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Donaciones de dinero en efectivo para personas que consumen drogas durante la COVID-19 en Bangladesh
09 Septiembre 2020
09 Septiembre 2020 09 Septiembre 2020«No puedo abastecer a mi familia con la comida suficiente porque han bajado mis ingresos. Me deprime ver a mi familia pasar hambre y apuros económicos», comenta Kamal Hossain (nombre ficticio), una persona que consume drogas, residente en Daca, Bangladesh.
La pandemia de COVID-19 está afectando a las vidas y los medios de subsistencia de mucha gente en todas partes. El impacto es especialmente notable en personas con desventajas socioeconómicas o ya marginadas. En Bangladesh, las ificultades a las que se tienen que enfrentar para ganarse la vida y acceder a cualquier tipo de programa de protección social se han acentuado aún más para las personas que consumen drogas, que ya de por sí se encuentran marginadas por parte de la comunidad en general.
Algunos en la misma situación que Hossain trabajaban antes de la pandemia, pero perdieron sus empleos durante el confinamiento. Los centros de recreo y de acogida a los que acudían antes para recibir apoyo sanitario y psicosocial se cerraron parcial o totalmente y los servicios sanitarios se vieron interrumpidos.
Para ayudar a las personas que consumen drogas durante el confinamiento, ONUSIDA hizo una donación a la Red de Personas que consumen drogas (NPUD, por sus siglas en inglés). Con esta donación, NPUD proporcionó comida y ropa durante la fiesta del Eid ul-Fitr a las personas que se inyectan drogas y que viven en la calle. Miembros de la comunidad local se encargaron de repartir la comida. Para algunos, esta ha sido la única ayuda recibida durante la pandemia de COVID-19.
«Yo solo he recibido una comida durante el confinamiento. No he recibido ninguna ayuda del Estado porque no tengo documento nacional de identidad. También recibí una mascarilla y jabón por parte de una organización civil», añade Rafiq Uddin (nombre ficticio), que vive en la calle y consume drogas en Daca.
Las organizaciones de base comunitaria se esfuerzan por apoyar los medios de subsistencia de las personas de las poblaciones más expuestas, incluidas aquellas que consumen drogas.
«Puesto que NPUD es una organización de personas que consumen drogas, no podemos quedarnos al margen de esta crisis. En estos tiempos difíciles, algunos líderes de NPUD se han ofrecido para ayudar y el apoyo de ONUSIDA ha sido el primer paso para marcar la diferencia», afirma Shahed Ibne Obaed, presidente de NPUD.
Tras recibir la donación de ONUSIDA, NPUD se puso en contacto con otros socios, incluidos CARE Bangladesh, Save the Children (Bangladesh), organismos humanitarios locales y organizaciones de voluntarios, para proporcionar un apoyo alimentario más amplio.
«He recibido un poco de dinero de una organización de voluntarios en mi localidad. Algunos de mis parientes y personas bienintencionadas me ayudaron dándome comida. También intenté hacer algún trabajo que me generara ingresos para abastecer a mi familia, pero no encontré nada de forma regular», nos cuenta el Sr. Hossain, que es miembro de Ashakta Punarbashan Sangstha (APOSH), una organización con base comunitaria en Daca.
NPUD consiguió movilizar suficientes recursos de varias fuentes para continuar ayudando a personas que se inyectan drogas y personas que viven con el VIH en las zonas más antiguas de Daca y alrededores. Unas 1600 personas que consumen drogas se han visto beneficiadas por esta iniciativa. La coordinación entre NPUD y otras organizaciones con base comunitaria sirvió de ayuda para identificar a los beneficiarios de estas ayudas. Trabajadores de centros de acogida, APOSH, Prochesta, Old Dhaka Plus, Alor Pothe y otros ayudaron a distribuir ropa y alimentos. Miembros de organizaciones con base comunitaria ofrecieron sus casas para preparar y envasar allí los alimentos.
NPUD facilitó equipos de protección personal para los trabajadores sociales, y mascarillas y jabón para los beneficiarios; además organizó un grupo en línea para compartir las novedades y las fotos, y para publicar información acerca de sus actividades. Toda la iniciativa fue completamente voluntaria.
«Uno de los principales motivos de preocupación es la falta de recursos humanitarios y financieros para apoyar a toda la gente vulnerable que consume drogas. Necesitamos un mayor compromiso por parte de los donantes para generar más fondos de ayuda, especialmente para los que viven en la calle, y para garantizar la sostenibilidad de esta iniciativa», afirmó Saima Khan, directora de ONUSIDA en Bangladesh.
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El banco de alimentos de Guyana para el VIH sale al rescate durante la COVID-19
04 Septiembre 2020
04 Septiembre 2020 04 Septiembre 2020Para muchas familias guyanesas, la COVID-19 ha supuesto mucho más que llevar mascarilla y respetar las restricciones de movimiento.
«El efecto disruptivo que la pandemia está teniendo sobre la actividad económica ha llevado al hecho de que, sencillamente, no haya comida suficiente», explica Michel de Groulard, director regional de ONUSIDA para Guyana y Suriname.
Afortunadamente, al menos para las personas que viven con el VIH en Guyana, no ha existido esa necesidad de tener que idear una solución improvisada que les permita tener algo que llevarse a la boca. Durante casi 14 años, la secretaría del Programa nacional para la reducción del sida ha estado invirtiendo para desarrollar un banco de alimentos específico para las personas que viven con el VIH, incluyéndose aquí todas aquellas coinfectadas con tuberculosis.
El programa empezó con el apoyo del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria (Fondo Mundial) y a día de hoy continúa recibiendo sus aportaciones. Desde el comienzo, hubo donaciones grandes y constantes por parte de la National Milling Company de Guyana. Posteriormente, a partir del año 2017, el Gobierno de Guyana y la organización benéfica Food for the Poor se convirtieron en los principales donantes. Cabe destacar que, con el paso de los años, el banco de alimentos ha ido recibiendo cada vez más aportaciones procedentes del sector privado. Solo en 2019, hubo más de veinte colaboradores corporativos.
La gente llega remitida por los equipos sanitarios que atienden a las personas que viven con el VIH. Se les garantiza el suministro de alimentos durante un periodo inicial de seis meses, tras el cual se revalúa la situación de cada persona. En ese tiempo intermedio, se cuenta con el apoyo del Ministerio de Protección Social y la agencia Recruitment and Manpower Agency. El objetivo es poder ofrecerles, asimismo, un puesto de trabajo y prestarles otro tipo de ayuda social.
Rhonda Moore trabajó como médico especialista en VIH durante seis años en tres regiones diferentes antes de asumir el mando del Programa nacional para la reducción del sida. Ella misma ha podido comprobar en primera persona cómo el hecho de estar alimentados cambia la situación para personas y familias que se encuentran al límite. Cuando la gran preocupación de las personas es saber si ese día podrán comer algo, su atención y cuidado respecto al tratamiento disminuye.
«La inseguridad alimentaria genera un círculo vicioso», apunta. «Para las personas que viven con el VIH, el llevar una dieta sana y equilibrada es tan importante para controlar la enfermedad como el tratamiento. El hecho de tener el estómago vacío un día sí y otro también afecta física y mentalmente. La adherencia en esos casos se torna un problema, y el impacto de la salud mental también mina el sistema inmunitario».
En el contexto de la COVID-19, el banco de alimentos ha hecho extensible su ayuda también a los miembros de los grupos de población clave que son seronegativos. El Programa nacional para la reducción del sida está colaborando con las organizaciones de la comunidad para frenar la propagación del virus proporcionando información sobre la COVID-19, además de sobre los servicios de prevención y pruebas del VIH.
Hasta la fecha, se han distribuido más de 2700 lotes de alimentos y productos de higiene. Para evitar que las personas tengan que desplazarse hasta el banco de alimentos, los lotes se están distribuyendo a partir de los centros de tratamiento en los diferentes distritos. Se lanzó una invitación a todas las personas diagnosticadas que no habían empezado o continuado su terapia antirretrovírica, para que se acercaran a los centros de tratamiento más próximos y recogieran allí tanto sus medicamentos para el VIH como alimentos, dos elementos básicos para sobrevivir a la COVID-19.
En el año 2019, Guyana se convirtió en el primer país del Caribe que introdujo directrices nacionales para abordar el hambre y el VIH. La estrategia respalda la labor de los proveedores de salud, los legisladores, los trabajadores sociales y otros interesados en la respuesta al VIH a la hora de preocuparse por los cuidados relativos a la nutrición y por satisfacer otras de las necesidades de las personas que viven con el VIH en situaciones diversas. En una respuesta a la epidemia a menudo dominada por la preocupación respecto al tratamiento, Guyana se ha mostrado proactiva para ocuparse del desafío de la inseguridad alimentaria al que muchas personas que viven con el VIH se enfrentan de manera habitual o, como en el caso de la COVID-19, de forma excepcional.
«El tratamiento del VIH fallará si la gente no tiene alimentos, comida saludable. El que Guyana haya sido capaz de responder de forma inmediata para plantarle cara a los desafíos de la seguridad alimentaria y, de esa forma, proteger el bienestar de las personas que viven con el VIH desde el mismísimo comienzo de la crisis humanitaria demuestra el gran valor que tiene invertir en un apoyo psicosocial que, como se observa, forma parte de nuestro programa de tratamiento habitual», destaca el Sr. De Groulard. «Hace a los países y a las comunidades más resilientes, más ágiles. Las prepara mejor para responder ante una crisis».
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El trabajo sexual durante la COVID-19 en Tanzania
25 Agosto 2020
25 Agosto 2020 25 Agosto 2020«Desde que empezó la pandemia de la COVID-19, ha sido dificilísimo tener clientes», afirma Teddy Francis John, trabajadora sexual de Zanzíbar. La COVID-19 ha hecho que lleve meses teniendo graves problemas para llevar ingresos a casa con los que sobrevivir ella y sus dos hijos.
«Todo se ha vuelto muy complicado y tuve que abrir un pequeño negocio dedicado a la venta de alcohol, una especie de cervecería local», explica. La tienda le permite conocer a posibles nuevos clientes, ya que los hombres acuden a ella para buscar su bebida y hay menos vigilancia respecto a las normas de distanciamiento social.
La Sra. John solía vivir y trabajar en la misma ciudad de Zanzíbar, pero, para ganar más y no tener que pagar alquiler, decidió mudarse a una zona más rural. Dice que allí le resulta más sencillo encontrar clientes que vayan a su local.
Rehema Peter se encuentra en una situación similar, pero ella está justo al otro lado del océano, en la Tanzania continental. Vive en un área muy masificada de Temeke en Dar es Salam. Es trabajadora sexual y colabora como voluntaria con las personas que viven con el VIH y aquellas que consumen drogas.
Sus clientes eran personas habituales que solían ir a su casa y hombres ya de confianza a cuyo domicilio se desplazaba ella. Pero, nada más surgir el brote de la COVID-19, el trabajo se detuvo. Los clientes dejaron de llamarla.
«La enfermedad del coronavirus ha hecho que mi vida sea ahora muy difícil. Cobraba muy poco, y con la COVID-19 la situación ha empeorado aún más. Mis clientes dejaron de venir y de llamarme. A los poquísimos que solían venir a menudo los llamé yo misma, pero me dijeron que no tenían dinero ya que con la crisis de la COVID-19 no podían trabajar», comenta la Sra. Peter.
Como asesora de iguales, le propusieron menos turnos de trabajo, lo que se tradujo en menos ingresos. Puesto que ella misma había sido consumidora de drogas, empezó a recibir ayuda por parte de la Red de Tanzania dedicada a las personas que consumen drogas (TaNPUD, por sus siglas en inglés), la cual ha contado con el apoyo de ONUSIDA para distribuir alimentos y productos de higiene entre las personas consumidoras de drogas y las que están en recuperación.
«Intento estar tranquila y buscar otras fuentes de ingresos. Estoy buscando otras organizaciones que puedan apoyarme de alguna manera. También estoy tratando de poner en práctica lo que aprendí en TaNPUD, y estoy haciendo jabón y aceite para venderlos».
Servicios continuados
Tanto la Sra. Peter como la Sra. John están viviendo con el VIH y están en tratamiento. Gracias a la enorme implicación de ONUSIDA y de otros socios del Gobierno de Tanzania, en el país apenas se han interrumpido los servicios del VIH. Y eso es algo que ambas mujeres valoran sobremanera.
«Durante todo este tiempo, ha sido muy complejo recibir asistencia médica en instalaciones sanitarias públicas. Había que ir a un hospital privado, y para ello hay que tener dinero. Sin embargo, no hemos tenido ningún problema con los servicios relacionados con el VIH, incluyéndose aquí la dispensación del tratamiento», recalca la Sra. John.
La Sra. Peter cuenta que recibe la dispensación multimensual para tres meses de su tratamiento antirretrovírico (y podría ser de hasta seis meses), ya que el personal sanitario prefiere evitar las aglomeraciones en las clínicas. Y esta es una medida que ha ayudado a las dos mujeres a adherirse al tratamiento.
Mayor estigma
Tanto la Sra. Peter como la Sra. John han sido víctimas de un mayor estigma y se han visto estos meses más excluidas socialmente por ser trabajadoras sexuales y vivir con el VIH.
«Hay gente que sabe que vivo con el VIH, y se burla de mí. Me dicen cruelmente: “Prepárate para morirte. La gente como tú nunca se cura. Prepárate ya para el final del viaje”», cuenta la Sra. Peter. Ha experimentado la discriminación dentro de su propia comunidad, pero su familia se mantiene fiel a su lado.
La Sra. John también ha tenido que aguantar comentarios y burlas por su trabajo.
«La gente procedente de otras comunidades se empezó a burlar tanto de mí como de otras compañeras. Cuchicheaban y hablaban de cómo me ganaría la vida ahora que no iba a haber clientes por la COVID-19», relata Francis John.
A pesar de que el brote de la COVID-19 se considera ya superado en Tanzania y aunque estas y otras mujeres no han dejado de esforzarse por encontrar otro modo de ganarse la vida, lo cierto es que para la Sra. John y la Sra. Peter sigue siendo difícil salir adelante, debido a la normativa relativa al distanciamiento social.
«Desde que empezó todo esto nos es muy difícil prestar nuestros servicios, y ello nos está haciendo mucho daño económicamente. Sé que la COVID-19 ha azotado a todo el mundo, pero pienso que las trabajadoras sexuales hemos sido mucho más perjudicadas dada la naturaleza de nuestros servicios, pues implican mucha proximidad», señala la Sra. John.
Nuestra acción
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Fortaleciendo el papel de las organizaciones confesionales en la respuesta al VIH
11 Agosto 2020
11 Agosto 2020 11 Agosto 2020Desde el principio, las organizaciones confesionales han desempeñado un importantísimo papel en la respuesta a la epidemia del VIH mediante sus fuertes vínculos con las comunidades sobre el terreno y la amplia red de clínicas e instalaciones sanitarias con las que cuentan.
Sin embargo, para aprovechar al máximo el enorme potencial de estas organizaciones, aún es necesario reforzar sus habilidades para adoptar nuevas políticas y poner en marcha medidas innovadoras, con el fin de mejorar su colaboración y coordinación con otros socios en la respuesta al VIH. Del mismo modo, es imprescindible abordar también el estigma y la discriminación relacionados con el VIH dentro de las comunidades de fe.
En la 2015 Lancet Special Edition, una edición especial de la revista médica británica dedicada a la fe y a la atención sanitaria, se subrayaron dos grandes desafíos:
- falta de pruebas sólidas sobre la magnitud, el ámbito, el alcance, la calidad y la efectividad de los servicios sanitarios prestados por las organizaciones confesionales;
- las brechas significativas entre determinados aspectos relacionados con la fe y las aproximaciones a la atención sanitaria basadas en los derechos humanos.
Para hacer frente a estos retos, el Plan de emergencia del presidente de los Estados Unidos para el alivio del sida (PEPFAR, por sus siglas en inglés) y ONUSIDA lanzaron en 2016 una iniciativa de dos años pensada para fortalecer la capacidad de los líderes y las organizaciones confesionales para abogar por, y ofrecer, respuestas sostenibles al VIH.
La nueva iniciativa
Esta nueva iniciativa conjunta de PEPFAR-ONUSIDA que ha visto la luz en el mes de junio de 2020, no pretende sino potenciar el liderazgo mundial y nacional de las organizaciones confesionales en la respuesta al VIH. Partirá de los logros, los resultados y las lecciones aprendidas hasta ahora, y buscará maximizar el uso de las herramientas capacitantes y de los recursos desarrollados en programas anteriores.
La iniciativa se plantea como un consorcio de organizaciones confesionales que llevan muchos años siendo socias y trabajando juntas para construir y combinar sus puntos fuertes, con el fin de promover políticas y prácticas basadas en pruebas, y aunar y reforzar los esfuerzos por defenderlas.
«Hoy más que nunca, es importantísimo que las comunidades y los líderes de fe alcen la voz con fuerza para lograr que se escuche a quienes no se permite hablar», insiste Shannon Hadder, directora ejecutiva adjunta del programa de ONUSIDA. «Esto significa, en esta era de la COVID-19, que hemos de reconocer que la llamada a la acción para actuar contra la COVID-19 y la llamada a la acción para actuar contra el VIH han de ser complementarias y sinérgicas, nunca pueden oponerse la una a la otra. Confiamos plenamente en los socios de fe, para que ellos sean las voces fuertes y verdaderas que apoyen a todas las personas que están viviendo con el VIH».
Socios implementadores y países centrales para la iniciativa
Todos los socios que van a llevar a la práctica esta nueva iniciativa llevan ya años poniendo en marcha con gran éxito actividades relacionadas con el VIH. Asimismo, su vínculo con ONUSIDA y PEPFAR viene ya de tiempo atrás, y desde hace mucho tiempo trabajan codo con codo con socios interconfesionales tanto a nivel mundial como nacional.
Estos socios implementadores son:
- El Consorcio académico, liderado por la Universidad de St. Paul (Limuru, Kenia);
- La plataforma de asociaciones cristianas para la defensa de la salud en África (African Christian Health Association Platform);
- Caritas Internationalis;
- La red interconfesional de líderes religiosos que conviven con el VIH o con personas que viven con el VIH (INERELA+);
- Islamic Relief Worldwide;
- Consejo mundial de Iglesias - Alianza ecuménica de acción mundial
- Consejo mundial de Iglesias - Iniciativas y defensa ecuménica para el VIH y el sida
Los países en los que se llevarán a cabo actividades son Camerún, Costa de Marfil, la República Democrática del Congo, Kenia, Nigeria, la República Unida de Tanzania, Uganda y Zambia.
Las organizaciones confesionales alinearán sus actividades con los planes de acción de fe en apoyo de las estrategias para la respuesta nacional al VIH. La experiencia nos muestra que tal cooperación dará como resultado una mejor coordinación y una participación sostenible por parte del sector religioso en las respuestas nacionales al VIH.
«Nuestro deseo y buena disposición para forjar alianzas con las comunidades de fe forma parte de un enfoque sostenible para abordar tanto el VIH como la COVID-19», señala Sandra Thurman, responsable de estrategias EN PEPFAR.
Las actividades organizadas a nivel mundial van dirigidas a aumentar la colaboración, la visibilidad y la coordinación de las aportaciones de las organizaciones confesionales a la respuesta al VIH. Entre los actos programados se incluye la Conferencia interconfesional para el VIH sobre el tema de la resiliencia y la renovación (22-24 de septiembre de 2020), la puesta en marcha de los compromisos adoptados en el Plan de Acción de Roma sobre niños, adolescentes y VIH, y la participación de los socios confesionales en el desarrollo de la nueva estrategia mundial de ONUSIDA.
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Papua Nueva Guinea ya cuenta con formación virtual para los responsables de la prescripción de terapia antirretrovírica
04 Agosto 2020
04 Agosto 2020 04 Agosto 2020En Papua Nueva Guinea, el Departamento Nacional de Salud ha lanzado el primer programa formativo virtual dirigido a los profesionales encargados de prescribir tratamientos antirretrovíricos. Mediante Google Classroom, los alumnos van recibiendo 21 clases por vídeo con más de seis horas de contenido. A lo largo de ellas se habla del tratamiento para el VIH, las directrices relacionadas con la provisión de cuidados y servicios, así como de las herramientas de supervisión y evaluación. El curso incluye clases por vídeo y materiales de evaluación relacionados, y ha de realizarse en los siete días siguientes a la matriculación.
Treinta días después del lanzamiento de la iniciativa, ya son 105 los participantes que han realizado el curso con gran éxito. De todos ellos, un 70 % llevaba tres años sin haber tenido ocasión de actualizarse en la materia.
Para acceder a Google Classroom, hace falta un dispositivo con conexión a Internet (smartphone, portátil o tableta), acceso a Internet y una dirección de correo electrónica válida. Puesto que algunos prescriptores de terapias antirretrovíricas carecen de dirección de e-mail, diversas clínicas locales han habilitado aulas allí mismo para que los interesados en el curso puedan acceder al programa desde un solo ordenador y aprender como grupo.
El Departamento Nacional de Salud ha contado desde el primer momento con el apoyo de sus socios, incluyéndose aquí ONUSIDA, la Organización Mundial de la Salud, USAID, el Centro de los Estados Unidos para el Control de Enfermedades, World Vision y FHI 360. De esta forma, ha logrado cubrir los 15 dólares estadounidenses de acceso a Internet por participante, utilizando tarjetas con planes de datos semanales procedentes de un red nacional proveedora de Internet.
«Las crisis también pueden ser oportunidades y la inminente crisis de la COVID-19 no ha hecho sino forzarnos a dar con una solución innovadora. La formación dirigida a prescriptores de terapia antirretrovírica cambió su estrategia, y nos demostró que podemos responder de forma efectiva y ofrecer grandes soluciones. Estoy orgullosísimo de todos los socios que nos han apoyado en esta andadura. Ahora disponemos de un tipo de formación mucho más asequible que supera las enormes barreras geográficas que nos encontramos aquí en Papua Nueva Guinea», señaló Penial Boas, responsable del programa para el VIH y las enfermedades de transmisión sexual del Departamento Nacional de Salud.
Los participantes valoraron muy positivamente la formación. «Disfruté realmente aprendiendo todo lo nuevo. Recomiendo que cualquier programa de actualización en el ámbito del VIH y las enfermedades de transmisión sexual se lleve a cabo de esta misma forma en el futuro. Así se consigue minimizar gastos y, al mismo tiempo, se brinda la oportunidad de participar a muchos sanitarios que de otra forma no podrían hacerlo», explicó una enfermera de la clínica Leguava, en la provincia de Nueva Bretaña del Oeste.
«El curso te proporciona un contenido relevante que, además, los facilitadores saben acercar muy bien al alumno. Disfruté mucho de las preguntas que se planteaban al término de cada presentación. Encima, tiene lo bueno de que no hay que apartar al trabajador de su lugar de trabajo, no hay que incurrir en gastos de viaje y, por si fuera poco, todos los participantes pueden aprender a su propio ritmo. Al margen de ello, de cara a las tutorías y a plantear dudas, es fantástico el hecho de que los docentes del curso están disponibles en la plataforma», apuntó un trabajador de la clínica Innanaka, en la provincia de Hela.
El equipo que se encuentra tras esta iniciativa está formado por miembros del grupo nacional de trabajo técnico en materia del VIH, incluyéndose directores regionales, conferenciantes, proveedores de contenidos y moderadores de clases online, entre otros. Google Classroom se utiliza gratuitamente y todos los materiales se almacenan en Google Drive a través de una cuenta de Google.
Tras la formación virtual, habrá visitas de supervisión y sesiones de asesoramiento en los propios centros, todo ello dirigido por subequipos del grupo nacional de trabajo técnico en materia del VIH. Dado el gran éxito de la experiencia, se está valorando este mismo formato para otras de las formaciones que se realizan en Papua Nueva Guinea.
«La opción rápida y estratégica de ofrecer formación a los prescriptores de tratamientos antirretrovíricos ha logrado salvar vidas aquí, en Papua Nueva Guinea. Sin este aprendizaje, no se habría podido empezar a utilizar de forma tan eficaz los nuevos tratamientos para el VIH que están combatiendo la resistencia al fármaco del VIH», insistió David Bridger, director nacional de ONUSIDA para Papua Nueva Guinea.
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Fiyi: allí donde el trueque tradicional abre camino a una economía de bondad
17 Julio 2020
17 Julio 2020 17 Julio 2020Una mañana fiyiana a primera hora, Marlene Dutta, café en mano, está sentada en el porche trasero rodeada de vegetación. Ni tan siquiera el piar de los pájaros, de fondo, consigue que aparte la vista de la pantalla de su ordenador. Está muy ocupada leyendo los mensajes recibidos y revisando la actividad en la página de Facebook que ella misma ha creado, Barter for Better Fiji (trueque por un Fiyi mejor), una comunidad en línea que ha revitalizado las prácticas tradicionales de trueque y ha ayudado a las comunidades a abastecerse durante el brote de la COVID-19.
«Desde el mismo instante en que otros administradores voluntarios de la página y yo nos despertamos, no apartamos los ojos de la web», afirma la Sra. Dutta, consultora de desarrollo de aptitudes empresariales. Están ocupados supervisando o compartiendo información del Gobierno con respecto a las restricciones sobre aquellos bienes que se pueden utilizar como moneda de cambio para el trueque.
En Fiyi, donde aproximadamente el 30 % del producto interior bruto del país procede del turismo, las restricciones de viaje para evitar la expansión de la COVID-19 han supuesto tiempos difíciles para muchos.
Al hablar sobre cómo se le ocurrió la idea de la página de Facebook, la Sra. Dutta se muestra convencida: «El trueque ha sido siempre algo en lo que los fiyianos confían para su día a día. Se intercambia entre amigos, familia y comunidades. Todos y cada uno de nosotros tenemos algo, una habilidad especial, un talento, algo que podemos cultivar, todo un montón de cosas que almacenamos en casa. Si las personas pueden intercambiar objetos o servicios para obtener lo que necesitan, pueden ser capaces de mantenerse a sí mismos a flote en un momento tan convulso como el que estamos teniendo». De estos pensamientos y con esa intención nació Barter for Better Fiji. La Sra. Dutta se muestra maravillada por la popularidad que ha ganado la página. Inicialmente concebida para ser utilizada por sus amigos, la página cuenta ya con más de 180 000 seguidores, un número enorme teniendo en cuenta que el país tiene una población de solo unas 900 000 personas. Así mismo, diariamente llegan miles de solicitudes de personas deseosas de convertirse en miembros.
Aparte de ayudar a los seguidores de la página a intercambiar los alimentos y los servicios necesarios, y de tratar de apoyar a los pequeños comercios vinculándolos con nuevos proveedores, la página también está consiguiendo crear un mayor sentido de comunidad. Los miembros del grupo han conseguido reconectarse con vecinos, familiares y amigos de la infancia de los que llevaban años sin saber. La Sra. Dutta relata historias de completos desconocidos que quedan en la página para intercambiar bienes y descubren que son vecinos de la misma calle o incluso que tienen lazos familiares.
«A través de la página no buscamos sino fomentar la economía de la bondad. Esa bondad y el buen hacer están detrás de todo lo que sucede en nuestra página de Facebook», explicó la Sra. Dutta. «Eso en sí mismo nos ha traído consigo un sentido de comunidad en la que las personas se muestran intencionadamente amables, compasivas y agradecidas con los demás».
Si bien Barter for Better Fiji no aborda de forma específica las necesidades de los colectivos vulnerables o de las personas que viven con el VIH, otros grupos como Fiji Network for People living with HIV, Rainbow Pride Foundation y Survival Advocacy Network Fiji se han hecho eco de que los miembros de sus comunidades sí se han beneficiado de la plataforma de trueque online. La página ha convertido el trueque en la «nueva normalidad» para los grupos vulnerables.
«LGBTQI+ o no, al caer el día, todos somos seres humanos, y necesitamos apoyarnos de una forma u otra. Precisamente por eso pienso que esta página es una maravillosa iniciativa», enfatizó uno de los miembros de Rainbow Pride Foundation.
Los miembros de la comunidad han sido capaces de intercambiar objetos o proporcionar servicios de limpieza a cambio de alimentos. A otros el dinero ahorrado mediante el trueque les ha permitido lanzarse a distintas actividades generadoras de ingresos, como los huertos en jardines y los puestos de comida. En un momento como el actual en el que el turismo ha caído por completo, algunos grupos, como el de los trabajadores sexuales, han visto cómo sus ingresos desaparecían.
Los miembros de la comunidad lesbiana, gay, bisexual, transgénero e intersexual también se han enfrentado al estigma debido a la falsa concepción que impera respecto a cómo se transmite el nuevo coronavirus. Sin embargo, los integrantes de todos estos grupos han confesado cómo las motivadoras historias y las conexiones creadas entre los miembros de la página de Facebook los han ayudado a gestionar sus emociones y cuidar de su salud mental. Por todas estas historias positivas escritas hasta ahora, relatos de comunidades que aúnan sus fuerzas para luchar contra la COVID-19, Barter for Better Fiji se ha propuesto convertir la página de Facebook en una página web y una app.
Mientras Fiyi lidia con el brote de la COVID-19, Barter for Better Fiji reconoce el importante papel que desempeña en lo que está por venir. Sabe bien que es más que una plataforma para el trueque; se trata de un espacio en el que crear historias de conexión reconfortantes y conmovedoras que promuevan toda una economía de bondad.
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ONUSIDA y más organismos del sistema de las Naciones Unidas apoyan la respuesta a la COVID-19 en Nigeria
10 Julio 2020
10 Julio 2020 10 Julio 2020El sistema de las Naciones Unidas en Nigeria se unió a la lucha contra la COVID-19 poco después de que se detectara el primer caso en el país a finales de febrero de 2020.
Las grandes lecciones aprendidas por ONUSIDA y su enorme experiencia a la hora de acercar y unir a las distintas partes interesadas han sido fundamentales para guiar la respuesta interinstitucional de las Naciones Unidas liderada por el coordinador del país, Edward Kallon. Movilizando muy activamente su capital político y su buena voluntad en el país, ONUSIDA ha ayudado a aportar recursos y mejores líneas de comunicación, coordinación y responsabilidad a la respuesta nacional a la COVID-19.
A mediados de marzo, se estableció un grupo de trabajo presidencial para desarrollar un plan de respuesta a la COVID-19 que determinara cuál debía ser el trabajo conjunto de las organizaciones. Las lecciones aprendidas de la respuesta al VIH se incluyen en el desarrollo de los cuatro principios de unidad que guían la respuesta nacional a la pandemia de la COVID-19: un plan de respuesta a la pandemia de la COVID-19 multisectorial, una autoridad coordinadora nacional para la COVID-19, un sistema de evaluación y supervisión para la COVID-19 y una plataforma para la financiación e inversión en la COVID-19.
«Los cuatro principios de unidad simplificarán y clarificarán los papeles, las responsabilidades y las relaciones, incluyéndose aquellas dentro del Gobierno», señaló el Ministro de Sanidad de Nigeria, Osagie Ehanire.
Otra lección aprendida de la respuesta al VIH es la que tiene que ver con la importancia de garantizar que las personas marginadas y vulnerables sean tenidas en cuenta en cada uno de los pasos para el desarrollo de una respuesta a la epidemia. El posible impacto de la COVID-19 sobre las personas que viven con el VIH, los grupos de población clave y las personas sin recursos ha de ocupar también el centro de la toma de decisiones.
«ONUSIDA se coordinó periódicamente con las distintas redes desde el comienzo del brote de la COVID-19. Se encargó de proporcionar el apoyo técnico necesario y de garantizar las sinergias con los esfuerzos del Gobierno», explicó Abdulkadir Ibrahim, coordinador nacional de la Red de personas que viven con el VIH/sida en Nigeria.
Junto con el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, ONUSIDA sirvió de enlace entre el sistema de las Naciones Unidas y el Gobierno, y facilitó la entrega de 2 millones de dólares estadounidenses al Gobierno, para que este se encargara de adquirir productos médicos de primera necesidad en situación de emergencia. Se garantizó de esta forma el uso de los suministros y los equipos en las instalaciones sanitarias públicas y por parte de los trabajadores sanitarios.
Naciones Unidas lanzó el Fondo Colectivo para la COVID-19 el pasado 6 de abril. Como parte de uno de los cuatro principios de unidad, el referente a la plataforma de inversión y financiación para la COVID-19, el Fondo Colectivo canaliza las aportaciones de los donantes a la respuesta a la COVID-19. ONUSIDA desempeñó un papel fundamental en su establecimiento, al trabajar mano a mano con el coordinador nacional de las Naciones Unidas y el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para garantizar que esta plataforma de financiación pusiera a las personas y a las comunidades en el centro. ONUSIDA, ONU Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas ayudaron a recaudar 6,5 millones de dólares estadounidenses para el compromiso de la sociedad civil y la comunidad, la protección social de los hogares más vulnerables y la documentación de las buenas prácticas de la comunidad.
Al anunciar su contribución de 50 millones de euros al Fondo Colectivo, el presidente de la delegación de la Unión Europea en Nigeria, Ketil Karlsen, afirmó: «El Fondo Colectivo para la COVID-19 nos brinda la oportunidad de cooperar y actuar rápidamente proporcionando una ayuda que contribuye a reforzar los servicios sanitarios y proteger a los más vulnerables».
Quizás la aportación más importante de ONUSIDA a la respuesta a la COVID-19 en el país ha sido defender el aprovechamiento de la enorme infraestructura para el VIH con que cuenta Nigeria para luchar contra la COVID-19.
«Debemos incrementar los activos para el VIH sobre el terreno, no solo las instalaciones, sino también el número de sanitarios y voluntarios. Para luchar de manera efectiva contra la COVID-19, no podemos sino hacer partícipes a las comunidades para que ellas también lideren la respuesta», afirmó Erasmus Morah, director regional de ONUSIDA en Nigeria.
Juntos, el Gobierno de los Estados Unidos, la Agencia nacional para el control del sida, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, ONUSIDA, y el grupo de trabajo presidencial trazaron e iniciaron el compromiso de aproximadamente 100 000 sanitarios y voluntarios, para que fueran ellos quienes se ocuparan de la comunicación del riesgo, la movilización social, el rastreo de contactos y la atención domiciliaria.
La COVID-19 está lejos de dar tregua al país. Los casos siguen creciendo y el personal de las Naciones Unidas no ha escatimado en esfuerzos en ningún momento. Sin embargo, tal y como apunta el Sr. Kallon: «Las Naciones Unidas han de seguir trabajando y ayudando a las personas, al mismo tiempo que se garantice que el personal y sus familias dispongan de lo necesario para protegerse frente a la COVID-19». De acuerdo con esto, se estableció un centro para el aislamiento y el tratamiento de la COVID-19 como extensión de la clínica de las Naciones Unida para su personal, quien está en la primera línea de la batalla contra la enfermedad del coronavirus, y sus familias.
Avanzando en la respuesta a la COVID-19, y apoyando continuamente al grupo de trabajo presidencial, el equipo nacional de las Naciones Unidas, incluida ONUSIDA, se está preparando para ayudar a Nigeria a hacer frente a las ingentes brechas en la preparación subnacional. En los próximos meses se abordarán cuestiones clave como la falta de medios de vida, el aumento de las vulnerabilidades y la inseguridad alimentaria, el mayor riesgo de violencia de género y el acceso limitado a los servicios sanitarios básicos.
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Garantizar el acceso a unos servicios para el VIH de calidad, seguros y no discriminatorios a los grupos de población clave y los migrantes en el contexto de la COVID-19
10 Julio 2020
10 Julio 2020 10 Julio 2020Declaración del Grupo de trabajo interinstitucional en materia de grupos de población clave del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) con relación a la necesidad de garantizar a los grupos de población clave y los migrantes el acceso a unos servicios para el VIH de calidad, seguros y no discriminatorios en el contexto de la pandemia de la COVID-19.
La rapidísima propagación de la COVID-19 continúa impactando en miles de millones de vidas de todo el mundo. Necesitamos una cantidad inaudita de recursos humanos y económicos para hacerle frente a la pandemia. Las entidades de las Naciones Unidas, las ONG, las comunidades de personas que viven con el VIH, los trabajadores sexuales, los hombres gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, las personas consumidoras de drogas, los transgénero, quienes están encarcelados y sus parejas sexuales, así como la sociedad civil en su conjunto, todos desempeñan un papel clave en la lucha contra la COVID-19. Todos y cada uno de ellos pueden salvar vidas y abordar conjuntamente las fuertes consecuencias sociales y económicas. Momentos tan críticos como este que estamos viviendo nos recuerdan que la desigualdad puede ser una cuestión de vida o muerte, y que todo el mundo nace libre e igual en dignidad y derechos, incluyéndose aquí el derecho a disfrutar de los más altos estándares de salud.
Son muchas las lecciones aprendidas de la respuesta mundial al VIH que ahora pueden ayudarnos a plantar cara a la COVID-19: El VIH nos ha enseñado que se trata de una responsabilidad compartida y que debemos empoderar a las comunidades e implicarlas en la respuesta; nunca jamás deberíamos comprometer los derechos humanos; debemos eliminar todas las formas del estigma y la discriminación; hemos de apoyar a los grupos más vulnerables y marginados.
ONUSIDA calcula que el 62 % de las nuevas infecciones por el VIH se producen entre los grupos de población clave y sus parejas sexuales. Los grupos de población clave experimentan formas concretas de exclusión, criminalización y discriminación que vuelven a dejarlos una y otra vez en situación vulnerable frente al VIH y ahora también frente a la COVID-19. Las personas que están en cárceles y otros centros de internamiento, donde el distanciamiento interpersonal no siempre es una opción, son extremadamente vulnerables a la COVID-19. Las personas encarceladas tienen también mayor prevalencia de VIH y tuberculosis, lo cual supone el riesgo de una mayor complicación si la persona infectada por el virus SARS-COV 2, como los migrantes, también plantan cara a una enorme vulnerabilidad frente al VIH. Las personas LGBT están informando de un elevado riesgo de violencia doméstica y familiar que aumenta el aislamiento social y multiplica las dificultades a la hora de acceder a un tratamiento vital para el VIH y a los servicios de salud reafirmadores del género. El dejar atrás a los grupos de población clave en un momento tan relevante como este puede ejercer un enorme impacto en la salud y las vidas humanas. Además, podemos desandar todo lo andado en la respuesta al VIH.
Instamos a todos los Gobiernos y socios a que se unan a nosotros, y que juntos consigamos
poner a disposición de los grupos de población clave y los migrantes servicios para la prevención, el tratamiento, el cuidado y el apoyo para el VIH, así como servicios sanitarios en general, todos ellos de calidad y no discriminatorios.
Estos servicios han de basarse en el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos, independientemente de las leyes, las políticas y las prácticas punitivas que pudieran existir. Todos ellos han de estar libres del estigma y la discriminación, deben partir de las pruebas y la ciencia, y han de cumplir las directrices internacionales más recientes. Asimismo, los servicios han de ser equitativos, deben partir de un consentimiento informado, y tienen que ser confidenciales y seguros para las comunidades y los trabajadores sanitarios.
Adaptar rápidamente la prestación de servicios teniendo en cuenta las nuevas realidades de la pandemia de la COVID-19.
El acceso seguro a las pruebas de detección para el VIH y al asesoramiento remoto es un ejemplo de esta adaptación de los servicios. Siempre que sea posible, se debería apostar por la dispensación multimensual de los tratamientos para el VIH, la tuberculosis y la hepatitis vírica. Un suministro de 3 a 6 meses nos ayudaría a garantizar la continuidad del tratamiento, a reducir la transmisión del VIH y las coinfecciones y, al tiempo, a disminuir el riesgo de contraer la COVID-19. Las personas consumidoras de drogas deberían tener acceso a la reducción del daño, incluyéndose aquí, siempre que se pueda y que así lo recomienden los profesionales médicos, el acceso a dosis múltiples de la terapia de sustitución de opiáceos, para así reducir las visitas a los lugares del programa de TSO y minimizar el riesgo de exposición a la COVID-19. Las alternativas a la encarcelación, siempre que se pueda, en el caso de los delitos no violentos, pueden salvar vidas, particularmente para delitos no reconocidos por la legislación internacional. Se deberían adoptar medidas para la liberación temprana de determinados grupos de personas que corren más riesgo de verse afectados por la COVID-19. Es el caso, por ejemplo, de mayores, enfermos crónicos o personas con otras dolencias, así como de embarazadas, mujeres con hijos dependientes, reclusos que están a punto de terminar su condena y aquellos que han sido encarcelados por delitos leves, de acuerdo con las políticas nacionales y sin comprometer la salud pública y la seguridad. Se precisan medidas de protección social en situación de emergencia para los grupos de población clave, ya que a menudo son excluidos de los servicios sociales, e incluso se ven privados de vivienda y seguro sanitario, y tienen una precaria situación laboral. La prestación de servicios ha de seguir teniendo en cuenta la diversidad por interseccionalidad, género y edad. Hemos de contar con recursos, fondos y materiales adecuados para las personas. Para ser eficaces y eficientes, estos servicios deben incluir a los grupos de población clave, sus comunidades y sus organizaciones en el diseño y la implementación de los programas.
Se ha de garantizar que las respuestas a la COVID-19 no conduzcan a la proliferación de leyes punitivas y medidas que refuercen las restricciones o criminalicen la transmisión y la exposición.
Este efecto enormemente perjudicial de las medidas punitivas sobre personas ya marginadas o criminalizadas ha sido bien documentado en la respuesta al VIH, incluso por parte de la Comisión Mundial sobre el VIH y la Legislación.
No venceremos a la COVID-19 si hay personas que no pueden ni permitirse acceder a las pruebas de detección o al tratamiento. Hemos de asegurarnos de que las respuestas a la COVID-19, o a cualquier otra pandemia o emergencia sanitaria, no dejan a nadie atrás, ya sean grupos de población clave, migrantes u otros grupos vulnerables. Como grupo de trabajo interinstitucional en materia de grupos de población clave, estamos listos para trabajar con todos nuestros socios para garantizar a los grupos de población clave el acceso seguro y basado en los derechos a servicios de calidad para el VIH y la COVID-19.
El Grupo de trabajo interinstitucional sobre los grupos de población clave se establece bajo la división laboral de ONUSIDA y lo coorganizan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en asociación con la Red mundial para y por personas que viven con el VIH (GNP+), la Red mundial de personas consumidoras de drogas (INPUD), MPact Global Action for Gay Men's Health and Rights (MPact), la Red global de proyectos relacionados con el trabajo sexual (NSWP), IRGT y la Secretaría de ONUSIDA.
Feature Story
La siguiente estrategia mundial del sida: conseguir cambiar la historia
09 Julio 2020
09 Julio 2020 09 Julio 2020En la apertura de una sesión de la Conferencia Internacional sobre el Sida 2020 dedicada a la próxima estrategia mundial del sida de ONUSIDA, la Directora Ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, presentó un audaz plan para volver a poner en marcha la respuesta global al VIH.
«A principios de esta semana, ya di la voz de alarma al anticipar que el mundo no logrará los objetivos mundiales fijados para el VIH de cara al año 2020. La nueva estrategia de ONUSIDA será el mapa de ruta para reactivar la respuesta mundial y poner fin a la epidemia del sida para 2030», apuntó la Sra. Byanyima. «La siguiente estrategia de ONUSIDA actuará de lleno sobre aquellas áreas que aún siguen rezagadas. Buscará combinar la prevención y los derechos humanos de los grupos de población clave, y abordará las múltiples vulnerabilidades de las chicas adolescentes y mujeres jóvenes del África subsahariana».
La sesión supuso una oportunidad para que los participantes intervinieran en un debate con ONUSIDA sobre los principios y los problemas clave que deberían sustentar la estrategia mundial para el sida de ONUSIDA.
Deborah Birx, coordinadora mundial del sida de los Estados Unidos y coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, enfatizó la imperiosa necesidad de «aunar los datos, las comunidades y los Gobiernos para abordar los problemas a los que las personas se ven obligadas a hacer frente a diario».
Todos y cada uno de los allí presentes compartieron una misma opinión respecto a la gran necesidad de una estrategia que se ocupe de las principales vulnerabilidades que ponen a las personas en riesgo. Así, dicha estrategia deberá acabar con las normas de género tradicionales dañinas, deberá permitir el acceso de las personas a los medios de vida y la educación, y tendrá que reducir la exclusión y marginalización de los grupos de población clave.
«La salud no es solo salud. Hablamos también de justicia social. No basta con proporcionar preservativos a las trabajadoras sexuales, si no abordamos los factores que las impiden usarlos», apuntó Rico Gustav, director ejecutivo de la Red mundial de personas que viven con el VIH y presidente del Comité para la estrategia del Fondo Mundial.
Con el fin de salvar las brechas, debemos aplicar las pruebas de que disponemos para diseñar programas que se adapten a las distintas epidemias y contextos. «Nosotros sí que disponemos de las herramientas para lograr el impacto que hace falta, pero necesitamos trasladarlas a nivel local. Requerimos soluciones más a medida», insistió Quarraisha Abdool Karim, del Centro para el programa de investigación sobre el sida de Sudáfrica.
Se instó a todas las comunidades a ponerse en el centro de la respuesta para liderar el cambio. Al mismo tiempo, los participantes subrayaron la necesidad de invertir en las comunidades para empoderarlas y pedir su liderazgo, para hacer a todo el mundo responsable, para ayudar a diseñar y hacer llegar respuestas al VIH, la tuberculosis y la COVID-19 centradas en las personas y en los derechos humanos, y para alcanzar a aquellos grupos de población a los que es más difícil llegar.
«Cómo vamos a poder tener el poder de la gente cuando ni tan siquiera disponemos de financiación», planteó Lucy Wanjiku, de Positive Young Women Voices de Kenia.
«Las comunidades han de estar sí o sí en el centro de la respuesta. Esto significa que tienen que recibir financiación, que han de formar parte de la toma de decisiones y que se debe contar con espacios cívicos donde todos seamos responsables», añadió Ludo Bok, gerente del grupo para la salud y el desarrollo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Todos los ponentes llamaron a reflexionar seriamente sobre lo que debía cambiar y animaron a todos a comprometerse para modificar la forma en que respondemos al VIH. Los participantes estuvieron totalmente de acuerdo con el hecho de que es fundamental hablar de salud como un derecho básico. Para todos ellos, hemos de ver la salud como una construcción social. El tratamiento y la prevención del VIH no se pueden administrar si sigue habiendo brechas respecto al acceso al conocimiento, la educación y la atención sanitaria; la reducción del daño; la salud sexual y reproductiva; un medio de vida seguro; oportunidades económicas; protección frente a la violencia y acceso a la justicia.
«Vuelvo a tener la sensación de que necesitamos actuar con urgencia. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente», recalcó la Sra. Byanyima. «La gente ansía y espera que esta estrategia marque una nueva dirección para la respuesta mundial al sida. Esperan la acción del Programa Conjunto de las Naciones Unidas, esperan acabar con el sida en todos los países, y esperan frenar la epidemia en todas y cada una de las comunidades».
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Feature Story
ONUSIDA ayuda a responder a la inseguridad alimentaria durante el brote de la COVID-19 en Angola
19 Junio 2020
19 Junio 2020 19 Junio 2020«Angola tiene una larga historia en lo que se refiere a brotes de epidemias», explica Michel Kouakou, director nacional de ONUSIDA en Angola. «Cólera, malaria, polio, fiebre amarilla... El país está bien preparado y cuenta con profesionales competentes, entre ellos sanitarios, para hacer frente a los brotes», detalla.
Como resultado de ello, el presidente de Angola, João Lourenço, actuó de inmediato en cuanto surgió el brote de la COVID-19. Entre las medidas que adoptó, están el confinamiento del país, el cierre de fronteras y la cancelación de todos los vuelos internacionales.
Si bien todo ello ha ayudado a tener un número bajo de casos, ha hecho también que mucha gente perdiera su medio de vida, sobre todo las personas que trabajan en el sector informal.
Para responder a la inseguridad alimentaria que la situación ha causado, sobre todo entre las personas que viven con el VIH, el director nacional de ONUSIDA para Angola reforzó sus alianzas para hacer llegar a miles de personas de Luanda, la capital de Angola, cestas con comida.
Bajo el patrocinio de la campaña Free to Shine, la cual se centra en eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH en Angola, la primera dama angoleña, Ana Alfonso Dias Lourenço, junto con la compañía de seguros Saham Angola, la Asociación de personas seropositivas y ONUSIDA, distribuyó 1000 cestas con alimentos a las personas que viven con el VIH, medio millar de las cuales iban destinadas a las mujeres embarazadas que viven con el VIH.
Durante el confinamiento, Yola Semedo, conocida cantante y compositora angoleña, y embajadora de buena voluntad de ONUSIDA para el país, organizó un concierto virtual, el cual se televisó en todos los canales nacionales. Logró recaudar fondos para otras 14 000 cestas de comida, las cuales distribuyó por las provincias de Luanda y Benguela, incluyéndose aquí 500 cestas de comida para las personas que viven con el VIH en Luanda.
«Nuestra gente se encuentra en una situación vulnerable debido a la COVID-19 y, en este momento, me siento feliz de ser hija de esta tierra. Es ahora cuando nos damos cuenta de que los nuestros están aquí con nosotros», insistió la Sra. Semedo.
Uno de los aliados de ONUSIDA por parte de la sociedad civil desde hace años, la Red angoleña de organizaciones al servicio del sida, la cual apoya a las personas y las familias que viven con el VIH, ha distribuido 1500 cestas de alimentos, y los números siguen y siguen creciendo, ya que en la mayoría de los casos dichas cestas se sirven a diario.;
La Asociación de mujeres policía de Angola también se unió al movimiento y donó 120 cestas de alimentos a la organización confesional Associação de Solidariedade Cristã e Ajuda Mútua, para que esta se encargara de distribuir los alimentos entre las trabajadoras sexuales, las cuales habían visto desaparecer sus ingresos como consecuencia de la pandemia de la COVID-19.
«Mientras muchos países en la región han utilizado el confinamiento como excusa para criminalizar aún más a los grupos de población clave, entre ellos el de los trabajadores sexuales, esta acción ha demostrado que la solidaridad es clave en un momento así», recalcó el Sr. Kouakou.
