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La prevención del VIH vuelve a ocupar un lugar central en el orgullo LGBTI de Brasil
17 Octubre 2019
17 Octubre 2019 17 Octubre 2019En junio del 2019, más de 3 millones de personas salieron a las calles de São Paulo, Brasil, para celebrar el orgullo LGTBI y para conmemorar el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, un punto de inflexión en la lucha por los derechos LGBTI. Para el empresario gay Almir Nascimento, el 2019 marcó el regreso a la participación en la organización del evento tras un descanso de 20 años.
Una creciente inquietud sobre el gran aumento de nuevas infecciones por el VIH en Brasil entre los jóvenes, especialmente entre los hombres homosexuales jóvenes y las mujeres transgénero, provocó el regreso del Sr. Nascimiento al orgullo LGBTI. Durante muchos años, pensó que la movilización de la década de los 90 y la llegada de la terapia antirretroviral serían suficientes para poner fin a la epidemia del VIH.
«La epidemia estaba en pleno apogeo cuando me uní al orgullo como uno de los organizadores en 1999 y 2000. En aquel entonces, me pareció que habíamos conseguido logros significativos y pensé que sería suficiente para detener el VIH», recuerda el Sr. Nascimento. «Pero hace cuatro o cinco años, me di cuenta que aumentó el número de personas jóvenes del colectivo LGBTI que contraían infecciones por el VIH y, lo que es peor, morían a causa de enfermedades relacionadas con el sida a una edad muy temprana. Esto me motivó a regresar y apoyar a los organizadores del desfile para promover un debate público sobre el VIH y el sida dentro de nuestra comunidad».
En 2018 había alrededor de 900.000 personas viviendo con VIH en Brasil, un aumento de estas infecciones mayor al 20% desde 2010. Si bien la prevalencia del VIH en Brasil entre la población adulta se estima en el 0,5%, entre las personas transgénero es de alrededor del 30% y entre los hombres homosexuales y los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres en torno al 18,3%.
El Sr. Nascimento es propietario de una sauna gay en São Paulo y cuenta que siempre ha hecho esfuerzos para garantizar que sus clientes tengan el conocimiento y las herramientas necesarias para prevenir el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Un ejemplo de ello sería que se asoció con las autoridades sanitarias de São Paulo para distribuir preservativos gratis. Hace poco, los investigadores de salud fueron bienvenidos a la sauna para reclutar personas interesadas en participar en programas piloto para PrEP (profilaxis previa a la exposición), una pastilla que puede evitar que las personas se infecten con el VIH.
«No se puede negar que los hombres homosexuales y las personas transgénero forman parte de los grupos de población que se ven más afectados aquí en Brasil. Me di cuenta de que en los desfiles de la comunidad LGBT, incluido el de São Paulo, ya no cuentan con iniciativas eficaces para poner fin al VIH dentro de sus asociaciones», dice. «Debido a eso, decidimos convocar una reunión con los organizadores de los 27 desfiles que representan a cada una de las capitales estatales de Brasil y, además, una docena de los que pertenecen a las ciudades más importantes del estado de São Paulo. En total, estimamos que llegan a más de 18 millones de personas cada año».
Debido a que las cifras son tan grandes, el Sr. Nascimento cree que no solo existe la oportunidad, sino también la responsabilidad de transmitir mensajes de prevención del VIH y de cero discriminación contra la comunidad LGBTI.
«Algunos organizadores de los desfiles se resisten a vincular las fiestas con temas relacionados con el VIH debido al temor a la estigmatización y la discriminación, pero al estar todos juntos durante estos eventos, debemos aprovechar para crear debates sinceros con los que se consiga educar a las personas sobre la prevención del VIH, ya que puede salvar vidas».
Con el apoyo de la oficina de ONUSIDA en Brasil y otros socios clave, el Sr. Nascimento y la Asociación del Desfile del Orgullo LGBT de São Paulo preparan la tercera reunión LGBTI por la Salud y la Prevención en Jóvenes que se celebrará en noviembre.
«Después de nuestra primera reunión en 2017 centrada en la prevención del VIH entre personas de la comunidad LGBT, más de una quinta parte de las asociaciones de desfiles participantes comenzaron los mismos debates en sus ciudades. Es lo que buscamos. Queremos que cada presidente del orgullo aprenda a conducirlos y que celebren sus propias reuniones durante la semana del orgullo así como durante todo el año».
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Empoderar a los jóvenes brasileños para hablar con sus compañeros sobre el VIH
11 Octubre 2019
11 Octubre 2019 11 Octubre 2019Las infecciones por el VIH en Brasil aumentaron en más de un 20% entre 2010 y 2018, por lo que es crucial que los jóvenes brasileños comiencen a hablar sobre el VIH y aprendan a protegerse. Ese es el objetivo de un proyecto liderado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
A través de una de sus cuentas de redes sociales, Jonas da Silva está al corriente las últimas fiestas y eventos públicos de la localidad de Salvador. También chatea con otros jóvenes. Hablan de sexo, cómo y si usan condones con sus parejas, lo que saben sobre la prevención del VIH y si se han hecho la prueba del VIH.
«Lo bueno del proyecto es que se trata de gente joven hablando con gente joven. Utilizamos nuestra jerga para abordar el VIH», dice. «Esta conexión es vital. Podemos ver que confían en nosotros, y es cuando sabemos que la información que les hemos proporcionado es la que necesitan».
Él y otros 30 jóvenes se formaron para trabajar como voluntarios en el proyecto local Viva Melhor Sabendo Jovem (VMSJ). Su objetivo es concienciar a los jóvenes sobre la importancia de la prueba y prevención del VIH. Para ello, necesitan estar donde están sus compañeros, en línea y en la calle.
El proyecto sigue el calendario de fiestas y festivales tradicionales que tienen lugar en la calle, especialmente aquellos que atraen a una gran concentración de jóvenes. También responde a demandas específicas de grupos de población clave mediante reuniones públicas donde se reúnen jóvenes del colectivo LGBTI. Con un pequeño y colorido camión, conocido como El Camión de la Pueba, Jonas da Silva y sus co-voluntarios pueden proporcionar privacidad a las personas que deseen asesoramiento y hacerse la pruebas del VIH.
Desde el lanzamiento del proyecto en agosto de 2018, más de 1000 jóvenes de entre 16 y 29 años se han hecho la prueba del VIH en aproximadamente unos 30 viajes realizados por el camión. Como parte de una estrategia para promover las pruebas entre los jóvenes, los voluntarios también facilitan talleres de trabajo sobre el VIH y otras infecciones de transmisión sexual y, además, dan charlas sobre la sexualidad y la salud sexual en las escuelas. Más de 400 estudiantes asistieron a estos eventos durante los primeros seis meses del proyecto.
«La metodología de educación inter pares de VMSJ Salvador permite involucrar a más jóvenes en estas actividades. También les ayuda a concienciarse de la importancia de la prevención y atención del VIH ", dijo Cristina Albuquerque, Jefa de Salud y VIH / SIDA de UNICEF en Brasil. «Los jóvenes que se hacen la prueba durante nuestras actividades agradecen la iniciativa y se quejan de que tienen muy pocas oportunidades de este tipo en la ciudad».
En 2018, de acuerdo a las estimaciones del Ministerio de Salud, los jóvenes de entre 15 y 24 años representaron casi el 15% de todos los nuevos diagnósticos de VIH en el Salvador.
«Para nosotros, los voluntarios, esta experiencia también es importante porque comenzamos a cuidarnos mejor, a aplicar estos métodos de prevención en nuestras vidas y a transmitir el mensaje a quienes nos rodean, a nuestros amigos y familiares», dijo Jonas da Silva.
El proyecto se implementa en asociación con GAPA Bahía, una de las ONG más antiguas que se ocupan de las cuestiones relacionadas con el VIH en el país, y cuenta con el apoyo de la oficina de ONUSIDA en Brasil. Todos los jóvenes voluntarios pasaron por un proceso de selección riguroso antes de someterse al programa de formación en temas como derechos humanos, asesoramiento e información sobre el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. También sobre programas basados en la comunidad, el funcionamiento del sistema de salud pública y los servicios de VIH disponibles en el Salvador. La iniciativa incluye una estrategia de formación continua sobre temas relacionados.
«Una de las cosas más importantes que aprendí es que tenemos que respetar las elecciones de cada uno y que estamos aquí solo para ayudar con la información y los aportes que consideremos más apropiados acorde a la historia y el comportamiento de esa persona», dijo Islan Barbosa, otro de los voluntarios.
«El proyecto representa una respuesta importante a la demanda de pruebas del VIH en la ciudad, especialmente entre los grupos de población clave, que a menudo evitan el uso de instalaciones de salud pública para ese propósito. Estamos llevando la prueba del VIH a donde están estas personas», dijo la Sra. Albuquerque.
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Dos décadas de compromiso en la respuesta al VIH en Brasil
14 Octubre 2019
14 Octubre 2019 14 Octubre 2019Tras siete años viviendo con el VIH, Jair Brandão estaba esperando una cita médica en una clínica en Recife, en el noreste de Brasil, cuando otro paciente le explicó que podía recibir apoyo psicosocial de una organización no gubernamental cercana. A pesar de que necesitó muchos años para aceptar su estado serológico, tan solo necesitó tres sesiones de asesoramiento para darse cuenta de que estaba destinado a convertirse en un activista del VIH.
«Estaba emocionado y asustado al mismo tiempo porque no entendía mucho sobre los espacios políticos, sobre el sida ni las políticas de sanidad. Tampoco sabía cómo participar en un debate político», recuerda el Sr. Brandão, quien dos décadas después es uno de los activistas del VIH más influyentes de Brasil. «El primer desafío fue aceptarme como una persona que vive con el VIH. Tuve que aprender sobre el virus y cómo cuidarme. Después de eso comencé a educarme sobre temas sociales y políticos».
El Sr. Brandão cree que ser activista es algo innato en él. «Algunas personas nacen con ese don», dice «Ser activista es un no parar y no aceptar injusticias ni las violaciones de derechos. Creo que nací con este don porque siempre me he encargado de dirigir todo tipo de procesos, incluso sin saber que eso era activismo, y siempre me preocupaba por ayudar y empoderar a otros».
Después de participar en tres de las cuatro Reuniones de alto nivel de las Naciones Unidas sobre el sida y en la Reunión de alto nivel sobre la tuberculosis de 2018, el Sr. Brandão sabe lo difícil que es entablar conversación con otros miembros de la sociedad civil y con representantes de otros países. Su lengua materna es el portugués, que no es un idioma oficial de las Naciones Unidas. «Hablar un idioma extranjero es un gran problema para nosotros en Brasil, por lo que, como mínimo, tenemos que saber español. Muy pocos activistas brasileños tienen un nivel de inglés lo suficientemente fluido para poder intervenir en estos espacios».
En julio de 2019, el Sr. Brandão formó parte de los delegados de organizaciones no gubernamentales en el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible en Nueva York, Estados Unidos de América, representando a RNP+ (Rede Nacional de Pessoas Vivendo com HIV e AIDS) y su propia organización no gubernamental, Gestos: Soropositividade, Comunicação e Gênero.
«Es esencial que la sociedad civil participe de manera efectiva en los procesos nacionales de aplicación y seguimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. No podemos alcanzar los ODS sin su plena participación», dice. «Defender el programa para el VIH también requiere discutir otros temas igualmente importantes y transversales».
A través de su papel como asesor de proyectos en Gestos y como miembro de RNP+, el Sr. Brandão también lidera el proyecto del Índice de Estigma 2.0 en personas que viven con el VIH en Brasil. Junto a sus compañeros en Gestos y otras redes nacionales de personas que viven con el VIH y con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ONUSIDA, ayudó en la formación de 30 personas en siete ciudades brasileñas para que supiesen hacer entrevistas correctamente. En dos meses, reunieron información sobre el estigma y la discriminación relacionados con el VIH al llevar a cabo alrededor de 1800 entrevistas. Los primeros resultados serán publicados antes de finales de noviembre.
«Este proceso fortaleció a los activistas que realizaron las entrevistas porque pudieron escuchar y experimentar las historias que muchas personas habían vivido y que hasta ahora no pudieron compartir con nadie», recuerda. «Estamos en la cuarta década de la epidemia del VIH y todavía existe una gran estigmatización y discriminación. El Índice de Estigma 2.0 es un instrumento que nos da pruebas de ello en Brasil. Podremos abogar por políticas y servicios de VIH libres de estigma y discriminación».
El Sr. Brandão cree en el poder de la colaboración y la asociación para lograr el progreso social.
«La solidaridad y el espíritu comunitario que ayudaron a crear el movimiento contra el VIH deben volver a poner a nuestros actos y nuestra consciencia en movimiento», dice. «Es fundamental que reflexionemos sobre las estrategias y crear nuevas formas de lograr el cambio. Al igual que empoderar a nuevos activistas, especialmente a los jóvenes. Estos deben ser bienvenidos y estar abiertos a recibir información de activistas con experiencia en la respuesta del VIH. Es hora de unir fuerzas, no de dividirnos».
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Invertir en las comunidades para lograr un cambio en África occidental y central
09 Octubre 2019
09 Octubre 2019 09 Octubre 2019África occidental y central, hogar de 5 millones de personas que viven con el VIH, no está en el buen camino para poner fin al sida en 2030. Cada día más de 760 personas se infectan por el VIH en la región y solo 2,6 millones de personas que viven con el VIH de los 5 millones que hay están en tratamiento.
La insuficiente voluntad política, los precarios sistemas sanitarios y el frágil apoyo que reciben las organizaciones de la comunidad, así como barreras tales como la criminalización relacionada con el VIH, son los obstáculos más significativos que nos encontramos para el progreso. Con el plan de aceleración regional lo que se persigue es ayudar a la región a alcanzar el objetivo de triplicar el número de personas que reciban una terapia antirretrovírica para 2020 y lograr el control de la epidemia. Si bien se está progresando, lo cierto es que no se está haciendo al ritmo necesario. Los niños suponen una principal preocupación, pues solo el 28 % de los menores de 15 años que viven con el VIH en la región tienen acceso al tratamiento antirretrovírico.
«Necesitamos políticas y programas que se centren en las personas y no en las enfermedades, para asegurarnos de que las comunidades estén plenamente comprometidas desde el principio en el diseño, la planificación y la puesta en marcha de estrategias en materia de salud», señaló Gunilla Carlsson, Directora Ejecutiva en funciones de ONUSIDA en la sexta conferencia de reposición del Fondo mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria que se celebró en Lyon, Francia, los días 9 y 10 de octubre.
Tenemos muchos ejemplos de cómo, al invertir en las comunidades, podemos cambiar la situación. «La respuesta es más rápida y más eficiente cuando es llevada a cabo por los más interesados», confesó Jeanne Gapiya, quien lleva años viviendo con el VIH y preside ANSS, la asociación nacional y no gubernamental de Burundi que brinda apoyo a seropositivos y pacientes con sida en el país.
La prevención y las pruebas del VIH dirigidas por la comunidad son muy efectivas, particularmente en el caso de los grupos marginados. «A la mayoría de las personas a las que las comunidades realizaron las pruebas no se había podido llegar antes, lo que demuestra plenamente cómo las organizaciones de la comunidad son únicas y esenciales», insistió Aliou Sylla, director de Coalition Plus Afrique.
El reducir el número de las nuevas infecciones por el VIH entre niños y el garantizar que las mujeres tengan acceso a los servicios que precisen sigue siendo uno de los mayores desafíos de la región. Las redes de madres que viven con el VIH y se apoyan unas a otras para estar sanas y ayudar a que sus hijos nazcan libres del virus han resultado ser una fórmula efectiva para mejorar tanto la salud de las madres como la de sus hijos.
«Nuestro enfoque basado en la comunidad funciona, está funcionando. En los sitios en los que estamos trabajando hemos logrado el objetivo de cero nuevas infecciones entre niños y todos los niños que acuden a nosotros están en tratamiento», explicó Rejae Zio, de Sidaction.
La financiación continúa siendo un problema y, aunque los recursos totales para la respuesta al sida han aumentado y el VIH sigue siendo la mayor área prioritaria para la asistencia al desarrollo para la salud, las inversiones nacionales representan solo un 38 % de los recursos totales disponibles para el VIH en África occidental y central, mientras que en el resto del mundo el porcentaje es de un 57 %. Para lograr la acción acelerada en la respuesta nacional, se necesitan mayores inversiones nacionales reforzadas por un apoyo más fuerte por parte de donantes internacionales. Bintou Dembele, directora ejecutiva de ARCAD-Sida, en Mali, expresó: «Contamos con la experiencia de la comunidad, pero carecemos de los fondos para satisfacer la necesidad existente».
Los enfoques basados en la comunidad reciben cada vez un mayor apoyo en la región. Conscientes de la importancia del trabajo llevado a cabo por la comunidad, Expertise France y el Instituto de la sociedad civil para la salud y el VIH en África occidental y central anunciaron una nueva forma de colaboración y trabajo conjunto el pasado 9 de octubre. «El instituto reúne a 81 organizaciones de 19 países que quieren asegurar mejor la influencia política mundial y nacionalmente, e impulsar la pericia de la sociedad civil en lo concerniente a la ejecución de los programas. Esta nueva colaboración supone un reconocimiento a nuestra importantísima contribución», destacó Daouda Diouf, director de Enda Santé y presidente del comité directivo del instituto. «La situación en África occidental y central continúa siendo una prioridad. Está claro que los enfoques basados en la comunidad son ágiles y adecuados para responder a las pandemias», corroboró Jeremie Pellet, de Expertise France.
El cambio a un enfoque basado en las personas ha estado en la base de las reformas en la región. Una solución general creciente para acelerar la respuesta y fortalecer los enfoques dirigidos por la comunidad que han resultado funcionar que transmite esperanza para el futuro de la epidemia del VIH en África occidental y central.
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ONUSIDA y Luxemburgo aúnan esfuerzos en África occidental y central
09 Octubre 2019
09 Octubre 2019 09 Octubre 2019África occidental y central continúa a la zaga respecto del resto del continente africano en lo referente a la prevención y el tratamiento para el VIH. En estas regiones millones de personas se encuentran en situación de vulnerabilidad frente a la infección por el VIH y hay 2,4 millones de personas que viven con el VIH sin tratamiento alguno. Tras las llamadas a la acción realizadas en la Reunión de alto nivel para poner fin al sida de 2016 y en la cumbre de la Unión Africana de julio de 2016, ONUSIDA y sus socios lanzaron un plan para acelerar los esfuerzos con el objeto de detener las nuevas infecciones por el VIH y de garantizar que todo el mundo de la región tuviera acceso a un tratamiento que le salvara la vida.
Si bien los recursos disponibles en África occidental y central para responder al VIH aumentaron alrededor de un 65 % entre 2006 y 2016 (se alcanzaron aproximadamente los 2,1 mil millones de dólares estadounidenses), la mayoría de los países a día de hoy continúan dependiendo casi del todo de los donantes. Sin embargo, la financiación internacional sigue cayendo y los niveles de inversión actuales están muy por debajo de lo que en realidad se necesita para lograr un cambio sostenible.
Luxemburgo es un país que continúa comprometido con su inversión en África occidental y central. Marc Angel, presidente del comité de asuntos exteriores y desarrollo en el Parlamento de Luxemburgo, y defensor acérrimo de los objetivos 90-90-90 de ONUSIDA, se unió al Programa en una visita reciente a Senegal para comprobar en persona cómo, con la contribución de Luxemburgo a ONUSIDA para acelerar la respuesta al sida en África occidental y central, la situación estaba cambiando.
Respaldados económicamente por Luxemburgo, ONUSIDA y los demás socios han abierto en África occidental y central un innovador instituto de la sociedad civil para el sida y la salud. El instituto funciona como un mecanismo de coordinación para las alrededor de 80 organizaciones no gubernamentales que trabajan velando por los intereses de las personas afectadas por el VIH en 20 países a lo largo y ancho de toda el África occidental y central.
Uno de esos grupos es CEPIAD, el primer centro para la reducción del daño destinado a las personas que se inyectan drogas en África occidental. El personal médico y los asistentes sociales son pioneros en la región, al tratar a las personas consumidoras de drogas desde el punto de vista de la salud pública, sin emitir juicios sobre ellas. En Mbour, en el centro de tratamiento para los grupos de población clave, el Sr. Angel escuchó lo que le contaron antiguos usuarios de drogas, quienes no dudaron en compartir sus historias personales sobre cómo el centro los había ayudado a reinsertarse en sus familias y en la sociedad.
«Solo al incluir a los grupos de población clave, se podrán hacer realidad los objetivos de 90-90-90», señaló el Sr. Angel. «Los actores de la sociedad pública y civil de Senegal han de seguir trabajando codo con codo para lograr este objetivo». Para la cooperación al desarrollo de Luxemburgo, la clave está en la dimensión que tengan los derechos humanos tanto en la lucha contra el sida como en la salud mundial. Junto con ONUSIDA, nosotros también hemos de asegurarnos de que las voces de las comunidades se escuchen. Para ello hemos de trabajar por todo el país, sobre todo con las poblaciones más vulnerables, incluidos los niños.
El Sr. Angel también visitó la clínica destinada a los tratamientos pediátricos del Albert Royer Hospital, donde disfrutó de un rato con jóvenes que viven con el VIH, quienes compartieron con él sus experiencias relacionadas con el tratamiento del VIH, gracias al cual llevaban una vida normal. Se dio cuenta del progreso alcanzado al haber detenido las nuevas infecciones por el VIH entre los niños senegaleses y también del importante trabajo en materia de salud sexual y reproductiva y el VIH, mediante la cual se había conseguido evitar las nuevas infecciones por el VIH entre adolescentes.
Durante las reuniones con el ministro de salud y acción social de Senegal, Abdoulaye Diouf Sarr, y con el secretario general del Comité nacional de sida de Senegal, Safiatou Thiam, el Sr. Angel ensalzó a Senegal por lograr reducir de ese modo la prevalencia nacional del VIH.
A pesar de ello, también puso de manifiesto áreas que son objeto de preocupación, como la elevada prevalencia del VIH entre los grupos de población clave. Insistió en que dar acceso al tratamiento a los grupos de población clave es decisivo si queremos acabar con el sida para 2030. También alzó la voz para pedir más recursos nacionales, con el objeto de responder al VIH en Senegal de manera efectiva y sostenible.
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Cómo la primera clínica de Londres dedicada al VIH cambió la respuesta al sida
03 Octubre 2019
03 Octubre 2019 03 Octubre 2019Inaugurada en 1987 por la Princesa Diana, la clínica Broderip Ward del hospital Middlesex de Londres fue la primera en Reino Unido dedicada al cuidado de los pacientes con VIH. El asesor principal de ONUSIDA en materia de ciencias, Peter Godfrey-Faussett, trabajó en la clínica Broderip Ward como médico recién licenciado y recuerda aquella etapa como intensa y enormemente emotiva.
¿Cuáles son sus primeros recuerdos respecto del VIH?
Yo estaba terminando mi formación como médico en Londres cuando aparecieron los primeros informes de lo que después se llamaría VIH y sida. En aquel momento no teníamos ni idea de la naturaleza sin precedentes de lo que estaba pasando. Como estudiante de medicina próximo a mis exámenes finales de la carrera, mi gran preocupación residía en conocer los hechos, si bien incluso tenía claro en aquel entonces que esos hechos aún no se entendían. Tras finalizar mis estudios, enseguida me vi trabajando en el hospital para enfermedades tropicales de Londres y en la clínica Broderip Ward del hospital Middlesex.
¿Cómo reaccionaron los profesionales del sector médico de Londres a este nuevo desafío en materia de salud?
La organización de los servicios para el VIH cambió en distintas partes de Londres. El personal de las clínicas de salud sexual o de los departamentos de medicina genitourinaria, como se llamaban entonces, empezaron a establecer servicios para pacientes externos que incluían el asesoramiento, el apoyo y el cuidado para las personas que vivían con el VIH. Sin embargo, estos equipos en general no estaban bien preparados para atender a las personas que tenían que ser admitidas en el hospital. En cada hospital, un equipo especialista distinto se encargaba del cuidado a una población cada vez mayor en número que vivía con el VIH y también moría por el virus. Muchos de los que precisaban atenciones padecían neumonía, a menudo causada por Pneumocystis. Otros sufrían una diarrea aguda persistente, problemas neurológicos o enfermedades de la piel, entre ellas el sarcoma de Kaposi.
Nosotros disponíamos de un equipo impresionante liderado por Steve Semple y trabajábamos en estrecha colaboración con la plantilla del James Pringle House, una de las clínicas londinenses dedicadas a la salud sexual. Steve Semple era un neurólogo con una dilatada experiencia en lo concerniente a la regulación normal de la respiración. En otras partes de Londres, los líderes eran médicos de digestivo, inmunólogos o especialistas en enfermedades infecciosas.
Todos nosotros aprendíamos rápidamente cuál era la mejor forma de abordar un gran número de infecciones, cánceres y otras enfermedades, al tiempo que tratábamos de entender las redes y los comportamientos sociales de nuestros pacientes, mayoritariamente gais.
Debió de ser un periodo complicado.
Lo fue, por supuesto, fueron momentos inmensamente tristes. Logramos tratar muchas infecciones oportunistas y brindar asesoramiento y apoyo, pero el VIH era casi siempre letal en aquel momento y vimos cómo se iban apagando o empeoraban de repente y morían muchos hombres jóvenes, a menudo aquellos que estaban a la cabeza de las comunidades vivas y creativas que hicieron de Londres la ciudad que es hoy.
Hasta entonces, como estudiante de medicina y como médico recién licenciado, la mayoría de la gente a la que había tratado eran mayores y estaban al final de una vida muy productiva. Desgraciadamente aquí, en la clínica Broderip Ward, casi toda la gente era de mi edad, leía los mismos libros que yo y disfrutaba en las mismas óperas y obras de teatro. A menudo resultaba difícil no implicarse emocionalmente. Aún hoy puedo recordar con claridad a muchísimos de ellos. Y también a muchísimas de sus parejas y familiares.
¿Cómo cambió la apertura de la clínica Broderip Ward la manera de atender a la gente?
La enfermera que estaba al cargo de la clínica, Jacqui Elliot, era una mujer maravillosa. Junto a Steve Semple, nos animó a todos nosotros a romper los esquemas y atender a la gente de manera diferente. Por aquellos años los hospitales estaban bastante anticuados y estaban sujetos a muchas normas. La matrona y el médico estaban en la cúspide de la pirámide y los pacientes a menudo se encontraban en la parte más baja.
Desde el principio nos comprometimos con los pacientes y con sus parejas, y, cuando era necesario, hacíamos la vista gorda respecto a las normas. La clínica era la única del hospital en la que había frigoríficos llenos de comidas deliciosas que la gente llevaba para sus parejas y que a menudo se compartían con otros pacientes e incluso con el equipo de sanitarios.
En aquellos días había cabinas telefónicas al final de los largos pasillos del hospital y las batas eran atuendos horribles que se ataban sin apretar por la espalda. Fuimos la primera clínica que instaló un teléfono en el mostrador de las enfermeras para que los pacientes pudieran realizar llamadas con mayor facilidad. Animábamos a la gente para que usara sus propias batas y su ropa, y para que entraran y salieran de la clínica cuando les apeteciera. Todo el personal de la clínica trabajaba las 24 horas. A nuestras fiestas quería venir todo el mundo del hospital.
Estábamos aprendiendo, por supuesto que cometimos errores, pero, sin duda, estábamos entre los primeros profesionales médicos que escuchaban a sus pacientes e intentaban proporcionarles lo que necesitaran.
¿Y cambió la atención médica?
Nuestra clínica especializada se convirtió rápidamente en el centro principal para los equipos que estaban aprendiendo en todo el hospital. Cada vez que ocurría algo nuevo o diferente, contábamos con una red de los mejores especialistas de cada disciplina médica. Nuestra sesión clínica semanal llamaba la atención de médicos de todo el hospital y procedentes de otros hospitales de Londres y de más sitios.
Yo, como médico joven, me sentía aterrado cuando tenía que presentar el caso de cada paciente con situación complicada al resto de expertos allí reunidos para conocer su opinión. Pero realmente pienso que la atención médica que recibían nuestros pacientes era la más avanzada. Teníamos una fuerte relación con los equipos de asesoramiento psicosocial y con los de paliativos, quienes lo daban todo para que los pacientes tuvieran la mejor muerte posible. Nosotros, por supuesto, íbamos probando nuevos medicamentos antirretrovíricos. Muchos de nuestros pacientes estaban realizando los primeros ensayos con zidovudine, y algunos experimentaron una mejoría.
¿Cómo se enfrentaban a ello los pacientes, sus amigos y familiares y el personal de la clínica?
Cada paciente era una persona (casi siempre hombre, alguna vez mujer) con sus relaciones con amigos, parejas y familiares. Para algunos, sin embargo, el ingreso en la clínica Broderip Ward suponía la primera vez que la gente de su familia conocía su sexualidad. Además, tenían que enfrentarse al VIH y asumir todo lo que implicaba una muerte inminente. El personal de la clínica tenía que estar constantemente pendiente de quién sabía qué y de quién podía quedar con quién. Había pacientes que preferían que sus familias no supieran en qué clínica estaban siendo tratados. Uno de nuestros trabajos en la clínica consistía en facilitar el momento de contarlo y asesorar a los pacientes, a sus parejas y a las familias para que pudieran aceptar mejor la situación. También trabajábamos con un equipo de expertos en maquillaje que nos ayudaban a camuflar los signos visibles del sarcoma de Kaposi, y con un grupo de nutricionistas que se esforzaban por optimizar la nutrición de la gente. Se respiraba siempre un ambiente de compañerismo y había muchas oportunidades para reír y llorar juntos.
¿Cómo cambió el enfoque de Reino Unido respecto al sida en la década de los noventa y posteriormente?
La llegada de tratamientos antirretrovítricos cada vez más efectivos lo cambió todo. Los tratamientos iniciales eran tóxicos y difíciles de manejar. Algunas pastillas debían tomarse con comida, otras sin ella, algunas tenían que conservarse en la nevera y para otras era necesario poner la alarma en mitad de la noche para la toma. Pero funcionaban.
Los pacientes que estaban en el hospital empezaron a darse cuenta de que no iban a morir ni al año siguiente ni a los dos años. El impresionante sistema sanitario de Reino Unido, el Servicio nacional de salud (NHS, por sus siglas en inglés), y una amplia red de clínicas de salud sexual hicieron posible que el tratamiento y la atención profesional de gran calidad estuvieran disponibles gratuitamente para todo el mundo. Londres ha ocupado siempre una posición central en lo referente a viajes y migración, por lo que el diagnóstico y el tratamiento de las infecciones de transmisión sexual no estuvieron exentos de preguntas sobre la residencia y el estado migratorio. Incluso en el caso de la atención hospitalaria, las reglas se interpretaron de forma que se pudiera tratar a todo el mundo.
El otro enorme hito en el desarrollo fue que en aquel entonces surgieron y se fundaron las organizaciones comunitarias de las bases. La gente que se encontraba entre la diáspora africana se apoyó una a otra y aquello se volvió un movimiento más organizado y con voz. Los servicios de las distintas partes de Londres se encargaron de atender cada uno a diferentes bases de población, así que en nuestro hospital muchos de nuestros pacientes eran hombres gais, mientras que en la zona oriental de Londres había una población mucho mayor de mujeres, normalmente africanas. Inevitablemente, los desafíos de las personas reflejaban el contexto social en el que vivían, así como también los aspectos clínicos del VIH específicos para los géneros.
Más recientemente han cambiado algunos de los sistemas que hicieron Reino Unido tan abierto a las personas que viven con el VIH. La financiación disponible para las clínicas dedicadas a la salud sexual y las organizaciones de la comunidad es muy ajustada y actualmente hay más restricciones con relación a qué persona puede acceder a un tratamiento del NHS. Por otro lado, la mayoría de las ciudades de Reino Unido continúan siendo lugares vibrantes y tolerantes, y la comunidad gay, sobre todo, ha presionado mucho para conseguir un diagnóstico, un tratamiento y una prevención más tempranos y mejores. El estigma aún está ahí, pero pienso que la mayoría de la gente puede encontrar una clínica y un equipo que la reciba con los brazos abiertos y la apoye a lo largo de todos los retos que se le plantean a uno cuando vive con el VIH.
Hoy en día se dispone de tantas opciones para el tratamiento y la prevención que ¿podemos decir que la epidemia del VIH se ha erradicado en Reino Unido?
Estamos logrando un progreso espectacular y cada año vemos un descenso en el número de nuevas infecciones por el VIH, sobre todo en Londres y en otras grandes ciudades. Sigue habiendo brotes, últimamente entre las personas que se inyectan drogas en Escocia. El estigma y el rechazo existentes hacen que las personas de todas las comunidades, sobre todo las de la diáspora africana, no se sometan a las pruebas ni accedan a tiempo ni a un tratamiento efectivo ni a un programa de prevención.
Y, por supuesto, la gente necesita tratamiento de por vida. Así que, aunque el número de nuevas infecciones se vaya reduciendo, seguiremos necesitando atención y apoyos constantes, así como una buena vigilancia durante muchos años más.
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Los pros y los contras de ser pequeño
27 Septiembre 2019
27 Septiembre 2019 27 Septiembre 2019Ser pequeño tiene sus ventajas. En la mayor parte de los países del Caribe, las clínicas locales o los hospitales no están muy lejos. Los sólidos sistemas de atención primaria y el gran nivel de acceso de las mujeres embarazadas a los sistemas de salud se encuentran a la cabeza del éxito de la región en lo que concierne a la prevención de las nuevas infecciones por el VIH entre los niños. Un total de siete islas del Caribe han sido avaladas por la Organización Mundial de la Salud por haber conseguido eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH. Estas zonas van desde el territorio británico de ultramar de Montserrat, con una población de 5000 personas, hasta Cuba, que alberga a más de 11 millones.
Antigua y Barbuda recibieron su reconocimiento por eliminar la trasmisión madre-hijo del VIH en 2017. De acuerdo con la directora médica Rhonda Sealey-Thomas, el ministro de salud concibió algunas ideas para garantizar que todas las mujeres embarazas se sientan capacitadas y apoyadas para empezar su cuidado prenatal lo antes posible. El estado compuesto por dos islas gemelas utiliza un modelo de enfermería comunitaria en el que las enfermeras del distrito realizan visitas a los hogares para animar a las mujeres a asistir a los centros de atención sanitaria al comienzo de su embarazo y a seguir acudiendo a todas las citas. El país cuenta con sus 26 clínicas para asegurar que todas las mujeres gocen de un fácil acceso geográfico al cuidado prenatal.
En Bahamas, tanto el ministro de salud, como la mayor respuesta al sida avanzan juntos para conseguir su validación. De hecho, esta región se encuentra entre los cinco países caribeños que en 2018 lograron una cobertura del 100 % para el diagnóstico temprano en la infancia.
Nikkiah Forbes, directora del programa nacional de VIH/sida y enfermedades infecciosas en el ministerio de salud de las Bahamas, pone de manifiesto la importancia de contar con un sistema de salud robusto que ofrezca cuidados prenatales gratuitos y disponga de laboratorios fuertes. El cuidado prenatal tiene un carácter universal en las Bahamas y está disponible en todas las clínicas de la comunidad presentes en la isla. Se anima a las madres para que accedan a estos cuidados lo antes posible y en la primera visita se les habla de la posibilidad de someterse a una prueba del VIH. Las pruebas de detección del VIH en laboratorio se realizan a las 32 semanas. Enfermeras especializadas se ocupan de que todas las madres y los niños permanezcan bajo cuidados sanitarios y de que reciban el apoyo adicional que necesiten.
«Tienes que salir a las calles si vas a proporcionar cuidados para el VIH. Vamos a las clínicas a estar con las mujeres para poderles transmitir así apoyo y consejos. Vamos al campo y les realizamos las pruebas a sus parejas. Nos ocupamos realmente de hacer un seguimiento para tener la certeza de que van a las clínicas, se sienten cómodas y se les aceleran los trámites. Nos aseguramos de que estén adquiriendo su medicación, de que todos los laboratorios sigan ahí y de que reciban también el apoyo nutricional que precisan. Si ellas no vienen a nosotros, vamos nosotros a ellas», explicó una enfermera.
Sin embargo, una población pequeña también se enfrenta a sus propios desafíos. En el caso de los migrantes, está a menudo la vulnerabilidad añadida de destacar al acceder a los servicios. Antigua y Barbuda proporcionan atención sanitaria a todos los migrantes. «Los servicios en los centros de atención sanitaria de la comunidad son totalmente gratuitos. No importa la nacionalidad. El hecho de que los migrantes no puedan permitirse económicamente la atención sanitaria supone un mayor gasto a largo plazo. Al proteger la salud de los migrantes, estás protegiendo indirectamente la salud de tu población», insistió la Sra. Sealey-Thomas.
En Bahamas también hay mecanismos para que los haitianos puedan acceder a los cuidados. «Contamos con intérpretes que hablan criollo haitiano en una clínica centralizada. Los materiales educativos también se traducen a criollo haitiano», apuntó la Sra. Forbes.
Sin embargo, en el caso de los ciudadanos que pertenecen a comunidades muy estrechamente relacionadas, se han de adoptar medidas especiales para reforzar la confidencialidad y abordar las cuestiones relacionadas con el estigma y la discriminación en los entornos de atención sanitaria. Los proveedores de cuidados sanitarios que trabajan por toda la región han recibido una formación para combatir el estigma y la discriminación, de manera que puedan hacer frente a cuestiones como los sesgos inconscientes y la confidencialidad.
Aun así, todavía en los países del Caribe es relativamente alta la probabilidad de que la gente conozca o reconozca a otras personas en los lugares a los que se acude para recibir la atención pertinente. Se trata de un desafío que los países han de superar con el fin de acelerar los resultados en la atención sanitaria continuada a los adolescentes, las mujeres y los hombres por igual.
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El VIH en los pequeños estados insulares en desarrollo
27 Septiembre 2019
27 Septiembre 2019 27 Septiembre 2019«No estoy preparada para compartir ni revelar mi estado serológico en público. Tengo miedo de que me dejen aislada, de ser víctima del estigma y la discriminación. Para mí, lo correcto es que solo yo sepa mi estado, en lugar de contárselo a otras personas», pronunció Mara John (nombre ficticio), una mujer procedente de una isla del Pacífico y que vive con el VIH. Historias similares con relación al abandono, el autoestigma, la pobreza y la ausencia de derechos humanos se escuchan a personas que viven con el VIH en pequeños estados insulares en desarrollo (PEID).
El pasado 27 de septiembre, los Estados Miembros de las Naciones Unidas celebraron durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (EE. UU.) una reunión de alto nivel para revisar el estado de los PEID. En su informe publicado antes del encuentro, la Secretaría General de las Naciones Unidas subraya que los PEID, sobre todo los del Caribe, continúan haciendo frente a «elevadas tasas de desempleo juvenil, pobreza, embarazos en adolescentes, así como a un elevado riesgo de contraer la infección por el VIH».
Los PEID, un grupo de 38 países entre los que se incluyen islas en el Pacífico, en el Caribe y en otros lugares, han recibido un sólido apoyo debido a las importantes limitaciones a las que se enfrentan (por ejemplo, el tamaño de su territorio, su lejanía o exposición al cambio climático) como resultado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, también conocida como Río+20, que se celebró en junio del año 2012. En 2014 los Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron las Modalidades de acción acelerada para los pequeños estados insulares en desarrollo con el fin de recoger las acciones con vistas al desarrollo sostenible en los PEID, incluyéndose aquí el compromiso a lograr el acceso universal a la prevención, el tratamiento, el apoyo y la atención del VIH, así como la eliminación de la transmisión maternoinfantil.
Si bien los PEID han sido testigos de un progreso, lo cierto es que continúa habiendo grandes diferencias entre, por ejemplo, Cuba, que en 2015 obtuvo la primera certificación del mundo que avala que un país ha eliminado la transmisión maternoinfantil del VIH, y la República de Mauricio, donde el 30 % de las personas que se inyectan drogas se dice que viven con el VIH.
«Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) destacan la idea de no excluir a nadie. Esto cobra especial sentido en el caso de las personas que viven con el VIH en pequeños estados insulares en desarrollo y que se ven obligadas a convivir con el rechazo, el estigma, la discriminación y las desigualdades. Hemos de hacer más para tener la certeza de que reciben los servicios que necesitan», señaló Gunilla Carlsson, Directora Ejecutiva en funciones de ONUSIDA.
Por lo general, en estas islas pequeñas, los grupos de población clave, entre los que se incluyen los gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los transgénero, los trabajadores sexuales y los consumidores de drogas inyectables soportan una carga desproporcionadamente elevada del VIH. Sin embargo, en algunos PEID el VIH impacta también de manera significativa en la población general, si bien los grupos de población clave y sus parejas sexuales representan el 47 % de nuevas infecciones por el VIH en el Caribe en 2018, más de la mitad de todas las nuevas infecciones por el VIH detectadas entre la población general. El estigma y la discriminación por parte del personal de la atención sanitaria siguen suponiendo un ingente desafío en el Pacífico. Por ejemplo, el 60 % de las mujeres trabajadoras sexuales entrevistadas en Fiyi reconocieron evitar las pruebas del VIH debido al miedo a ser estigmatizadas por los proveedores de atención sanitaria, y lo mismo afirmó más del 30 % de los gais y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.
Otro aspecto compartido por los PEID es el que tiene que ver con la enorme fortaleza de las comunidades de personas que viven con el VIH y la presencia de una excepcional voluntad política que, a menudo, se halla en el más alto nivel. Ratu Epeli Nailatikau, expresidente de Fiyi y actual portavoz del Parlamento de Fiyi, lleva años alzando la voz contra el estigma y la discriminación.
Las redes de personas que viven con el VIH y de grupos de población clave están en el centro del movimiento para poner fin al sida en los PEID. En el Pacífico, las personas que viven con el VIH se reunieron para sacar a la luz un informe en 2018 en el que describían la situación con sus propias palabras. Asimismo, la Red mauriciana de personas que viven con el VIH ha proporcionado un liderazgo vocal con respecto a la respuesta y esboza de manera clara los desafíos de la comunidad en su informe de 2018 titulado Índice de estigma hacia las personas que viven con el VIH. En el Caribe, el activista y académico tardío Robert Carr es valorado por ayudar a dar forma a la idea global que se tiene sobre lo importante que resulta el trabajar para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos de las comunidades vulnerables y marginadas como parte de la respuesta al sida. En 2005 colaboró para establecer la Coalición de comunidades vulnerables del Pacífico, la cual funciona en nombre de los grupos que más habitualmente quedan detrás.
ONUSIDA está trabajando para ayudar a los PEID a través de su equipo para el Caribe, cuya sede está en Jamaica; de su equipo para las islas del Pacífico desde su sede de Fiyi y para las islas del Océano Índico desde la oficina de ONUSIDA en las Islas Seychelles. Se da prioridad a los PEID en los que la prevalencia del VIH es mayor, a través de programas dirigidos a las poblaciones más vulnerables.
Small Island Developing States
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Sin una financiación sostenible, la respuesta al sida fallará
26 Septiembre 2019
26 Septiembre 2019 26 Septiembre 2019Esta semana, la Asamblea General de las Naciones Unidas se comprometió a lograr la cobertura sanitaria universal para 2030. Del mismo modo, prometió acelerar los esfuerzos para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluyendo el de erradicar el sida, para 2030. Estos compromisos son precisamente los que nos demuestran que hay una voluntad política de responder a la mayor crisis a la que se ha enfrentado el mundo.
En 2016, la Asamblea General acordó, en la Declaración política para poner fin al sida, una ampliación continua de la inversión en la respuesta al sida en los países de bajos y medianos ingresos que ascendiera, al menos, a los 26 mil millones de dólares estadounidenses para 2020. A finales de 2018, sin embargo, únicamente estaban disponibles 19 mil millones de dólares estadounidenses (en dólares estadounidenses constantes en 2016). Y lo que es peor, 19 mil millones de dólares estadounidenses suponían casi mil millones menos de dólares estadounidenses que el año anterior.
En vez de aumentar paulatinamente, la financiación global para el VIH va descendiendo. El compromiso político simplemente no concuerda con la financiación requerida para hacer realidad la idea de erradicar el sida. A poco menos de un año de alcanzar la fecha de 2020 prevista para el objetivo de 26 mil millones de dólares estadounidenses, la financiación para la respuesta al sida ha caído en 7 mil millones de dólares estadounidenses. Este descenso resulta particularmente alarmante porque sabemos que la respuesta al sida salva vidas, por lo que invertir en la respuesta al sida es una gran inversión.
«El mundo no puede permitirse una recaída en su inversión en la respuesta al sida», enfatizó Gunilla Carlsson, Directora Ejecutiva en funciones de ONUSIDA. «Los países han de cumplir su promesa de aumentar gradualmente la inversión en la respuesta al VIH si el mundo quiere cumplir sus obligaciones con los más vulnerables y en desventaja».
La caída en la financiación se ha visto en todos los sectores en 2018: recursos nacionales (un declive de un 2 %), el Fondo mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria (Fondo mundial) (un descenso de un 20 %, que viene explicado por fluctuaciones en su ciclo de subvención de tres años), otros canales multilaterales (una caída de un 2 %), los programas bilaterales del Gobierno de los Estados Unidos de América (una reducción de un 3 %), los programas bilaterales de otros países donantes (un 17 % menos), organizaciones filantrópicas (una reducción de un 18 %) y otras fuentes internacionales (un 4 % de descenso).
Los países de bajos y medianos ingresos se están autofinanciando cada vez más su respuesta al sida. Entre 2010 y 2018 los recursos nacionales invertidos por los países de bajos y medianos ingresos en su respuesta al sida han aumentado en un 50 %, mientras que las inversiones internacionales lo han hecho en tan solo un 4 %.
La financiación nacional en 2018 en los países de bajos y medianos ingresos representó el 56 % de los recursos de financiación totales, si bien las regiones variaban considerablemente unas de otras. En África oriental y meridional, que es la región con la tasa más alta del VIH, un 59 % de los recursos procedían de donantes en 2018, lo cual conduce a una subida del 80 % si apartamos a Sudáfrica del análisis. Entre 2010 y 2018 todos los grandes donantes excepto Estados Unidos redujeron sus contribuciones directas bidireccionales a la respuesta al sida de otros países.
Este mes de octubre se presenta como un momento fundamental para la financiación y el VIH. El próximo 10 de octubre, los Gobiernos y otros socios se reunirán en Lyon, Francia, para la sexta conferencia internacional de reposición de fondos del Fondo Mundial. En su intento por conseguir, al menos, 14 mil millones de dólares estadounidenses para la respuesta contra el VIH, la tuberculosis y la malaria para 2020-2022, el Fondo Global calcula que, si sus programas están completamente financiados, se logrará salvar 16 millones de vidas, una estimación realizada a partir de los 27 millones de vidas salvadas desde su inicio en 2002.
«Insto a los países a financiar plenamente el Fondo mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria en su próxima reposición. La vida de 16 millones de hombres, mujeres y niños depende de ello», insistió la Sra. Carlsson.
NUESTRA ACCIÓN
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Las comunidades de fe: una ayuda para encontrar a los hombres perdidos y perseguir la justicia para los niños
26 Septiembre 2019
26 Septiembre 2019 26 Septiembre 2019Bobby nació en 1996 en el pequeño y montañoso país de Lesoto. Su madre vivía con el VIH y, aunque él no lo sabía, también nació con el virus. Perdió a su hermano pequeño cuando tenía tan solo cuatro años y a su hermana a los seis debido a una meningitis. Todo aquello supuso un tremendo golpe para Bobby. Tuvo una vida dura, y a los doce años recibió una noticia que cambiaría su vida para siempre. Fue diagnosticado de tuberculosis y averiguó que su madre y su padre estaban viviendo con el VIH.
Sin embargo, Bobby nunca se rindió. «Algunas personas quisieron romperme, pero lo único que consiguieron fue hacerme más fuerte. Algunas quisieron explotarme, pero solo me hicieron más inteligente», confesó Bobby. «El tener que tomar medicación y el pasar de ser un niño seropositivo a un activista seropositivo no ha sido para nada fácil. Tuve que hacer frente a un enorme estigma y a una despiadada discriminación. A pesar de ello, tengo claro que uno de mis grandes sueños es vivir y ayudar. Y ese es el motivo por el que hoy estoy aquí».
El pasado 26 de septiembre Bobby compartió su viaje con un público formado por más de 150 líderes de fe y socios que trabajan por el VIH en un desayuno organizado por las comunidades de fe. Dicho encuentro tuvo lugar en el Yale Club, paralelamente a la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebró en Nueva York (EE. UU.).
La historia de Bobby y la de otras miles de personas como él ha inspirado a los grupos de fe de todo el mundo y los ha movido a actuar para poner fin a las nuevas infecciones por el VIH y apoyar a las personas que viven con el VIH o están afectadas por el virus. En su discurso en el acto, el ministro de salud de Zambia, Chitalu Chilufya, dio a conocer a todos cómo los líderes de fe de su país desempeñan un papel importante a la hora de mejorar el estado de salud y el bienestar de sus congregaciones, sobre todo al llegar a los hombres.
«Tenemos muchos ministros que celebran los domingos de la salud y traen a los médicos para implicar a su congregación en las cuestiones de salud». «Los hombres están tanto en los mercados como en las iglesias, y así es como llegamos a ellos. Gracias a estos esfuerzos, hemos podido ver cómo el porcentaje de hombres que no se somete a las pruebas del VIH ha pasado del 50 al 30 %».
De la importancia de llegar a los hombres se hicieron eco muchos de los ponentes, así como también lo hicieron de la urgente necesidad que existe de garantizar que los niños tengan acceso a unos servicios para el VIH y una justicia óptimos.
«En 2018 perdimos a 100 000 niños por muertes relacionadas con el sida y solo el 54 % del 1,7 millones de niños que viven con el VIH en todo el mundo tiene acceso al tratamiento. Son datos muy tristes», señaló Gunilla Carlsson, Directora Ejecutiva en funciones de ONUSIDA. «El compromiso por parte de los socios sanitarios basados en la fe es fundamental para ayudar a los Gobiernos a hacer realidad sobre el terreno sus compromisos con relación al VIH».
El desayuno organizado brindó la oportunidad de proporcionar un espacio en el que los socios pudieran juntarse y compartir sus ideas y experiencias sobre enfoques innovadores para acercar los servicios para la prevención y el tratamiento del VIH a los varones jóvenes, las chicas adolescentes y los niños que viven con el virus. También generó debates positivos sobre cómo prevenir y responder a la violencia sexual contra los niños, la cual aumenta significativamente en la infancia el riesgo de contraer el VIH.
«En nuestros debates arrojamos luz sobre lo que es posible y, una vez que tenemos la certeza de que es posible, no hay excusa para no hacerlo posible para todo el mundo, en todos los lugares y en todo momento», señaló Deborah Birx, coordinadora mundial de los Estados Unidos para el sida y representante especial para la diplomacia sanitaria mundial.
