VIH, Ministerio de Salud, Uganda.

La información del cuadro de mando es una mezcla de los datos de la OMS y ONUSIDA, datos de programas nacionales, estimaciones basadas en modelos y datos de estudios de población (también incluye el estado de implementación de los servicios de pruebas y políticas nacionales). Los datos empleados fueron seleccionados en consulta con los representantes de los ministerios de salud, investigadores asociados, asociados en la ejecución locales e internacionales y donantes.

Además de la página web, se puede acceder al cuadro de mando a través de la aplicación WHO HTS Info con un smartphone o una tableta.

«La expansión de enfoques de pruebas del VIH relevantes es crucial para que Viet Nam alcance los objetivos 90–90–90. Con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud y otros asociados, hemos puesto a prueba con éxito pruebas del VIH de base comunitaria, incluyendo pruebas realizadas por testadores no profesionales y de autodiagnóstico. Actualmente estamos trabajando para ampliar estos enfoques a nivel nacional», dijo Nguyen Hoang Long, director general de la Autoridad para el Control del VIH/Sida de Viet Nam, Ministerio de Salud, Viet Nam.

CUADRO DE MANDO DE SERVICIOS DE PRUEBAS DEL VIH

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«Alguien tiene que empezar»: cómo una activista transgénero haitiana inspira esperanza a través de la visibilidad

09 Noviembre 2020

El primer centro de acogida para personas transgénero en Haití abrió sus puertas la semana pasada. Kay Trans Ayiti fue inaugurado con el corte de un lazo rojo y vítores por parte de un círculo de activistas y residentes. El grupo se fue turnando para sacarse fotos entre globos rosas y azules atados al porche que se movían de arriba abajo.

Este momento triunfal tuvo lugar durante una época difícil. Cuando le preguntaron cómo les había ido a las personas transgénero en Haití durante la COVID-19, la fundadora Yaisah Val fue rotunda. «Cuando el resto de la población tiene un catarro, la comunidad trans tiene neumonía. Imagine eso unido al hambre, la pobreza y los recursos escasos en Haití: siempre estamos al margen», dice.

En muchos aspectos, la Sra. Val no está tan excluida como las personas a las que ayuda. La primera mujer abierta y públicamente transgénero de Haití se presenta como madre de dos y esposa. Posee un título universitario en educación y psicología clínica. Era profesora y orientadora escolar antes de convertirse en movilizadora comunitaria a tiempo completo, activista y portavoz en asuntos relacionados con la identidad de género. Durante los que ella denomina sus «años ocultos», fue fácilmente aceptada como mujer.

Nacida en los Estados Unidos de América e hija de padres haitianos, tuvo la suerte de tener una familia estable, el apoyo de sus profesores y el amor incondicional de su abuela.

«Si vas a ser marica, serás el mejor marica que hay porque eres el mío», le dijo su abuela cuando aún era un niño llamado Junior.

Esto no es lo habitual. Según la Red Trans del Caribe Unido, las personas transgénero de la zona tienen muchas menos posibilidades de recibir el apoyo de su familia, terminar la educación secundaria y tener trabajo. Es más probable que terminen viviendo en la calle, se prostituyan para sobrevivir y sufran extrema violencia. Todo esto aumenta exponencialmente el riesgo de esta comunidad de infectarse por el VIH. Un estudio reciente mostró que las mujeres transgénero en Haití tenían una prevalencia del VIH del 27,6 % —14 veces más alta que la población general.

Sin embargo, a pesar de su «privilegiada» vida, el viaje de 47 años de la Sra. Val ha sido intenso.

Desde que tenía dos o tres años, ya sabía que era una niña. El control del género por parte de sus parientes fue inmediato e incesante: «Enderezad a ese niño. No le podéis dejar que crezca de esa manera». A lo siete años, fue ingresada en el Hospital Infantil de Washington por heridas en sus genitales que se había infligido ella misma. La pubertad fue «un infierno...mucha confusión y odio hacia mí misma».

Hace alrededor de 20 años, se convirtió en ella misma durante el carnaval de Haití. Se hizo trenzas en el pelo, se enfundó un vestido y se subió a un ruidoso y colorido bus tap-tap con sus amigos. Un hombre ligó con ella. La llamó guapa y le abrió la puerta. Se sintió como Cenicienta.

«Ese chico se acabó enterando y casi me mata de una paliza», recuerda la Sra. Val. «Ya seas de clase alta, de clase media o de la calle, mientras seas trans, no importa. Una vez sales del armario, desaparece todo el respeto... Solo eres eso. Esa palabra te quita toda la humanidad a ojos de la gente».

Transicionar le ofreció cierta libertad, «vivía y me veían como soy, como siempre había sido». Pero el miedo a ser agredida o excluida hizo de su identidad un estresante secreto. Sus exnovios no sabían que era transgénero hasta que salió del armario años después. Solo se reveló ante el hombre que más tarde se convertiría en su marido después de haber vivido juntos durante un año y cuando estaban a punto de casarse.

«No recomiendo que se haga eso», dice la Sra. Val una y otra vez, haciendo referencia a las personas transgénero que ocultan su identidad de género a sus parejas. «Puede ser violento. Puede ser peligroso».

En su caso, salió bien. Su pareja decidió que era la misma persona que conocía y amaba. Hace tres años, la historia se repitió cuando se lo contó a sus hijos.

«Simplemente estaba sorprendido», dijo su hijo, Cedrick. «Me impactó para bien. Me habían empezado a educar poco a poco a lo largo de los años para que entendiese lo que significaba. Desde entonces, el vínculo madre-hijo alcanzó un nuevo nivel para ambos. Llenó todas esas lagunas. Ahora todo tenía sentido, como sus historias de la infancia».

Salir del armario a sus más allegados abrió las compuertas al activismo. En 2016, la Sra. Val se convirtió en la primera persona de la historia de Haití en identificarse públicamente como persona transgénero. Ha sido una asociada clave para ONUSIDA Haití y las organizaciones de lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) de la isla. El año pasado, participó en un diálogo nacional sobre los derechos de las personas LGBTI. Junto a su esposo, empezó a acoger a personas transgénero sin hogar. Esto sentó las bases para Kay Trans Ayiti, que ahora aloja a diez personas transgénero. Se ha puesto en marcha una recaudación de fondos destinada a un programa de apoyo psicosocial, asesoramiento jurídico en materia de sustitución hormonal y formación profesional. Una de sus iniciativas de empleo es un carrito de comida. Algunos de sus residentes viven con el VIH y reciben apoyos para continuar con su tratamiento antirretroviral.

La Sra. Val sabe de primera mano lo aterrador que es acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva como mujer transgénero. Recuerda su experiencia al ir a ginecólogo en Haití para hacerse una revisión relacionada con su vaginoplastia. El médico no entendía lo que significaba «transgénero». La visita terminó con el ginecólogo llamando a otros médicos para que la mirasen embobados.

«Era un canal de YouTube, una página de Google... cualquier cosa menos un ser humano. Estaba molesta. Estaba llorando. ¡Esa es la razón por la que las personas transgénero no acceden a la atención sanitaria! Tenemos un montón de hombres trans con problemas ginecológicos que utilizan tratamientos con hierbas en lugar de ir al médico», dice la Sra. Val.

Su grupo, Acción Comunitaria para la Integración de Mujeres Vulnerables en Haití (Action Communautaire pour l’integration des Femmes Vulnerable en Haiti o ACIFVH), está trabajando con dos clínicas de VIH para sensibilizar a los profesionales de la salud. Combatir la ignorancia y el conservadurismo es una ardua tarea. Incluso tras haber recibido sesiones educativas, algunos médicos y enfermeros han intentado imponer sus creencias religiosas a los formadores.  

«Tuve suerte de no haberme visto perjudicada por la transfobia y la discriminación», admite la Sra. Val. «Imagine si no hubiera tenido el apoyo de mi abuela, una educación y oportunidades. No habría sido la persona que ve ahora.

«Si echas una semilla en cemento, no crecerá. Ser trans no es el problema, la reacción de la gente lo es: echarlos a la calle, no dejarles trabajar, no aceptarlos en los colegios. Necesitamos tener un sitio en la sociedad. Es difícil. Llevará un tiempo. Pero alguien tiene que empezar».

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Historia de dos clínicas jamaicanas durante la COVID-19

03 Noviembre 2020

Una mujer que vive con el VIH está en el Centro de Investigación del VIH y Servicios Educativos (CHARES, por sus siglas en inglés) en Kingston, Jamaica. Normalmente se le proporcionan dosis de su medicamento antirretrovírico suficientes para tres meses. Pero esta vez no. El médico le advierte de que, desde abril, las farmacias estatales solo están suministrando dosis para un mes.

A alrededor de 20 minutos en coche, en la Clínica de Salud Integral, un cliente espera a que lo llamen. No se sienta en uno de los bancos de madera destinados a los pacientes de salud sexual, sino que encuentra un sitio cercano y escucha atentamente.

Este año, los proveedores de servicios para el VIH en Jamaica han sido puestos a prueba al hacer frente tanto a los nuevos retos provocados por la COVID-19 como a los obstáculos que plantea la prestación de servicios habitual. La directora nacional de ONUSIDA, Manoela Manova, quería comprender mejor estos problemas sobre el terreno, por lo que visitó ambos centros de tratamiento para hablar con todo el mundo, desde los asesores para el cumplimiento del tratamiento hasta los médicos.

El CHARES del Hospital Universitario de las Indias Occidentales ha constituido un modelo de prácticas óptimas para el tratamiento contra el VIH en Jamaica. Si se tiene en cuenta la totalidad de la isla, el 79 % de las personas en tratamiento suprimieron la carga vírica el año pasado. Sin embargo, en el CHARES, un sorprendente nueve de cada diez pacientes ha suprimido la carga vírica y, por tanto, se mantienen sanos y no pueden transmitir el virus.

Pero, incluso para este exitoso programa, la COVID-19 ha planteado importantes retos.

El apoyo por parte de los laboratorios se ha desviado hacia la COVID-19 y ha habido un retraso en la entrega de los resultados de las pruebas de carga vírica.

El CHARES estaba acostumbrado a dar recetas para tres meses para clientes habituales, pero, desde la COVID-19, las farmacias gestionadas por el Estado solo han proporcionado dosis para un mes. Esto es parte de la estrategia del gobierno para evitar que se agoten las existencias debido a las actuales dificultades en la cadena de distribución, pero también supone que aquellas personas que estén en tratamiento necesiten salir a por sus medicamentos más a menudo. El CHARES ha empezado a repartir a domicilio, especialmente a personas mayores, que son más reacias a aventurarse a salir, dado el nuevo riesgo del coronavirus. 

Las medidas de contención de la COVID-19 han incrementado la necesidad de apoyo a la salud mental. Las pérdidas de ingresos, el cierre de colegios y los toques de queda han impuesto una carga adicional a miles de hogares jamaicanos, incluyendo a muchas personas que viven con el VIH. Pero, cuando se refiere a los clientes al hospital principal para recibir apoyo psiquiátrico, casi nunca van por miedo a sufrir discriminación. Es más, como el hospital en el que se ubica el CHARES es un lugar de tratamiento de la COVID-19, algunos clientes han optado por no acercarse.

«Necesitamos una monitorización y una evaluación más estrechas para abordar los retos relacionados con la gestión de pacientes en este momento», dijo Racquel Brown, directora del Programa del CHARES. «En el mejor de los casos, nos gustaría contratar a alguien con la responsabilidad de analizar los datos de pacientes para tomar decisiones más estratégicas acerca de la atención y el tratamiento».  

El Centro de Salud Integral atiende a una serie de personas que viven con el VIH, además de a aquellos infectados con otras enfermedades de transmisión sexual. En este tampoco ha sido posible dar recetas para varios meses durante la COVID-19. La necesidad de apoyo nutricional de los pacientes ha sido elevada durante esta época. Algunos han tenido sus medicamentos antirretrovíricos, pero no comida con la que tomarlos.  

Pero ya había otros desafíos antes de la COVID-19. No se puede realizar el seguimiento de dos de cada cinco clientes. Hay pacientes que han facilitado direcciones equivocadas a los proveedores de servicios. Y la tasa de supresión vírica de la clínica es del 70 %, por debajo de la media nacional. Algunos pacientes abandonan el tratamiento en contra de las indicaciones de su médico.

La Sra. Manova dijo que muchos de los retos en ambas clínicas están relacionados con el autoestigma y la discriminación, que son los principales problemas a los que se enfrenta la respuesta al VIH de Jamaica. Si se tiene en cuenta la totalidad del país, solo el 43 % de todas las personas que viven con el VIH estaban recibiendo tratamiento en 2019, a pesar de la cobertura de pruebas relativamente alta de la isla.

«Antes de y durante la COVID-19, nuestros resultados se han visto minados por la vergüenza, el miedo y los prejuicios», indicó. «Para tener una respuesta de la salud pública eficaz, debemos ser prudentes y consistentes a la hora de ganarnos la confianza de las comunidades y combatir cualquier tipo de estigma y discriminación que impida a las personas acceder a la atención que necesiten».

«Pasar tiempo con estos profesionales de la salud fue inspirador y me hizo reflexionar», expresó la Sra. Manova. «Jamaica ha hecho lo correcto al considerar esenciales a los trabajadores comunitarios de la salud. Personal como los mediadores de la comunidad, los trabajadores sociales, los asesores para el cumplimiento del tratamiento y los coordinadores asistenciales es tan necesario como los médicos y los enfermeros. Su trabajo es crucial en este momento para abordar las necesidades y emociones individuales que podrían afectar a los resultados de los tratamientos».

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Campaña liderada por la comunidad anima a las personas que viven con el VIH a empezar el tratamiento

21 Octubre 2020

«Está en tus manos», una nueva campaña de información pública liderada por la comunidad y destinada a animar a las personas que viven con el VIH a iniciar la terapia antirretrovírica, se ha puesto en marcha en cuatro de las zonas principales de la Federación de Rusia.

La página web de la campaña presenta doce «cápsulas» con inspiradoras historias contadas por personas que viven con el VIH. Al «abrir» la cápsula, los visitantes pueden saber más acerca de las vidas de estas personas, informarse sobre la terapia antirretrovírica, hacer preguntas y obtener ayuda de compañeros asesores en temas relacionados con el VIH.

Todas las historias trasmiten el mensaje de que ser diagnosticado con VIH no te define y que si las personas que viven con el VIH empiezan el tratamiento pueden disfrutar de una vida larga y productiva.

La campaña cubre cuatro de las principales zonas de la Federación de Rusia —las regiones de Novosibirsk, Sverdlovsk y Cheliábinsk, y la ciudad de San Petersburgo—donde, según el Centro Federal del Sida de la Federación de Rusia, 200.000 personas viven con VIH, lo que representa alrededor del 20 % de todos los casos de VIH registrados.

«En la región de Sverdlovsk, algunas personas no empiezan el tratamiento porque no creen en la existencia del VIH, algunas no aceptan su diagnóstico, algunas tienen miedo a los efectos secundarios de la terapia antirretrovírica y algunas tienen dudas acerca de la efectividad de los medicamentos.  Sin embargo, el mayor obstáculo es el miedo a la discriminación, el miedo a perder su trabajo, el miedo al aislamiento. Creemos que podemos abordar esta situación contando historias reales de personas que viven con el VIH y están recibiendo tratamiento», dijo Vera Kovalenko, jefa de la organización de la sociedad civil Nueva Vida. 

La campaña fue puesta en marcha y desarrollada por varias organizaciones de la sociedad civil lideradas por la comunidad, incluyendo Acción Humanitaria (San Petersburgo), el Proyecto Humanitario (Novosibirsk), Luz de la Esperanza (Cheliábinsk) y Nueva Vida (Sverdlovsk), con el apoyo del proyecto regional SOS_project fundado por el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria y en estrecha colaboración con otros asociados en la Federación de Rusia.

Denis Kamaldinov, jefe del Proyecto Humanitario, invitó a estas personas a buscar ayuda.  «Si sabe que es seropositivo pero no está recibiendo ningún tratamiento, por favor, póngase en contacto con nosotros para que podamos ayudarle. Le ayudaremos con el registro en el centro del sida. Y el tratamiento se proporciona de manera gratuita, ya que es sufragado por el Estado», afirmó.

«Nuestra misión es luchar por todas las vidas, dar esperanzas a todo el mundo», dijo Alexei Tananin, jefe de Luz de la Esperanza.

Nuestra acción

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Se reduce el impacto de la COVID-19 en los servicios contra la transmisión vertical del VIH

27 Octubre 2020

De acuerdo con los últimos datos, la pandemia de la COVID-19 ha tenido un impacto significativo en los servicios relacionados con las pruebas del VIH. Sin embargo, el impacto sobre el tratamiento para el VIH  ha sido inferior al que originalmente se temía. El impacto sobre los servicios para la prevención de la transmisión vertical del VIH (de madre a hijo) se puede considerar variado. Hacia abril, los países en general vieron un descenso en el número de mujeres que se realizaban la prueba del VIH en su primera visita a la clínica para recibir cuidados prenatales. En torno al mes de junio, se observó que dicha tendencia a la baja se había modificado.

En agosto de 2020, gracias al ejercicio de recogida de datos de ONUSIDA, la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, con el fin de identificar las interrupciones nacionales, regionales y mundiales causadas por la COVID-19 en los servicios rutinarios del VIH, se analizó la prevención de la transmisión vertical del VIH en 43 países, de los cuales 17 ya habían proporcionado datos suficientes para permitir la identificación de tendencias.

Con el objeto de medir el impacto de la COVID-19 en los servicios relacionados con la transmisión vertical del VIH, se calculó la ratio referente a enero. Por ejemplo, si el número de pruebas en abril fue el mismo que en enero, la ratio sería 1. Si se observara un descenso, la ratio sería inferior a 1.

Ratio de mujeres embarazadas que se realizaron las pruebas del VIH al recibir los cuidados prenatales, meses posteriores frente a enero

En abril, todos los países excepto Mozambique y Jamaica experimentaron descensos en el número de mujeres que se realizaron las pruebas del VIH en su primera visita a una clínica para el cuidado prenatal, respecto a enero. Hacia junio o julio, 14 de los 17 países habían vuelto al nivel de febrero respecto a las pruebas (a excepción de Indonesia, Botswana y Sierra Leona).

De los 15 países que proporcionaron datos con relación al tratamiento entre mujeres embarazadas que viven con el VIH, todos excepto cinco (Botswana, Sudáfrica, Sierra Leona, Togo y Guatemala) han logrado recuperar las cifras del mes de febrero con relación al número de mujeres que reciben tratamiento.

Porcentaje de mujeres embarazadas que viven con el VIH y que están recibiendo una terapia antirretrovírica para evitar la transmisión vertical, meses posteriores frente a enero.

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